EL EFECTO GAMONAL

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– Me encanta. Hace falta un poco más de esa vena en nuestra profesión de la educación social…que asi nos va- me responde Elena Aycart, cuando le confirmo que el maestro y siempre reivindicativo Enrique Martinez Reguera, compartirá mesa en la presentación del libro de #Edusohistorias en Madrid.

A decir verdad, durante el intercambio de comunicaciones, me permito la osadía de (re)presentar al pedagogo coruñés, como un educador con cierto acento anarquista y en alguna ocasión, matiz conspirador, pudiendo dar a entender (erróneamente) desconfianza hacía el sistema o irá contra el mismo.

Es el propio Enrique, en los prolegómenos del acto, quien nos reconoce que se sabe como “autor maldito y proscrito” en diversos ámbitos o foros congresuales. Tampoco le hace falta, la verdad. Su valía y legado, queda bien testado con obras como “Cachorros de nadie” o “La calle es de todos” que sumado a su afinidad vital con su periplo brasileño, le hacen ser sin complejos el Paolo Freire patrio, con la “Pedagogía del oprimido” por bandera.

Viaje de vuelta por la meseta, tiempo de reflexión segoviana post presentación y una parada en el alto en las huestes del Cid. Burgos siempre la he sentido como una ciudad muy querida, muy mía. Ni muy grande ni un árido urbanita. Y repaso fotografías memorísticas entrañables, que van desde una Jornada en la UBU con los buenos amigos del Movimiento Anfibio (padres de la Edusoesfera, por si no lo sabían) hasta acabar en el barrio de Gamonal.

Hace ahora un poco más de 3 años, este prototipo de barrio obrero periférico, nos mostró a la sociedad en general, que el movimiento reivindicativo y el sentido común(itario) aún tenían cabida en las entrañas del desigual sistema capitalista y liberal. El de construir y destruir a espaldas de la gente, con miras únicamente economicistas y afán megalómano, cuando no especulativo.

Durante unas semanas, aquellas revueltas nos hicieron sentir una realidad distinta, quizás añeja, pero de esencias de auto-organización y lucha por unas esencias auténticas, que entendían como suyas, no impuestas por las lógicas urbanísticas. Un efecto azuzador de conciencias, heredero del 15M, que de alguna manera aliviaban a las clases más desfavorecidas (parados/as, pensionistas, clase obrera, pequeños comerciantes..) de que se puede. De que cuando se defienden causas nobles y legítimas, es posible el anhelado cambio o regeneración de una realidad.

El “….que asi nos va” de Elena, es significado de una larga trayectoria activista y de denuncia. Transitando entre las grietas de la sociedad, haciendo de altavoz de l@s silenciad@s y rostro, aunque por momentos le ruborice, de l@s invisibles. Por eso su discurso y el de muchos/as otros educadoras/es sociales, insiste en la dimensión política de la educación social y la perentoria necesidad de impulsar así, las metodologías y herramientas necesarias para la transformación social.

Todavía hoy en las facultades de Educación Social, se habla de paradigmas socio-críticos y se ensalza la figura de Freire, mientras en la calle la acción política ha quedado totalmente desdibujada y a merced de élites financieras, tanto locales como globalizadas.

Hoy, no menos que mañana, se hacen necesarias las soflamas de profesionales como Enrique Martínez Reguera que ya en el barrio de la Celsa allá por los años 60, intuía la deriva controladora a la que se veía avocada nuestra profesión, de responder exclusivamente como servicio a los distintos encargos institucionales. O discursos como el de Elena Aycart Carbajo (con dos apellidos) en el pasado Congreso nacional de Sevilla, donde la acción comunitaria, el desarrollo pleno de los miembros de una ciudadanía o la recuperación de la calle y la lucha en la educación social, tanto como reconocimiento y regularización profesional como derecho pleno de las personas a las que se les presta un servicio público (educativo, cultural, salud, ocio, asistencial, etc..) se hacen imprescindibles.

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