Educadores de cartón piedra

EDUCADORES DE CARTÓN PIEDRA_2

Recientemente y al hilo de la difusión del blog de la educadora social valenciana Anche Branch, compruebo con cierta estupefacción, como el uso y sujeción a ciertos léxicos sobre nuestras prácticas cotidianas, permanece por momentos en la retina de algún que otro/a educador/a social, anclado en la doctrina de la generalización y lo políticamente correcto.

Comentarios que ciertamente, producen desazón, al criticar desde el origen y hasta el desarrollo de esta bitácora dedicada a la intervención socioeducativa de personas con diversidad funcional, más concretamente en el desarrollo del autismo.

Educación social para personitas especiales, así se reza el aberrante título al que se enfrentan los guardianes de la moral. Un diario, que nace desde el Amor, como sensiblonamente describe su autora. Hecha la proclama, no queda otra que analizarla y destriparla ya de paso. Conocer su desarrollo u objetivos que promueve, debe ser baladí para los templarios de la semántica edusa, azote de la estulticia.

Los y las inquilinas de la Real Academia de la Lengua Socio-educativa muestran sus desvelos cuando contemplan atónitos que a las personas con autismo se las define como “personitas especiales”. Esos mismos académicos, que no dudan sin embargo en tildar de “menores” a los residentes en centros de Acogida o en el sistema de protección a la Infancia, tanto en cuanto así lo marca el propio marco jurídico, con jurisprudencia ad hoc (Ley del Menor, pero ¿menor que qué y que quien? cabría preguntarse).

Son estas y otros eruditos del léxico, los que aborrecen que los programas y los proyectos se hagan con amor, un término meramente emocional y de una subcategoria tal, que minimiza o ridiculiza las sesudas planificaciones y programaciones por objetivos. Esas programaciones testadas y científicamente contrastadas, que no dejará resquicio alguno a la libertad del individuo, ni al deseo ni a la expectativa de este, como siempre bien apunta Paco Méndez Colmenero. Deseos, que en muchas ocasiones no se materializan o son simplemente irrealizables, tambien cabe apuntar.

Claro, se nos ha olvidado reconocer previamente, que en esas programaciones sociales no da lugar a las personas, mucho menos para las personitas. Aquí se dispone de “usuarios, pacientes, sujetos de intervención”, jugando con lo aséptico o lo clínico, cuando no con el desprecio más absoluto hacía el servicio público. Un servicio a la ciudadanía que exige “intervenir” antes que escuchar, comprender y acompañar. Dispensa un protocolo y curado: que pase el siguiente.

Hay que dejar bien claro, que la educación social es una ciencia, que aunque hayamos tardado, se ha tratado de consolidar dentro de las Ciencias Sociales, creando un corpus teórico propio y con un lenguaje reconocible, para poder revestirnos así en la contienda con las demás Humanidades. Ese afán comparativo, cuanto daño nos está haciendo.

Pues yo no soy así. Hablaré de amor, porque sin él es imposible enfrentar mi tarea educativa cotidiana. Unos días con más o menos dosis, con más o menos destrezas, pero es de las pocas herramientas, si no la herramienta, que permite entablar una relación socioeducativa adecuada y presumiblemente de éxito. Hablaré de personitas con dulzura, jamás desde la lástima. Hablaré de especiales, tanto en cuanto sigan cohabitando las desigualdades sociales existentes y que ellos mismos sufren en primera persona (inaccesibilidad, estigmatización, etc). Serán especiales porque sus vidas no son nada fáciles en una sociedad de la excelencia, donde lo políticamente correcto, solo parece darse en la forma y no en sus contenidos.

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