ética social en los programas de salud mental

FLIPAS GAM, es un movimiento de activismo social y grupos de apoyo mutuo en salud mental, nacido en la CCAA de Madrid. Con sus acciones y reflexiones, tratan de acercarnos a una ética profesional y una pedagogía humanista a desarrollar o vincularse en las distintas manifestaciones, programas y centros donde se trabajen con personas que en algún momento, puedan manifestar alguna dificultad de salud mental. Un viaje por el acompañamiento personal y vinculante, de lo más apasionante.

ética social en salud mental

En un sistema de atención a la salud mental profundamente deshumanizado (y deshumanizador), lleno de violencias, jerarquías, desempoderamiento, control, abusos… las principales víctimas, por descontado, somos nosotras, locos y locas que nos vemos encerrados, atados, drogados forzosamente, estigmatizados, sin capacidad de decidir sobre nuestras vidas… pero quizá no seamos las únicas víctimas. A veces, los (desgraciadamente, aún pocos) profesionales críticos y rebeldes ante esta situación, también se ven cuestionados, atacados, amenazados y represaliados en sus puestos de trabajo.

Muchos de nosotros, que hemos sido y muchos seguimos siendo, usuarios de estos servicios de salud mental, hemos conocido muchísimos profesionales distintos, y es difícil dar con la aguja en un pajar que es un profesional que nos respete, escuche, trate como si fuéramos personas (¿no lo somos?).

Un buen profesional de salud mental cree en nuestras posibilidades, en nuestras capacidades, en nuestra autonomía, y trabaja partiendo de ese punto. Nos transmite además esa confianza en nosotros y en nuestras posibilidades, confianza que a veces nuestro proceso, nuestro entorno y la larga lista de profesionales que nos han tratado con anterioridad se han encargado de minar y destruir.

Un buen profesional de salud mental NO abusa del poder que el sistema le da sobre nosotros, nos explica, escucha, nos da espacio, repite las cosas si hace falta, no toma decisiones en nuestro nombre y por encima de nosotros, nuestros deseos, nuestra voz. Un buen profesional de salud mental nos respeta, no se sitúa en un pedestal de supuesta sabiduría, no trabaja desde una “conciencia de enfermedad” limitante sino que nos ayuda a ser conscientes de nuestras fortalezas y capacidades, y también de posibles debilidades y cómo trabajar frente a ellas. Tampoco la “adherencia a unas pastillas” es su mantra y solución para todo, sino que nos traslada la importancia de “adherirnos” a lo que nos sienta bien, practicando los autocuidados y el apoyo mutuo, reconociendo lo que nos daña e intentándolo evitar o reducir si podemos, o protegiéndonos cuando sea inevitable.

Un buen profesional de salud mental sabe y respeta que tengamos la última palabra en cuanto a qué medicación tomar si llega el caso de que la necesitemos, respeta la pauta de que cada uno tomemos la mínima dosis que necesitemos para sentirnos bien, también si esa dosis es ninguna dosis. No cronifica nuestro tratamiento con psicofármacos, y cuando los recomienda en algún momento puntual, informa de posibilidades, de posibles efectos adversos, y no nos los impone contra nuestro criterio.

Un buen profesional de salud mental no nos trata a todos igual en base a una etiqueta que podamos compartir con sus síntomas asociados escritos en algún manual, obviando nuestras historias, biografías, sufrimientos y dificultades (y también capacidades) reales. No nos invisibiliza bajo un diagnóstico, quiere conocernos también respetando nuestros tiempos, silencios, espacios.

Un buen profesional de salud mental no nos ata a una cama con correas, incluso aunque en la unidad en la que trabaje esta sea una práctica cotidiana, incluso aunque negarse a esta práctica (que la propia ONU considera tortura y llama a eliminar) le suponga enfrentarse a compañeros o/y a superiores. Un buen profesional buscará alternativas más humanas, hablará con nosotros, no nos asustará hasta llevarnos a situaciones límite que nos hagan perder el control.

Un buen profesional de salud mental a veces elegirá a veces trabajar en los márgenes del sistema, porque el sistema sanitario tal cual es un monstruo inhumano que también deshumaniza a sus trabajadores, les desensibiliza. Pero quizá algunos y algunas, en la medida de sus posibilidades y de sus fuerzas, sigan haciendo frente al monstruo, intentando cambiarlo desde dentro, y estos profesionales, pocos aún, CADA DÍA están suponiendo un cambio para los pacientes que tendrán la suerte de encontrárselos en su camino, en sus ingresos, en sus consultas ambulatorias, en sus centros u hospitales de día, en sus CRPS, CRLs y demás servicios de atención, la suerte de ser tratados por ellos… Y estos profesionales y trabajadores de salud mental también suponen un cambio diario para otros profesionales con los que compartan charlas de pasillo, trabajo grupal, ponencias en Congresos, materiales que puedan abrirles los ojos, la mente y el corazón. Y esta gente para la que suponen un cambio será a su vez cambio para otras, en ciclo sin fin, en rueda exponencial. Porque, nosotros y nosotras lo sabemos, EL CAMBIO ES IMPARABLE. Y nosotros, nosotras, locos y locas, somos motor de ese cambio, pero también lo son esos profesionales.

¿Eres profesional, trabajador en el sector de la salud mental, y estás leyendo esto? Tienes en tu mano unirte a ese cambio, aunque tampoco vaya a ser un camino de rosas para ti. Hay opciones, hay alternativas, aunque esas alternativas supongan tener que enfrentarte al sistema. Si te obligan a atar a ser inhumano, a abusar de ese poder que te ha dado el sistema… niégate, haz objeción de conciencia, tienes opciones legales en este sentido. Haz denuncia pública. Haz piña con otros profesionales. Danos la mano, crece con nosotras. Sé parte del cambio.

Image: Patricia Rey Artime

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