VIVIR EL TRABAJO COMO PROFESIÓN

Trabajo y Profesión_2

Quizás sea producto de los años, pero me ocurre últimamente que estoy más interesado en mirar lo que soy y lo que hago para profundizar en lo que ya está ahí, pero no del todo resuelto, no del todo identificado, no del todo explicitado, expresado en palabras, que por seguir “acumulando” experiencias novedosas, formaciones de esto y de lo otro (aunque siga formándome), y no sé cuántas cosas más…bueno si lo sé…esas otras cosas más…pueden ser bicicletas viejas, bueno ahora se dice vintage!

Hace unos días cayó en mis manos un material a través de uno de los “espacios relacionales en los que habito”, uno de esos micro-mundos en los que me nutro, crezco, comparto…Comencé a leer y enseguida me engancho porque parecía responder a algo que como educador social he vivido prácticamente desde el inicio, y ahora más mayor, me doy cuenta viven otras muchas personas de mi ámbito profesional y en otros ámbitos como pueden ser el sanitario, al que voy conociendo un poco más de cerca durante estos últimos años.

En esas escasas páginas, no es más que un cuadernillo, se planteaba la cuestión de porque para referirnos a algunas actividades las denominamos trabajos y a otras las denominamos profesiones. Puede parecer una cuestión anecdótica de entrada y sin embargo, el autor me hizo caer en la cuenta de algunas evidencias que quizás en el día a día nos pasen desapercibidas, pero que terminan siendo la clave para contestarnos a porque algunas personas pasamos en un momento dado de percibir lo que hacemos como trabajo a percibirlo como profesión.

Parece que la palabra “profesión” tiene una connotación diferente a la palabra trabajo incluso a la de oficio. A la palabra “profesional” se le dan por supuestas una serie de cualidades, de valores, de atribuciones, de competencias. Socialmente cuando se habla de que alguien es un “profesional” se está expresando que hace algo muy bien, que domina ese campo, y que además se percibe su contribución como altamente valiosa para su entorno más cercano, clientes, usuarios, pacientes…y valiosa también para la ciudadanía en general.

Siguiendo con esta mirada, podemos además identificar algunos elementos que hacen que hablemos en algunos casos de profesión y no de trabajo como son: que exista un colegio profesional que represente a la profesión y sus intereses, que existan unos estudios superiores, que se te pague por ese servicio de manera razonable, se habla de honorarios, que tiene también sus connotaciones la palabra. Esto último por desgracia mucho me temo que en nuestro sector por decirlo suavemente, esta de aquella manera.

Bien, pero con todo esto no estamos más que diciendo que la sociedad, los otros, miran lo que hacemos y le otorgan, en el mejor de los casos, un valor y además, también nos hemos ido dotando de estructuras (profesionales y académicas) que se encargan de que en nuestro caso, el profesional de la educación social, tenga el reconocimiento social que se merece. Ya sé que me vais a replicar, que antes del reconocimiento se necesita el conocimiento! No son pocas las veces que ante otros profesionales, en contextos informales, en la familia, tenemos que redoblar los esfuerzos para que se entienda qué somos profesionalmente.

Socialmente hay un reconocimiento a lo profesional, se le otorga un valor que no le otorgamos a otros trabajos, pero esta es solamente una mirada, y estoy convencido cada vez mas que no es ni la más importante. Es la mirada de los otros hacia lo que yo hago: ciudadanía en general, otros profesionales con los que coincidimos en el desempeño de nuestro ejercicio profesional, medios de comunicación. Todos estos nos observan e incluso a veces nos adjetivan, nos definen, nos acotan los espacios….¿qué hacer para modificar ese modo de etiquetarnos? ¿Qué hacer ante el cuestionamiento mal intencionado al que algunas veces nos vemos sometidos? ¿Cómo fortalecer nuestras estrategias de posicionamiento profesional para comunicar con nitidez que hacemos, con quien lo hacemos, quienes somos y que podremos llegar a ser como profesión?

No digo que no sea importante el cómo nos vean! Solamente que hoy, aquí y ahora, la mirada que me interesa, después de 20 años de ejercicio profesional en mi haber, es aquella que brota de mi interior hacia lo que yo hago para ganarme la vida, es esa mirada que me permite decirme que lo que yo hago no solo es un trabajo sino una profesión. En este punto me gusta recordar la raíz, la etimología de la palabra profesión. Profesión es lo que tradicionalmente en mundo religioso hacían algunas personas, profesaban unos votos, profesaban una fe. Era un modo de expresar públicamente que comprometían toda su vida, todo su ser con una causa.

Más allá de algunos datos externos que ayudan a definir un trabajo como profesión (que exista un colegio profesional, que existan unos estudios superiores, que nos paguen dignamente por aquello que hacemos, que se nos reconozca socialmente, que tengamos un código deontológico propio) esta visión de lo profesional como expresión de algo que es tan potente que tienen capacidad de configurar toda tu vida, creo que expresa bien el cómo no pocos colegas, vivimos el ser educadoras/es sociales.

Cuando trabajamos como si nuestro trabajo fuese una profesión, estamos comprometiendo nuestra vida entera con esa actividad. Esto no pasa por meter horas sin fin! Ni por no respetar los descansos! Ni por aceptar contratos precarios que no nos permiten desarrollar nuestro proyecto vital! Ni por aceptar sueldos vergonzosos que faltan a la dignidad de cada una de nosotros y a la dignidad para con la totalidad de la profesión!! Ni por permitir situaciones donde por no hacer las cosas bien se nos pone en riesgos innecesarios, NO!!!!!!

Me refiero a otras cosas como llevarte para el verano la novela y entre medias un dosier de artículos interesantes de educación social que no tuvimos tiempo de leer durante el fragor de la batalla, pasa por estar presentes en las redes sociales generando una narrativa que comunique lo que somos, pasa por estar asociados con otros colegas para construir profesión ( desde los Colegios profesionales pero no solo!), pasa por estar disfrutando de una buena película y a la vez estar pensando en que te viene fantásticamente para abordar esa temática con los chicos del piso de inserción que acompañas.

Pasa por estar siempre pergeñando en tu imaginación modos nuevos de hacer lo que haces para llegar más y mejor a quienes tienen que salir mejor de lo que entraron de un proceso de acompañamiento socioeducativo.
Todo estas, y seguramente que se os ocurrirán muchas más micro-concreciones, son algunos de los indicadores internos de que vivimos nuestro trabajo como profesión!

Pero, ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad (externas e internas) para que vivamos nuestro trabajo como profesión? ¿Que necesitamos para vivir la profesión, como algo valioso, positivo, como un tesoro, para mí en primera instancia y como consecuencia de ello para los demás?

Roberto Vidal Failde. Educador social. Colegiado 309 en GHEE-CEESPV

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