educadoras/es sociales: Agentes formadas/os

edusos brothers
Llega el verano y con el, nos asomamos a viejas liturgias universitarias, que también se desarrollan en nuestro ámbito profesional como es la educación social y no por menos, merecen ser detalladas.

La primera trata sobre la ya tradición medieval de los actos de graduaciones universitarias, más tarde teatralizadas por la cultura popular estadounidense. Colofón a un ciclo de varios años de formación, de compañerismos, de sensaciones, de aprendizajes, de vivencias; todo ello edulcorado de cierta impulsividad juvenil y desasosiego por un futuro laboral próximo.

Tópicos al margen, la educación social y las facultades de Ciencias de la educación de este país en su inmensa mayoría, se han sumado a este pequeño ritual académico, y a su favor he de decir, que además de preciosos y elaborados discursos estudiantiles, me enorgullece ver como los salones de actos se llenan y los familiares en particular (la sociedad en general) van acercándose a este mundo de la profesión, aunque sea en sus primeros pasos. Esto también es hacer educación social y visibilizarla, no lo olviden.

Cientos de graduadas y graduados que incluso en estos meses de Junio y Julio se replantean si plantarse y adentrarse en la selva laboral en búsqueda de una oportunidad o por el contrario, alargar un poco más esta formación con un Master, dada la diversidad de enfoques y circunscripciones que sobrevuela la ya mencionada, y poder así especializarse en alguna de ellas, más concretamente. Cerca de 1.000 graduados/as, han debido acabar su formación este año 2017.

Y por esa misma puerta de entrada a dichas facultades, se van adentrando aún timoratos las primeras matriculaciones del nuevo curso. Otros 1000 jóvenes (y no tan jóvenes) se amontonan en las secretarias de centro y salas de ordenador para poder iniciar su andadura por el tránsito de la educación social y ocupar así, de manera óptima esperemos, al menos, sus próximos cuatro años.

También leo con cierto agrado y por que no decirlo, orgullo; que la carrera de educación social está creciendo paulatinamente en cuanto a demanda y es por ello que las distintas universidades han tenido que subir las notas de corte, para dar respuesta adecuadamente y a su vez, garantizar que al menos, las personas candidatas con mejores calificaciones durante los bachilleratos, puedan acceder a una de estas plazas referidas. Esta pasando en la Universidad del País Vasco y también en la Universidad de Huelva o la de Córdoba, sin ir más lejos; superando a carreras universitarias del prestigio de Derecho, Química, Trabajo Social o Sociología.

Necesitamos promociones de estudiantes universitarios muy bien formados, con óptimas capacidades para afrontar una preciosa profesión, larga y dura, emocionalmente. Personal cualificado, cuya complementariedad formativa pueda ser luego la construcción profesional en relación con la propia praxis y por ende, con una fortaleza o destreza personal que nos acerque a la convicción, a la superación de adversidades y lucha por desigualdades.

Esas miradas, las veo en muchos/as estudiantes cuando nos acercamos a la universidad. También denoto otras aún un poco desconcertadas, para que negarlo. Para ellos, tenemos también un remedio que cumple como una máxima o axioma paradigmático: “siempre podrá haber, segundas oportunidades

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