Tan profundamente irresponsable

TAN PROFUNDAMENTE IRRESPONSABLE

Carta abierta a Arcadi Espada y su artículo Tan Buen Muchacho

Días y noches de zozobra, las que nos ocupan en este final de Agosto. Hubiera preferido millones de veces más, tener que seguir viendo noticias del intento caciquil de asamblea constituyente en Venezuela o de las Huelgas en el aeropuerto del Prat antes que palidecer con el atentado en las Ramblas. Hoy mismo, el Consejo General de Colegios profesionales de Educadoras y Educadores sociales de nuestras comunidades autónomas está ofreciendo todo su apoyo a las familias victimas del atentado, participando en la manifestación #notincpor a favor de la paz y condena de actos de esta naturaleza.

Intento digerir su artículo con el necesario respeto que merecen las personas y el ejercicio de libertad de expresión que lo sostiene, aunque he de reconocer que me cuesta y pienso confrontar algunas de sus ideas cuando no categorizaciones.

Vaya de inicio que no conozco personalmente a la educadora social Raquel Rull y aunque compartamos profesión, procuraré no pecar de corporativismo alienable, dado que entiendo y reconozco que en mi ámbito profesional como en muchos otros que existen, hay técnicos/as muy buenos, buenos/as, regulares, malos/as y muy malos/as. Situación esta que en el periodismo de hoy en día no se da y mucho menos entre tertulianos/as, como todos bien sabemos.

No intento convencerle de que le guste la carta de mi compañera, ni si quiera que la comparta o la aprecie. Lo que no se puede tolerar es que no la respete. Primero por que no la entiende, ni por amplitud de miras ni por deontología. Creo sencillamente, amén de no equivocarme, que la idea principal de esa carta no era más que un grito de rabia y de impotencia por parte de una educadora social lanzando interrogantes y preguntas retóricas. En ocasiones, dirigiéndose a unos jóvenes ahora muertos, que meses/semanas/días antes habían decidido transformarse en asesinos. Ni ingenua ni patética: humana.

Por esa regla de tres, deberíamos bajarnos todos de las lógicas racionales y siempre politicamente correctas. Se puede entender perfectamente que una educadora social que trabaja con niños, hable de ellos con el cariño y las bondades que reportaron mutuamente durante esa etapa relacional, sin justificar ni endulzar la posterior atrocidad cometida. Los buenismos ideológicos o personales encarnados en esos muchachos/as, son fruto de su perniciosa interpretación, más afilada en friccionar idearios o religiones que en construir una cultura de paz.

En su larga trayectoria, ya ha dado muestras más que sobradas de que la perplejidad ajena, inocente e inútil poco más, no conduce más que a desastres y abusos por parte del género humano, las sociedades que lo forman y el consiguiente choque de civilizaciones. La perplejidad es signo de debilidad, de abismo y de incertidumbres, concurriendo por tanto en una personalidad tan vehemente y asentada como la suya, la máxima de “conmigo o contra mi, nosotros o ellos, Occidente o el caos”. No hay otra solución, asumámoslo. Las cosas hay que llamarlas por su nombre, sin ambigüedad ni contemplaciones.

Creo más que conveniente informarle de que la educación social es una profesión aconfesional, cuyo principal pilar es trabajar en los procesos de cambio y promoción de las personas. En nuestra práctica profesional ni mucho menos en los documentos profesionalizados, se establece como una competencia profesional el denunciar ni desligitimar a ninguna confesión religiosa, sea del signo que sea.

Si quiere construir un relato de está índole le aconsejo que acuda a otras ciencias como la Historia, la sociología o incluso la antropología. Seguramente le den la razón, porque como todos ya sabemos a estas alturas, pocas o casi ninguna están libres de conflictos de poder, guerras y cruzadas desde los siglos de los siglos. Ellos (los historiadores), le informarán más fehacientemente de las cifras detalladas que tanto le preocupan, de si murieron más en las reconquistas que en las invasiones, si en las Guerras Santas o con la Inquisición, en las mezquitas o en las iglesias. En una cultura de paz, no se contempla el “y tú más” como una herramienta de mediación, concordia o alianza. Trabajamos por la justicia social, por la equidad y defendemos dicha cultura y sociedad de la convivencia, incompatible con las fobias que usted menciona.

Sinceramente y hablando en nombre propio, no creo que el islam haya asesinado a estas personas en Barcelona, ni tampoco lo creo que lo hiciera con las de Londres, Bruselas, París, Berlín o Niza. Sin embargo, si lo hicieron unos asesinos psicópatas, desalmados sin escrúpulos (donde queda un rastro de fé, según usted?) que bajo su radicalidad intentan vender a la humanidad un manto virginal de virtudes espirituales, tanto a millones de musulmanes de bien, como a cristianos, judíos o hinduistas.

El grito, la soflama o la aprehensión de los símbolos o los actos cometidos en su nombre, nunca pueden derivar en una responsabilidad del mismo. Metafóricamente podríamos asemejar al símbolo o ícono, con el periodista, en cuyo deber del ejercicio de informar podría resultar dañado o violentado por el mero hecho de haber acontecido una noticia. Le sonará por aquello de matar al mensajero… La noticia no es que exista una creencia religiosa, sino que espuriamente se tergiverse, se retuerza, manipule y radicalice hasta la extenuación haciendo parecer que el asesinato lo cometió el mensajero.

En los trazos finales de su artículo, hace una mezcolanza entre la esfera pública y privada de las personas, significando que la educación social no es lo suficientemente enérgica en desmontar el mundo creencial de los sujetos. No se que tal le sentará a usted que le digan e intervengan en qué cosas debe creer, como las debe creer, cuanto y durante. Como vestirse, (inter)actuar u opinar en las tertulias que participa, pero he de decirle que esto es la vida real, no es ni la televisión ni mucho menos una profesión que promulgue el adoctrinamiento, del que usted afortunadamente reniega e incluso maldice.

Naturalmente que los procesos socioeducativos trabajan en valores y promueven el desarrollo de factores y acciones de bienestar, del bien común, de la igualdad, la equidad, promoción y desarrollo, haciéndolo compatible con la diversidad cultural y el respeto a las mayorías y minorías e incompatible con la violencia, la intolerancia y el totalitarismo. Perdone mi inocencia en hacerle constatar esto, pero es que por momentos me ha parecido estar obviado en su reflexión cartesiana.

Distinguir entre el bien y el mal, es también uno de nuestros trabajos diarios, dado que trabajamos con personas en contextos convivenciales. La inmensísima mayoría de ciudadanos/as lo ejercitan a diario y es por ello que hoy en día, aunque sigan siendo cifras muy altas, mueren muchísimas menos personas en procesos generados por la violencia que en cualquier época anterior de la humanidad.

La guerra, la ira, el odio no llevan a ninguna parte. Nunca, en nombre de nadie. Ni por nadie. Ni dioses, ni banderas, ni religión…
Solo puedo decir que tengo el corazón roto…

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