CARTA ABIERTA A ÁLVARO

CARTA A ÁLVARO_2

Hoy en educablog, tenemos el placer de compartir el trabajo de una compañera nuestra, Miren Valero. Miren es educadora social en la Fundación Adsis y gracias a la invitación cursada para el pasado acto del Dia Mundial de la Educación Social (Escuela y educación social), tuvimos el enorme placer de deleitarnos con su lectura de un caso práctico, con un adolescente en su recurso de taller de jardineria. A las emociones alli vertidas, a los encuentros, miedos y abismos a los que la propia autora casi nos arroja, pudimos rescatar como buen proceso de acompañamiento socioeducativo que es, un gesto de esperanza y aliento, que permita seguir desarrollando esta sustancial practica profesinonal.

Todas las mañanas voy al taller de Jardinería pensando en Tí, Alvaro. En Ti y en tus Compañeros. Llevamos siete meses viéndonos día a día. Te incorporaste al grupo más tarde que el resto y todos te parecían “unos payasos de mierda”. Tres meses más tarde que el resto. Elegiste nuestro centro porque te obligó tu padre y porque no había más opción. Entraste de mal humor, mirando al suelo, triste y desconfiado, huraño y agresivo. Hiciste lo posible para que te echáramos, día tras día. ¡Cuánto dolor dentro Alvaro¡ ¡Cuánta herida sin cicatrizar¡ ¡Cuánta desesperación en tí¡ ¡Cuánta expectativa en mí¡

Esperamos y esperamos a tu lado, conociéndote en lo que nos dejabas, atento a tus necesidades. Implementamos mil y una estrategias, mil y un plan alternativo. La flexibilidad se hizo palabra contigo. No podíamos acompañarte mucho, sólo estar. No hay intervención que sea educativa, Alvaro, si vosotros no queréis. Si vosotros no nos dais el permiso. Vosotros nos elegís.

Te costó confiar en mí. Me pusiste a prueba hasta el límite. Casi tiro la toalla. Pero no la tiramos. Nos pusiste a prueba a mí y a todas las personas que estábamos dando vueltas a ver qué hacer contigo. A mí, al técnico del taller, al equipo educativo, a la directora, al Centro… Pero seguimos apostando. Una apuesta seria, como ves no sólo mía. Seguimos esperando… A tu ritmo, Álvaro, a tu ritmo… , desde lo que podías, seguimos esperando.

Sólo una petición: “venir”.
Y fuiste viniendo, al principio 1 hora, luego tres, de vez en cuando desaparecías y luego volvías, 1 hora, tres, todo el día. Triste, huraño, de mal humor, pero poco a poco más confiado de que íbamos a estar, (como tú me dijiste un día: ¡cómo ya veo que no me vais a echar nunca, pues tendré que venir.. ¡). Y por fin llamaste a la puerta con un ¡no quiero ir al taller, pero quiero hablar contigo¡. Por fin llamaste a la puerta y ahí empezó todo. Por fin nos dabas el permiso para entrar en tu adentro y compartir tu dolor.

Comprobamos que sí, que estabas herido, ¿Cómo hacer para tirar hacia delante con tanto dolor, con tanta herida abierta? Y empezaron muchas mañanas de silencio, de escucha, de risas, de llanto, de enfado, de querer hacer, de no querer, de no puedo, de yo creo que sí, de hoy bien, pero ayer mal, de abrazos y desencuentros. Empezaron por fin, muchas mañanas de vida.

Y fuimos ayudándonos:
Tú a cumplir con mi plan de trabajo, yo a que tú cumplieras con el tuyo.

Fuimos entendiéndonos y comenzamos:
Tú a entender mis “porqués” y yo a entender “tus desde dónde

Fuimos aportándonos:
Yo a Ti, en tu proceso de reconocimiento. Tú a mí en mi proceso de reconocerte. Yo a Ti, en poner tus deseos y objetivos sobre la mesa y a bajarme tu realidad. Tú a mí en poner tus deseos y no los míos sobre la mesa y en bajarte la realidad del centro y de tu entorno. Yo a Tí, en ir tomando decisiones. Tú a mí, en ir tomando decisiones.

Y fuimos siendo, Tú Alvaro, más sonriente, más claro, más consciente y más sufriente y Yo…. bueno, eso no importa. Fuimos siendo. Fuimos siendo muchas más cosas. No cabe en esta carta.

– ¡Cuántos, ¿cómo estás Alvaro?¡
– ¡Cuántos, estoy aquí Alvaro
– ¡Cuántos no puedo, Miren, no aguanto ¡
-¡Cuánto, puedes Alvaro, ahora no, pero más tarde sí¡
– ¡Cuántos “no se qué hacer con Alvaro¡
– ¡Cuántas reuniones con otros/as educadores/as ¡
– ¡Cuánta apuesta en el vacío ¡
– ¡Cuánto miedo a veces, cuánto miedo,¡¡

Hoy te despides de mí, del técnico y del grupo, te despides del centro. Hoy te despides de mí con un abrazo, tranquilo y sereno. No has podido terminar. No hemos podido aprobarte. Lo de este taller, no fue nunca lo tuyo, demasiado esfuerzo para Ti en estos momentos. No alcanzaste las competencias que la profesión te exigen pero tienes sobresaliente en todo lo demás. Ya sabes de lo que hablamos.

Ha sido un camino largo. Muchas charlas con tu padre, con los servicios sociales de base, incluso con alguna educadora que otra. Se resisten a que te marches. Lo consideran un abandono más. Otro fracaso.

Ha sido un camino largo. No ha sido precisamente bonito. Pero hemos crecido, los dos, Alvaro, los dos. Te despides tranquilo, sereno y sonríes. Tus compañeros, antes “unos payasos de mierda”, te abrazan y te animan. Te despides mirando a los ojos y levantando la cabeza.

No has abandonado Alvaro, te vas a otro lugar. Has buscado y has encontrado otro espacio. Ojalá te vaya bien allá donde vas. ¡Y si no te va bien, seguir buscando Alvaro, seguir buscando¡. Buscar es estar en camino. No es un fracaso. Despedirse abrazando, sereno y sonriendo y con la cabeza mirando al frente, todavía no es suficiente para algún@s, pero para nosotros tu mayor éxito. A partir de aquí, todo.

Me alegra que hayas encontrado este espacio y este lugar. Habrá, hay, mil lugares donde podrás estar mientras aprendes a ser. La vida es una búsqueda.

Me alegra haber compartido este trozo de vida contigo. Algunos piensan que fracasamos porque no pudimos sumarte a las cifras y no aparecerás en las estadísticas de “insertado”, pero yo sé que ahora empieza otro camino y que lo empiezas con distinto pie. Hoy te despides Alvaro, con un abrazo y unas gracias por estar y resistir. Hoy me despido Alvaro con un gracias por venir y resistir. ¡Seguiremos estando ¡

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