Finales de octubre del pasado año. El equipo educablog le daba una última vuelta (no se piensen que muchas, ya que llevamos la improvisación por bandera, muy a nuestro pesar) a la presentaciones que tendrían lugar semanas más tarde en Oviedo, con los compañer@s y amig@s de APESPA.
Uno, que en ocasiones roza la hiperactividad como forma de vida, vislumbra en el horizonte un tema actual y candente en nuestra profesión, que pudiese guiarnos y centrarnos en una temática concreta después de la presentación del libro en el Malayerba. Se lo traslado a los compañeros y la respuesta es afirmativa: “Bueno, tampoco hace falta llevar algo preparado o una idea preconcebida. Sobre la marcha“, me dice Lucce. Tote es más conciliador y acompaña con un “por mí perfecto”.
Meses más tarde, lo reconozco: era una obstinación personal. Llevaba rondando esta problemática por mi cabeza, ni sé cuánto tiempo. No podía (ni creo que ningún@ de los compañer@s que nos dedicamos a esto debemos) renunciar al análisis y denuncia de una realidad profesional cada vez mas acuciante y preocupante: el control social como herramienta institucional de actuación y la derivación profesional del educador social como fiscalizadores del sistema.
Un padre que no puede convivir regularmente con sus hij@s es una realidad indeseable que en ocasiones se produce con mayor asiduidad de la que nos gustaría. En estos años de profesión he visto a varios trabajadores sociales y técnicos de infancia, prolongar oportunidades y rebuscar un halo de responsabilidad familiar en ámbitos casi inhóspitos y hasta puntos de no retorno. También puedo afirmar de este periplo, no haber visto a ningún profesional de los antes mencionados disfrutar o naturalizar la ejecución de un ingreso residencial relacionados con menores.
Recientemente aterrizaron en el hogar de acogida los padres de Patxi, con la sana intención de realizar su visita semanal, pero esbozando una sonrisa especial no vista en ocasiones anteriores. Para un educador positivista y constructivo que se precie, no hay mejor manera de iniciar una visita: unos padres gozosos y alegres con ganas de reencuentro y un hijo expectante con ganas de devolver ese compromiso.
Noche lluviosa (no podría ser de otra manera, ¿verdad?) para degustar una de esas películas con pocas referencias pero muchas incógnitas. Incluso me atrevería a decir, ingenuamente, que cualquier película cuyo título no nos chirríe a los oídos y sea proyectada en el viejo Multicines bilbaíno de la calle José María Escurza, tiene un plus de motivación al contemplarla. Son de esas salas, recientemente remozadas, que no huele a palomitas y cuyas paredes aún guardan viejas historias cinéfilas de la más alta graduación.
La película no defrauda. Al contrario, es una hermosa historia de tradiciones, cultura, religión, educación y mucho amor, en el marco incomparable de un pueblo rural cualquiera situado entre el Norte de África y Oriente Medio.
Por ello y aunque en Educablog no nos prodiguemos últimamente por recomendar o sugerir películas que pudiesen tener una temática social tan acentuada y acertada, os invitamos a que la disfruteis. Y es que las otras películas del día: “Partido del siglo parte VIII”, “Mouriñeitor Vs. Guardiolator” o “El Athletic contraataca” ya las tenemos muy vistas.
PD: Se la dedico encarecidamente a todas las mujeres y en especial a las que nos tildan en ocasiones a Educablog de no reflejar las problemáticas femeninas. Y es que a un servidor las problemáticas femeninas y masculinas, me siguen pareciendo las mismas: dificultades de tod@s.
Son tiempos de zozobra, donde el totum revolutum tiene más vigencia que nunca. Apartados los políticos (representantes de la soberanía popular, no lo olvidemos) y recién llegados los tecnócratas, parecen que las aguas turbulentas siguen por su cauce. El caudal económico sigue tan desbordado que ni el mejor capitán de las Europas, logra gobernar el timón. Lógico, ya que el barco sigue siendo propiedad de una sola compañía: Merkozy S.A.
Últimamente leo, veo y escucho, no sé si por ese orden en nuestra cotidianeidad desordenada, manifiestos y análisis de la realidad social, profundamente pesimistas pero agradecidamente voluntariosos y transformadores. Por la profesión vuelve a asomarse vieja terminología, creída como superada, que nos retrotrae al inicio de la industrialización antes de la concepción del estado del bienestar: Injusticia social, resurgimiento de los invisibles, desigualdades sociales, beneficencia, pobres y ricos, etc, etc, etc…
Que la Educación Social no es ajena ni debe permanecer inmóvil ante tal desmembramiento de los derechos conseguidos, parece tan obvio que por momentos la presuposición parecería valer como fin. Osea, que apuntando y criticando sobre los recortes en rentas básicas de garantía, en atención sanitaria o educación, fuese nuestra única arma reivindicativa de cara a los organismos u administraciones públicas. Hacemos crítica social, pero para la acción deben ser otros los protagonistas.