#EdosuDay2017 – La Educación Social en la escuela...

Dos de octubre. Esta es la fecha en la que, cada año, el colectivo profesional de las Educadoras y Educadores Sociales celebramos nuestro oficio, lo mostramos al mundo y reivindicamos esta figura. Este 2017 el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales del País Vasco junto con los aquí presentes apostamos por celebrar este día con una jornada en la que reflexionar en torno a la relación entre esta práctica y el mundo escolar o académico. La cita se desarrollará en el Salón de Actos del centro cívico Clara Campoamor de Barakaldo (Bizkaia) El acto, que arrancará a las 09:00 de la mañana del citado 2 de octubre, el lunes que viene, será inaugurado por diferentes representantes institucionales, como la alcaldesa de Barakaldo, Amaia del Campo, anfitriona del evento, así como por la Consejera de Educación del Gobierno Vasco, Cristina Uriarte, y la presidenta del Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales del País Vasco, Tamara Hernández. Posteriormente, se dará paso a una serie de ponencias competenciales en las que intervendrán la concejala de Educación del Ayuntamiento de Barakaldo, Nerea Cantero, el gerente del Consorcio de Educación Compensatoria de Bizkaia, Jesús Fernández, y una técnica o técnico del área de servicios sociales de base del Ayuntamiento de Bilbao. Tras un receso, se retomará la actividad de la jornada con una mesa técnica en la que ponentes venidos de diferentes puntos del Estado (Galicia, Asturias, Murcia, Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana) debatirán en torno a la presencia de las y los Educadores Sociales en el ámbito de la enseñanza, coloquio que dará paso a una exposición de buenas prácticas profesionales llevadas a cabo por entidades que desarrollan proyectos de intervención social en diferentes marcos formativos, actividad con la que se pondrá fin a esta jornada. Para...

Vincular para Desaparecer...

Recibo a una madre en el despacho. Llega a mí, Educador, derivada desde los servicios sociales. Este organismo ha considerado, tras, supuestamente, hacer una valoración de la situación de esta mujer y su familia, que es susceptible y conveniente que se realice un acompañamiento socioeducativo. Es decir, esta persona llega a mí, Educador, con un encargo institucional, con una demanda que, podríamos pensar, es ajena a ella, más allá de que se la hayan explicado y de que la acate (en mayor o menor medida) en función de sus distintas motivaciones. ¿Qué quiere esta mujer en realidad?, ¿que la dejen en paz?, ¿que se le eche un cable?, ¿que sí, que alguien la acompañe? Entiendo que habrá que preguntarle a ella qué es lo que quiere, más allá de lo que le hayan dicho, más allá de lo que pone en el informe de valoración. Por otra parte, ¿que quiero yo, como Educador? ¿Cumplir con el encargo?, ¿cumplir con lo que ella me plantea?, ¿y si es un dislate?, ¿y si lo es la propia demanda de los servicios? En teoría, lo lógico, creo yo, planteadas estas dudas, debería ser un fifty-fifty, ¿no? Esto es, tratar de responder a lo encomendado por la institución sin con ello quebrantar la demanda que exponga la propia usuaria de la misma. Habrá que indagarlo, pues, y ver cómo pueden casar ambas pretensiones. A ver si las podemos hacer coincidir, en caso de que no coincidan previamente. En cualquier caso, hay un objetivo último común a ese proceso de intervención que estamos a punto de iniciar que estaría bien hacerle ver a esa señora y que estaría bien recordárnoslo a nosotros mismos como profesionales: mire, señora, la meta final de esta relación que estamos a punto de comenzar,...

Ahmed y Hamma. Esto NO es un cuento de Navidad....

No lo negaré. Cuando abrí el stand, bien temprano, y empecé a llevar los productos y las cajas para recoger el dinero y les vi allí, sentados, en un banco, al lado del mismo, con un tipo que bebía una litrona, desconfié. ¿Vamos a tener que estar pendientes toda la mañana de que no se nos cuelen ninguno de estos dos a la txozna? A las 10:00 llegó la directora del centro de formación profesional. Este año habíamos quedado en que sus chicos y chicas colaborasen en la feria navideña sirviendo chocolate y bizcochos a cambio de la voluntad. Afortunadamente, un buen número del alumnado se había apuntado a la iniciativa. – Estos son Ahmed y Hamma y son los que cubrirán el primer turno de la caseta – los presentó. Eran ellos. Los chicos que estaban al lado de la txozna. Los jóvenes con sus pintas macarras y su color de piel. Y yo, con mis prejuicios y con la imagen que, día sí día también, se transmite de este perfil de chavales desde los medios de comunicación, desde nuestros círculos de barrio o familiares o de amigos incrustada en mi cerebelo. Les recibí y les expliqué en qué iba a consistir su labor. Ahmed y Hamma habían llegado media hora antes y se pusieron manos a la obra nada más arrancar el turno que les correspondía. Lo hicieron escuchando y proponiendo. Se arremangaron y se pusieron a organizar el stand y, cuando las primeras personas se acercaron a por un chocolate, les atendieron de forma más que amable. – Buenos días, guapa… Venga ese chocolate calentito… Venga, echa un eurillo más que con ese dinero se va a ayudar a un montón de niños que lo necesitan… Gracias, reina, eres un sol…...

Un brindis por vosotras y vosotros, o sea, un brindis por EducaBlog...

A Iñigo, aka Tote, le conocí en la universidad. En aquella segunda promoción de Educación Social de la UPV. Trato cordial, respetuoso pero, por entonces, sin mayores confianzas. En torno a cuatro años después de acabar la carrera, nuestras vidas volvieron a cruzarse. Esta vez el trabajo nos volvía a juntar. Iñigo acudía un par de veces por semana a un centro de jóvenes que yo coordinaba en Bilbao a hablar a los muchachos y muchachas de drogas y sexo. En un sentido preventivo, se entiende. Aquellos encuentros profesionales fueron afianzando una relación que, ahora sí, tomaba un cariz más personal. A Mertxe la conocí en ese mismo curro. Ella gestionaba otro centro de parecidas características en otro punto de la villa. Pizpireta, guasona, cachonda y con la cabeza muy bien amueblada, conectamos muy pronto mientras compartíamos pitillos en la terraza de Bidarte. Iñigo, Mertxe y yo empezamos a coincidir, sobre el año 2005, en que estaría bien dar una vuelta al trabajo que, por entonces, se estaba llevando a cabo con los jóvenes. Pararnos a reflexionar sobre cómo poder hallar esa otra cara, la cara B. Fruto de ello decidimos asociarnos, más o menos, y creamos B-SIDE Elkartea. Creamos algo sin saber muy bien para qué o qué hacer con ello aunque los objetivos los distinguiésemos a lo lejos. A Jon le conocí en 1º de BUP y, desde entonces, es mi amigo. A Raúl le conocí dos o tres años después, hablando de Oasis y su “Wath’s the story (morning glory)?” y, también desde entonces, es mi amigo. Jon y Raúl, también amigos, deciden unirse empresarialmente en una PYME llamada Eutec, proyecto basado en la creación de sitios web. En un café o cerveza, yo le cuento a Jon lo de B-SIDE...

Cifras y letras

Las cifras. “Un 33% de la población infantil española vive en riesgo de exclusión social”. “Una de cada cuatro mujeres mayores de 35 años es parada de larga duración”. “Dos de cada cinco hogares españoles se mantienen gracias a la pensión de los abuelos”. Etcétera. “Son, por ahora, números. Los números sirven para saber lo que ya sabemos: para convencernos de lo obvio. Los respetamos, creemos que dicen la verdad. Los números son el último refugio de la verosimilitud contemporánea. Y son, también, el mejor modo de enfriar las realidades: de volverlas abstractas. (Es la primera vez en la historia que hay datos tan duros, cifras tan aproximadamente precisas sobre los habitantes del mundo: su cantidad, su distribución, su riqueza, sus enfermedades, sus trabajos. Quizás en 50 años el nivel de información actual nos resulte paleozoico, pero nunca hubo nada igual: un mundo pensado como números, explicado – aparentemente explicado – por sus números. Los manejan los grandes organismos internacionales, las corporaciones, los gobiernos del Primer Mundo. Los usan para lo que siempre se usaron los saberes: consolidar diferencias, construir poder, imaginar futuros que les parecen convenientes)”. (Caparrós, Martín. ‘El Hambre’, página 126. 2015. Anagrama) Estadísticas, números, datos, generalizaciones. Necesarios, sí, pero, a la vez, cosificadores. Silenciadores. Creo que cuando se abusa de lo cuantitativo para exponer problemáticas personales, sociales, humanas…éstas se minimizan, se diluyen. No desaparecen, claro, porque son estos números los que, en cierta forma, empujan (o deberían empujar) a las instituciones a actuar. Pero se esconden. No es lo mismo, en definitiva, hablar de uno de cada tres que hablar de Esteban Fernández, parado de larga duración, casado con tres niños de 6, 8 y 10 años, que acude semanalmente a la sede del Banco de Alimentos de su ciudad a...