Lonjeando…

– Mañana firmamos el contrato yo y Chema del otro grupo. – ¿Y dónde está la lonja? – Está en el barrio al lado de la estación, ¿sabes el taller mecánico…? – Sí, el que cambian ruedas y demás. – ¡Ese mismo! Pues nos dejan varios sofás, los anteriores se han quedado pocos y no pueden pagar. – ¿Y tenéis baño? – Creo que sí. – ¿Y es grande? – Bastante, entre semana nos sobra sitio, ahora ¡Cómo nos juntemos los cuarenta el fin de semana…! – ¿Pagáis mucho? – Nos sale a 20 por cabeza, está bien. – Ya os haré una visita, y si veo algún sofá por ahí os aviso. A ver si a la tercera va la vencida… – Si, a ver si controlamos un poco más el tema de la gente que pasa por la lonja… – Esto de las lonjas es un proceso de aprendizaje. – Pásate la semana que viene. – Hecho, allí nos vemos en el “estreno”. Lonjas, txokos, bajeras, locales, garitos, chozas… Lugares en los que habitan jóvenes de nuestros barrios. No son una excepción en la lista de los miedos del mundo adulto, espacios que se escapan al control del “gran hermano”. ¡Están de moda! Regularmente aparecen en las hojas de los diarios locales y en los de tirada regional. Como es costumbre, las noticias suelen girar en torno a sucesos desafortunados o a normativas reguladoras en respuesta a la preocupación ciudadana. Aunque, en honor a la verdad, últimamente se están prodigando más iniciativas con intención educativa. Sinceramente, la preocupación del mundo adulto por las “lonjas”, como suele ser menester, parte de conflictos vecinales, de sucesos como incendios puntuales, es decir, de la alarma. Mientras estos locales se han mantenido en la sombra, sin...

Camino a la Innovación en la Educación Social...

Una de las cosas positivas de haber comenzado mi andadura como profesor en la universidad, es que he retomado la sana costumbre de leer textos y artículos científicos relacionados con la educación en general y con la Educación Social en particular. Instigado por estas lecturas, no es la primera vez que me hago más consciente de que en el bullir de la actividad profesional, nos olvidamos del por qué hacemos las cosas, con buena intencionada inercia, en un vertiginoso ritmo de intervención falta de responsabilidad o quizá sería mejor señalar que falta de consciencia nos embarcamos. Innovar… Cuántas veces se ha unido la Educación Social con la creatividad… “Tu mismo debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”, Gandhi Desde que en la carrera nos mostrarán los diferentes paradigmas y el crítico nos conquistara el corazón… ya en la práctica, nuestros pasos se alejaban de la “utopía” del papel de impulsor del cambio. En este sentido, según mi opinión, la idea de la innovación como una revolución, como un cambio radical, no ha ayudado en nada a tomar tierra y a valorar la suma de los pequeños cambios. Innovar no es poner todo patas arriba, es pensar más allá del aquí y del ahora, más allá de lo que se hizo y de lo que se está haciendo. La innovación también está en los pequeños cambios, ya que en la suma de éstos está el origen de la Innovación con mayúsculas. Como inicio, una pregunta, como detonante la interrogación…. ¿Se podría hacer mejor? ¿…y cómo? Ser innovador no es la opción más cómoda pero sí la más gratificante en mi opinión. ¿Qué hay más satisfactorio que construir, que inventar más allá de la mera reproducción de lo que ya existe? “Innovar es...

Viviendo en la calle del olvido...

La noche del 29 de octubre no fue una noche más en el desfilar de lunas asimétricas. Por las calles deambularon personas curiosas, observadoras, ilusionadas y esperanzadas por ser testigos de una de esas realidades, que de tan oculta, pareciera que no existe…las personas sin hogar, al menos sin el hogar tradicional de cemento, madera y cristal. Un grupo de voluntarias y voluntarios nos embarcamos en la aventura nocturna de conocer una realidad de la que sólo hablan las calles silenciosas de la noche. Las personas que viven en los cajeros, en las esquinas, en casas abandonadas, en coches, bajo puentes, en rincones poco transitados… ¿Son más de los esperados? quizás si, quizás el mero hecho de que una sola persona no dispusiera del ¿derecho? de vivienda sería intolerable y la certeza de que sean cientos, resulta poco menos que insoportable. Caminamos por calles en las que duermen personas, sacamos dinero en refugios improvisados, y no somos conscientes. Yo mismo, he visto casi extrañado a alguna persona pernoctando en un banco o entre cartones, protegiéndose de la luz inquisidora en un cajero… Con estas iniciativas, se da lugar y presencia a una de las fotos que retratan la sociedad actual, seguramente, eso sí, una de las más desconocidas. “No en vano, lo que no se conoce no existe.” Por otro lado, es una manera de que las personas que participamos en la iniciativa nos sensibilicemos y seamos testigos directos, además de darnos la posibilidad de compartir un momento con estas personas y si quieren, incluso de charlar un rato. Este hecho en sí, ya es de un gran valor más allá de datos, estudios y estadísticas, de las que no niego su importancia. En mi caso, sólo pude cruzar unas pocas palabras con dos...

De vuelta y media

Soy de los que les cuesta volver. Reconecto la clavija y como flotando voy moviendo los músculos a ritmo pesado y lento como un astronauta sobre la superficie lunar. Tampoco soy de los que muestran una euforia inusitada por la vuelta, emocionados e ilusionados por el paisaje que se despliega ante sus ojos. Más bien, me siento intranquilo, con nervios en el estómago y afloran las conocidas inseguridades que van de serie en el equipamiento del que escribe. Como tantas otras veces, sigo un ritual para reintroducirme en la piel de Educador, me siento en el despacho, conecto el ordenador y abro el correo electrónico. Ante mí, las fechas del correo sin leer indican mi última conexión. Borro los “spams” y empiezo a leer en orden de llegada. No me salto ningun correo por muy llamativo que sea el asunto. Admito que necesito cierto orden para no ponerme más nervioso de la cuenta. Este año tengo suerte, no hay ningún tema urgente, más allá de la información sobre varios cursos dirigidos a jóvenes y de que Antonio no acudió a su cita con la trabajadora social. Ya le pillaré por ahí a ver que es lo que pasó. Después, conecto el móvil no sin habermelo pensado un par de veces… La conocida señal sonora que anuncia los mensajes de las redes sociales suena un par de veces, abró el whatsapp y descubro cuatro mensajes nuevos. Miguel me desea felices vacaciones respondiendo a un mensaje mío del último día antes de la desconexión. Maria me pide ayuda para buscar trabajo, en concreto como cuidadora ya que aunque se ha movido, “me consta que es una chica de las que saben moverse por sí misma”, no ha encontrado nada. Me comenta que puso un anuncio en...

De soledades…

Mientras disfruto de la vista de tejados que desembocan en el río de la Plata, degusto mi soledad con fruición, respiro hondo una y otra vez y miro más allá. Por ahí donde no llega mi mirada, al otro lado del agua, Buenos Aires se esconde en la distancia. La soledad, es mi amiga y mi lugar, a ratos me invita a recogerme en mí mismo y tal hecho es un ejercicio que me gusta practicar, sintiéndome a gusto, al menos, la mayoría de las veces. Se puede decir que me llevo bien con mi persona y que cuando discuto hacia adentro, casi siempre, suele haber conciliación. No todas las personas lo llevan tan bien y ¿que me decís de los y las Educadoras Sociales? Hace poco, he vuelto a quedarme sólo como Educador Social. Es decir, sólo ante el peligro, sólo en mi quehacer como educador de calle. Aún recuerdo cuando hace tiempo hablaba de los educadores y las educadoras sociales como islas en el océano. Hablaba del aislamiento al que nos condenaban o quizá al que nos condenábamos nosotros mismos. Esta vez es distinto. Esta vez, no estoy en la misma etapa como profesional, al menos, no me siento igual que en anteriores aventuras profesionales en solitario. Si bien es cierto que no puedo negar cierto vértigo y sobre todo la sensación de no llegar hasta donde me gustaría, desbordado por una realidad inabarcable, no es menos cierto que la actitud es muy diferente. Desde luego, paso de victimismos y de lamentos, no van conmigo, lo afronto como oportunidad para seguir creciendo como profesional y como persona y con una intención muy clara…Tejer redes. Tejer redes, tocando puertas a dos manos, descolgando el teléfono como si un muelle tuviese incorporado, participando de...