Carta-Vomitona de Yoli (aunque fume Marihuana)...

Amigas y amigos, les comparto esta historia que me sucedió, pues es importante, no para realizar enjuiciamientos, sino para mirarnos a nosotras y nosotros mismos, y a una sociedad donde los estereotipos, los prejuicios y los preconceptos siguen imperando más allá del lenguaje y la practica de la igualdad y los derechos. Medellín, 4 de junio de 2007 Respetadas amigas y amigos: He dejado pasar una semana después de lo ocurrido, para poner en orden mis ideas y darme el tiempo de tamizar la indignación y la rabia. Ahora estoy en calma pero persiste la seguridad que lo que me pasó a mí, le puede pasar a cualquier persona que cargue con los estigmas que la sociedad ha construido para clasificar, discriminar, estereotipar, vulnerar. Consumir marihuana y poseer algunos rasgos, si pueden llamarse hippies, (creo que por mi modo de vestir) se convierten en causas de maltrato y estigmatizaciones. Cómo sucedieron los hechos: El 28 de mayo fui llamada a CERFAMI para el primer día formal de trabajo, donde el equipo se reuniría a planear y comprender colectivamente el proyecto. La jornada marchó bien. Me quedé al medio día porque debía esperar un papel para afiliarme a salud y pensión. Saqué del bolso mi fiambre y me dirigí a almorzar en el kiosco de la institución, donde está ubicada la cocineta. Allí estaba Ligia, la empleada de servicios generales. Conversé con ella mientras calentaba mi comida y ella fritaba unas papas. Vi que María Inés, la directora de la institución, se asomó a la puerta que va del salón de reuniones al patio donde está el comedor y de lejos miró hacia donde yo estaba, como buscando a alguien. Me vio y se volvió para su oficina, contigua al patio donde nos encontrábamos. Llegaron...