Posteado en 'Diario de un Educador'
- Hola, ¿Oscar?
- Si, soy yo, dime Alex.
- Ve… rás, es que, bueno, ayer estuve esperando, y bueno, al final… vamos, que no vino nadie y yo… bueno, que me preguntaba si no habría que hacer más difusión o algo. Que no sé, pero es que… no vino nadie, no sé si será normal al principio, pero es que… (¡uff, que nervioso estaba! Tenía la sensación de que me estaba expresando como si tuviera una esponja en la boca).
- Tranquilo Alex, la difusión está hecha, pero es normal que le cueste arrancar al principio. Esperamos hasta la próxima reunión y si la situación no ha cambiado nos replanteamos la estrategia.
- Bueno, bien (no estaba yo muy convencido. Casi una semana sólo, único habitante de esta isla de cemento, cristal y frío plástico)
- Alex, te tengo que dejar que tengo cosas que hacer. Ya me cuentas en la reunión. Estamos…
- Va… (ha colgado)…le
Me quedé con un regusto amargo, como cuando alguien te mira sin mirarte cuando su mirada te atraviesa como al cristal transparente de una ventana recién lustrada.
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Publicada por Tote el 12/08/2011
Categoria: Diario de un Educador
El barco pegó una fuerte sacudida hacia babor, para después inclinarse bruscamente hacia estribor como un paso de baile que sigue a otro de forma automática.
Por un momento, me sentí caer, pero mi brazo izquierdo se asió, cuál resorte, a una de las cuerdas que ascendían hasta lo alto del mástil sobre el que la tela se agitaba en ataque epiléptico ondulado.
Las sacudidas, se sucedían cada vez más fuertes, continuas y profundas. A penas podía mantenerme en pie, presa de un baile agitado. Por un momento, entre el viento, las partículas de agua y los jirones de nubes, me pareció distinguir un destello, quizá fueran dos… como un par de ardientes ojos penetrantes, que me atravesasen como a una masa de pomada de mantequilla. El aire me faltaba, la agitación del barco era casi una balsa de aceite en comparación con el torbellino de mi interior…
Sentí una sacudida definitiva, me pareció que el mundo daba vueltas en una espiral interminable, todo se difuminaba en una mancha de distintos oscuros. Sentí como el gorro de capitán se desprendía a cámara lenta de mi aturdida sesera. Intente asirlo, pero esta vez, los músculos de mi brazo, agarrotados, entrelazados cual antiguo nudo, no respondieron a tiempo. Con un desgarrador chasquido, empezaron su marcha hacia el sombrero que hacía tiempo que voló formando ya parte de esa gran mancha oscura que no paraba de voltearse sobre si misma…
¡Caía, caía, hacía el abismo! Caía, ¿dónde está mi sombrero? Caía sin destino y con la cabeza desnuda, caía…
Me desperté ahogado en mi propio sudor. Hacía tiempo que no tenía un sueño tan palpable, tan perceptible. Me fui directo a la ducha, confiando en su capacidad de borrado y por un momento recuperé la conciencia de mi mismo y de dónde me encontraba.
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Publicada por Tote el 13/07/2011
Categoria: Diario de un Educador
Oscar era mi jefe, mirada perdida en tiempos pasados, que él valoraba como mejores.
No sé si os habrá pasado al mirar a una persona en la que por un momento intuís el niño que fue, veis por un instante asomar la tierna y pura ilusión de un adolescente que avanzaba a zancadas, ahora encerrado en esa gruesa piel de adulto que empieza a ajarse.
Esas sensaciones, esas repentinas intuiciones, son de las que a mí me hacen mantener la esperanza en el ser humano. Mientras quede un latido de ilusión aún dentro de la gris carcasa.
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Publicada por Tote el 3/02/2011
Categoria: Diario de un Educador
Pasados 2 meses desde mi cambio de trabajo, me encontré con María por azar. Ya hacía mucho que había dejado de ocupar parte de mis pensamientos. El vaivén del día a día se había encargado de diluir la efervescencia de mis sentimientos, que ahora no conseguía rescatar, cuál senilítico hombre.
He ahí que me encontraba de nuevo ante su sonrisa perfecta, he ahí su mirada interrogativa, con una pizca de reproche, sólo quizá.
- ¡Cuánto tiempo Alex! Ya te creía perdido por el mundo.
- ¡Mucho… mucho tiempo! Ya sabes, ocupadete que está uno.
- Ya como todos…
La conversación se estaba tornando hacía una vía muerta, como suele ocurrir cuando dos personas se encuentran separadas por un abismo. No parecía haber remedio, y todo se dirigía hacia un incierto hasta luego, pero en el último instante los dos reanudamos la conversación por otros paisajes.
- Bueno… ¿y qué andas haciendo ahora? Ya me dijo Carmen que ya no seguías en el comedor, ¿no?
- La verdad es que no, me llamaron de otro sitio con mejores condiciones y ya casi llevo dos meses.
- ¿y qué tal lo llevas?
- Bueno… Vamos tirando para adelante, no sin complicaciones, ya sabes que soy un desastrito.
- (Sonriendo) ¡A mí me vas a contar!
- Y claro, todo gracias a ti.
- Pero si yo no he hecho nada Alex.
Sentí algo tibio el corazón, empezaba a recuperar una sensación que parecía olvidada. No dejé de agradecerle, aunque ella se mantuviera en actitud modesta, el hecho de haberme dado la posibilidad de empezar a caminar en esto de la educación social.
Yo siempre he sido seguidor de la idea de “abrir puertas”, siempre he creído que no importa, en principio, cómo sea la puerta, es decir, puede tener un aspecto nada prometedor, con desconchones aquí y allá, con el marco combado que da la impresión de desprenderse en cualquier momento, las bisagras caladas de óxido y carcoma dibujando un nutrido mosaico de puntos.
Una nueva puerta a la que accedemos, significa una nueva oportunidad y tras cruzar el umbral de la misma, con la incertidumbre como compañera inseparable, vamos avanzando por un camino, que quizá y sólo tal vez nos lleve hacía puertas más prometedoras, pero en definitiva ese será el único camino posible para acceder a nuevas estancias. A veces nos costará más avanzar, otras veces la llave de la siguiente puerta se nos mostrará, casi tropezando con ella, eso sí, raro será encontrar llaves sin caminar, extraño será hallar sin buscar, aunque a veces no sepamos el qué.
Pensándolo de este modo, tenía mucho que agradecerle a María.
Continué contándole mis vivencias en el nuevo trabajo, dibujando con ligeras pinceladas el retrato de estos dos meses. Pero esa es una historia que me gustaría contaros desde el principio, desde el inicio de mi siguiente paso.
Continuará.
Publicada por Tote el 5/01/2011
Categoria: Diario de un Educador
Hoy contamos con una nueva firma en el EducaBlog, el Blog de la Educación Social. Corresponde a Olatz, una chica que acaba de realizar unas prácticas como Educadora en un piso de menores y que ha querido compartir su experiencia con nosostros y, evidentemente, con todos los lectores y lectoras de este espacio. Esperemos que en los próximos episodios de su vida laboral se siga acordando de esta su web. Os dejo con Olatz:
Hace ya unos meses que tuve la suerte de empezar mis prácticas como Educadora de Menores en un hogar de acogida. Anteriormente he trabajado con otros colectivos pero, al igual que cada persona es un mundo, cada ámbito de esta profesión entraña una forma distinta de intervenir y éste especialmente.
En primer lugar, he de agradecer la acogida por parte de un fantástico equipo educativo de profesionales con implicación, dedicación y, sobre todo, vocación en el día a día con los menores ya que, a mi parecer, en esta profesión son pilares y herramientas básicas.
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Publicada por Olatz el 25/05/2010
Categoria: Diario de un Educador, Reflexiones
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