Posteado en 'Diario de un Educador'
“Ke tal Alex, hace mucho ke no se nada d ti, ke t parece si tomamos algo 1 día de estos. Tengo ganas d hablar contigo, 1 besazo, Maria…”
- Este es el mensaje que me envió, justo cuando me estaba besando con Sonia, más inoportuno no podría haber sido Fran.
- ¡Ya te digo!
Estábamos en el metro, dirigiéndonos a diferentes destinos, mi amigo a comprar un regalo para su novia y yo a mi colegio del alma, a trabajar.
Conocí a Fran el año en el que cursaba 2º de BUP. Por entonces empecé a acudir a un club de tiempo libre en el que encontraría a la que sería mi nueva cuadrilla, después de abandonar mi casa en un barrio del centro de la ciudad.
Aunque en un principio no me resultó fácil entablar una relación de confianza con él, poco a poco se fue convirtiendo en uno de mis mejores amigos, como si el propio esfuerzo hubiese dotado de valor a nuestra relación.
Fran mostraba cara de incredulidad mientras le contaba a salto de mata mis escarceos amorosos.
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Publicada por Tote el 15/07/2008
Categoria: Diario de un Educador
La brisa, lengua invisible, arremolinaba sus cabellos, que jugaban a difuminar su mirada en un continuo vaivén. Sonia se afanaba en descodificar su panorámica con mano ágil. Yo, a ratos la miraba de reojo mientras hacía como que observaba el barranco profundo de final acuoso y salado.
Como era costumbre, habíamos estado hablando de nuestras agendas diarias, del trabajo de ella….
De mi experiencia con Antonio y las lentejas voladoras, del tiempo, como cualquier conversación que se jacte de serlo, del giro inesperado del argumento de la serie de éxito del momento, de una anciana que se había aferrado a la vida entre los cascotes de su propia vivienda, tras siete días desde que se le cayese encima fruto de un terremoto de 7,2 en la escala de Richter.
Ella apartaba sus mechones rebeldes, dedicándome miradas con interés, que desataban un extraño nerviosismo en mi interior. A ratos, no sabía muy bien de que hablaba, empujado por esa sensación, agarrado al salvavidas de las palabras encadenadas, de la marcha de letras sin fin.
En este extraño juego me hallaba, cuando Sonia me preguntó…
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Publicada por Tote el 3/06/2008
Categoria: Diario de un Educador
Antonio mantenía el ceño fruncido, la mirada gacha…respiré hondo, estábamos los dos solos en la estancia ahora desierta, como si de un bis a bis de una cárcel se tratase, o quizá sería más propio decir, que era como una sala de interrogatorios, aunque desentonaban los restos de comida aquí y allá y que faltaba el foco deslumbrando la cara de Antonio, al más puro estilo de una película de cine negro.
Me senté frente a él, y el tiempo antes detenido, empezó a discurrir tras el sonido seco de una claqueta imaginaria (“Diario de un educador, capítulo 13, toma 2”)
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Publicada por Tote el 25/04/2008
Categoria: Diario de un Educador
Por la noche, a veces me despertaba sobresaltado por un timbre en mi cabeza. Jadeante, me incorporaba y tras unos momentos de desconcierto, recordaba el tacto de las sábanas, la oscuridad de mi habitación y me volvía a sumir en un sueño que sólo sería interrumpido por el timbre, esta vez sí, del despertador.
No hubiese imaginado que soñaría con el trabajo, pero supongo, que ahora que éste ocupaba una parte importante en mí día a día, era normal.
Llevaba prácticamente un mes en el comedor y aunque todavía no controlaba del todo, tampoco se podía decir que no hubiese aprendido nada.
Empezaba a pillarle el tranquillo a los chavales y me llevaba bien con algunos como Ander, que era muy tranquilo y alegre, con Chema, a pesar de sus tajadas de lomo escapistas y con Silvia y Patricia, que más de una vez me echaban un cable en el comedor conteniendo a sus propios compañeros.
La bajada al patio, estaba más o menos controlada y respetaban más o menos mi autoridad, aunque todos tenemos malos días y ni ellos ni ellas eran una excepción.
Ese día me sentía un poco extraño, como si estuviese alerta. Hay días en los que parece que barruntas que va a pasar algo, miras hasta a tu sombra por si algo te pudiera revelar.
Yo ese día, sentía un cosquilleo, no sabría explicarlo, pero era nítido y claro.
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Publicada por Tote el 4/04/2008
Categoria: Diario de un Educador
Esta vez, el escenario elegido fue distinto; el Café Manolo G, distinto nombre, iguales protagonistas. Sonia jugaba a enroscar y desenroscar un rizo en un bucle sin fin. Sus ojos mostraban un brillo más allá de la propia atención. ¡Quién sabe! Yo, desde luego, no me aventuraba aún a descifrar dicho código-brillo. Pero estaba ahí delante, y todo parecía rodar como una rueda cuesta abajo. Lo importante era estar, no esconderse y mirar esos ojos…
Mientras sonaba “Nunca el tiempo es perdido”, mis palabras desfilaban desordenadas contándole a Sonia la primera reunión de coordinación a la que había asistido desde que empezara en el comedor…
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Publicada por Tote el 10/03/2008
Categoria: Diario de un Educador
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