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	<title>EducaBlog, Blog sobre Educación Social &#187; Diario de un Educador</title>
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	<description>Blog sobre Educación Social</description>
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		<title>Diario de un Educador: “El niño balsero”</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 15:24:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[

-	Hola, ¿Oscar?
-	Si, soy yo, dime Alex.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/08/nino_balsa.jpg">
<div class="centro"><img src="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/08/nino_balsa.jpg" alt="Niño Balsero" title="Niño Balsero" width="450" height="300" class="alignnone size-full wp-image-1512" /></a></div>
<p>-	Hola, ¿Oscar?<br />
-	Si, soy yo, dime Alex.<br />
-	Ve&#8230; rás, es que, bueno, ayer estuve esperando, y bueno, al final… vamos, que no vino nadie y yo… bueno, que me preguntaba si no habría que hacer más difusión o algo. Que no sé, pero es que… no vino nadie, no sé si será normal al principio, pero es que… (¡uff, que nervioso estaba! Tenía la sensación de que me estaba expresando como si tuviera una esponja en la boca).<br />
-	Tranquilo Alex, la difusión está hecha, pero es normal que le cueste arrancar al principio. Esperamos hasta la próxima reunión y si la situación no ha cambiado nos replanteamos la estrategia.<br />
-	Bueno, bien (no estaba yo muy convencido. Casi una semana sólo, único habitante de esta isla de cemento, cristal y frío plástico)<br />
-	Alex, te tengo que dejar que tengo cosas que hacer. Ya me cuentas en la reunión. Estamos…<br />
-	Va… (ha colgado)…le<br />
Me quedé con un regusto amargo, como cuando alguien te mira sin mirarte cuando su mirada te atraviesa como al cristal transparente de una ventana  recién lustrada.</p>
<p><span id="more-1510"></span>Las 16:55, como si hubiera rebobinado la cinta, me encontraba en medio de la muda estancia, igual que el día anterior. ¡Qué sensación más extraña! Me sentía como en un mundo paralelo, espectador de una escena ajena. Esto debe ser lo más cercano a una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Droga_disociativa">experiencia disociativa</a> con la ketamina…</p>
<p>Sacudí la cabeza en ambas direcciones induciendo el estado de vigilia. Ya eran más de las cinco y la quietud de las cosas contrastaba con la agitación rítmica de los latidos del corazón.</p>
<p><strong>Elian Gonzalez</strong>, no sé porque ese nombre me vino a la cabeza. La imagen de este niño se había reproducido en todos los noticiarios del planeta, haciéndolo más famoso que el propio ron cubano.</p>
<p>Sin quererlo, Elian se convirtió en un símbolo de la confrontación entre Cuba y Estados Unidos. El niño sólo, flotando en un neumático en medio del mar, arribando a las costas de Florida  y rescatado por unos pescadores norteamericanos.</p>
<p>En el viaje, tras el naufragio de la balsa cubana, Elian se aferró a ese trozo de redondo caucho desgastado, como aferrándose a una vida que su madre dejó flotando a la deriva.</p>
<p>Él sólo luchaba por sobrevivir, pero sin pretenderlo, se halló en medio de un campo de batalla, símbolo de una realidad con distintos componentes como el “bloqueo” estadounidense a la isla o la naturaleza del régimen cubano. </p>
<p>El niño balsero, como se le denominaba, empezó a vivir con su familia materna en Miami, mientras en la isla se desataba un movimiento popular sin precedentes, en el que la figura más visible estaba personificada por el padre de Elian, Juan Miguel González, que exigía la vuelta del niño a su Cuba natal…</p>
<p>Una sombra sonora me despertó de improviso de mis pensamientos balseros. Sentí una ráfaga de aire acariciarme levemente la nuca. Me di la vuelta, y ahí estaban al lado de la mesa de ping- pong dos ejemplares perfectos del homo sapiens infantis.<br />
Los dos sonrientes, de pie, inmóviles, mirándome interrogantes.</p>
<p>-eh, ¿las palas? &#8211; espetó el de pelo liso y castaño, y sin avisar, casi me da un infarto al ver que estas criaturas poseían la facultad del habla. De hecho, me debí de quedar como petrificado, como alguien que no entiende el idioma en el que se le habla…<br />
-¿Las palas? Repitió el mismo, con cara de incredulidad.<br />
- ahh, si, si, ahora mismo. Me di la vuelta en un rápido movimiento, tanto que tropecé y sólo un rápido movimiento del brazo izquierdo, con el que me así a la mesa, me libró de un ridículo seguro (tranquilo Alex, me repetí para mí).<br />
- Aquí tenéis les dije alargándoles las dos palas y la pelota, impolutas todas ellas.<br />
- Oye, ¿cómo os llamáis?</p>
<p>El ser parlante se llamaba Miguel y su compañero, más alto y desgarbado, Julen.</p>
<p>Empezaron a jugar sin más dilación sin hacerme mucho caso. Yo estaba intrigado. Y no sabía muy bien que hacer, como cuando no esperas visita y no tienes nada preparado.</p>
<p>Resultó que Julen era bastante más hábil que Miguel en el manejo de las palas y como máximo, el intercambio se prolongaba tres o cuatro golpes cayendo la mayor parte de los puntos a favor del larguirucho y moreno Julen.</p>
<p>Tenía mucha curiosidad. Así que decidí seguir preguntando a pesar de que estuvieran en pleno segundo set. Sobre todas las  cosas, me intrigaba de qué manera se habrían enterado de la apertura de la ludoteca. Habría hecho Oscar, tal como dijo, la difusión. No me iba a quedar con la duda.</p>
<p>-	Oye, y cómo os habéis enterado de que había abierto la ludoteca.</p>
<p>Por un momento ni siquiera hubo respuesta por parte del eco, pero…</p>
<p>-	¿…qué, qué dices?<br />
-	Que ¿cómo os habéis enterado de que hemos abierto la ludoteca? &#8211; repetí.</p>
<p>Mientras no llegaba a un revés ganador, Miguel me dijo que les habían dado una hoja en el colegio y que hoy al pasar por en frente del local, se habían acordado y que allí estaban, a ver qué tal estaba el local.</p>
<p>Yo aproveché para decirles que les comentaran a sus amigos para que se pasasen a echar unas partidas con el ansia del naufrago que se agarra a un tablón astillado a la deriva.</p>
<p>Para entonces, Julen había destrozado a su oponente, aunque no era de los que gustaban de humillar y tras el match point sólo soltó un seco ¡bien! Entonces, les propuse entrar en la competición y plantear un triangular a cinco tantos. Para mi sorpresa, aceptaron de buen grado y Miguel me pasó inmediatamente la pala. Mi debut en la pista central de Enocio. ¡Todo un honor! </p>
<p>Comenzamos con un pequeño calentamiento para adaptarnos a la pista, los meses de inactividad se notaban en la muñeca y había que hacerse a las medidas de la pista. Comenzó la contienda, tras un par de intercambios, la pelota se fue más allá de la línea de fondo. 1-0. Ni olí el saque cruzado, ace y 2-0. Éste si que lo conseguí devolver, pero muy alto, y Julen me fulminó con un smatch. 3-0. Esta vez devolví aceptablemente el saque, derechazo, revés cruzado, otra derecha por parte del jugador larguirucho, pero no es definitiva y con un magistral paralelo a la línea…3-1. Me estaba animando, ya había inaugurado el marcador y estaba crecido. Saco al centro y con un resto preciso, que me como con patatas&#8230;4-1. ¡Vamos Alex, que se puede hacer!. Saca cruzado y se la devuelvo con un gran resto, aún así con un hábil movimiento de muñeca me la devuelve a la línea. Resoplo por el esfuerzo como una foca acalorada, y alargando mí largo brazo consigo impactar la pelota pero se pierde muy lejos de la línea… 5-1 y final. Desde luego, está confirmado que estoy bajo de forma y que tengo que entrenar. Julen sonríe levemente en señal de victoria y no me queda más remedio, resignado, que pasarle la pala a Miguel, diciéndole, un poco patético, que a ver si conseguíamos echarle de la pista al moreno abusón.</p>
<p> Desde luego, no conseguimos nuestro cometido y nos pegó una paliza de las buenas, aunque en un alarde de positivismo, he de decir que llegue a hacer 3 puntos en mi mejor partido de la tarde.</p>
<p>Eran las siete y cuarto de la tarde, se me había pasado en un tris. </p>
<p>-	Bueno, nos vamos &#8211;  espetó un sonriente Miguel pasándome acto seguido las palas tibias por la actividad, junto con la bola poblada de marcas negras.</p>
<p>Me despido sonriente con un hasta la próxima y recordándoles que publiciten la apertura de la ludoteca.</p>
<p>En el resto de tarde no aparece nadie más, pero me da lo mismo, yo estoy feliz asido a mi pequeño tablón en medio de este océano en continuo vaivén…</p>
<p>“<em>Agentes federales entraron en la casa de madrugada y se lo llevaron… El 28 de junio del 2000, Elian  Gonzalez abandonó los Estados Unidos rumbo a su cuba natal</em>.”</p>
<p>¿Qué sería de él…?</p>
<p>Di la última vuelta de llave a la puerta exterior y  me fui. Estaba contento, ahora podía decir que si tenía esperanza y eso era lo único que necesitaba. Ya tenía combustible para continuar mi viaje. </p>
<p>Por un instante sentí frío ante la insistencia del viento noroeste, pero sonreí&#8230;. No me importaba en absoluto.</p>
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		<title>Diario de un Educador: La Ludoteca Enocio abre sus Compuertas</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2011 17:56:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[El barco pegó una fuerte sacudida hacia babor, para después inclinarse bruscamente hacia estribor como un paso de baile que sigue a otro de forma automática. 
Por un momento, me sentí caer, pero mi brazo izquierdo se asió, cuál resorte, a una de las cuerdas que ascendían hasta lo alto del mástil sobre el que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/07/puerta.jpg"><img class="izquierda" src="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/07/puerta-225x300.jpg" alt="" title="puerta" width="225" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-1497" /></a>El barco pegó una fuerte sacudida hacia babor, para después inclinarse bruscamente hacia estribor como un paso de baile que sigue a otro de forma automática. </p>
<p>Por un momento, me sentí caer, pero mi brazo izquierdo se asió, cuál resorte, a una de las cuerdas que ascendían hasta lo alto del mástil sobre el que la  tela se agitaba en ataque epiléptico ondulado.</p>
<p>Las sacudidas, se sucedían cada vez más fuertes, continuas y profundas. A penas podía mantenerme en pie, presa de un baile agitado. Por un momento, entre el viento, las partículas de agua y los jirones de nubes, me pareció distinguir un destello, quizá fueran dos… como un par de ardientes ojos penetrantes, que me atravesasen como a una masa de pomada de mantequilla. El aire me faltaba, la agitación del barco era casi una balsa de aceite en comparación con el torbellino de mi interior…</p>
<p>Sentí una sacudida definitiva, me pareció que el mundo daba vueltas en una espiral interminable, todo se difuminaba en una mancha de distintos oscuros. Sentí como el gorro de capitán se desprendía a cámara lenta de mi aturdida sesera. Intente asirlo, pero esta vez, los músculos de mi brazo, agarrotados, entrelazados cual antiguo nudo, no respondieron a tiempo. Con un desgarrador chasquido, empezaron su marcha hacia el sombrero que hacía tiempo que voló formando ya parte de esa gran mancha oscura que no paraba de voltearse sobre si misma…</p>
<p>¡Caía, caía, hacía el abismo! Caía, ¿dónde está mi sombrero? Caía sin destino y con la cabeza desnuda, caía…</p>
<p>Me desperté ahogado en mi propio sudor. Hacía tiempo que no tenía un sueño tan palpable, tan perceptible. Me fui directo a la ducha, confiando en su capacidad de borrado y por un momento recuperé la conciencia de mi mismo y de dónde me encontraba.</p>
<p><span id="more-1495"></span>Hoy era mi primer día al frente de la ludoteca. Cogí con mano temblorosa las llaves de mi bolsillo, que tintinearon por un instante. En frente, la puerta coronada por las letras “Ludoteca Enocio”. Casi sin pensar, gire la llave en tres interminables vueltas en el interior de la cerradura. La puerta chirrió quedamente en una trayectoria de ida y vuelta con estruendo final. Me dispuse a subir las escaleras que desembocaban en el local sin faltar a mi cita con el traspié. No en vano, el pasillo en el que se situaban las escaleras era oscuro y estrecho. Ya estaba en el descansillo donde se situaba una nueva puerta jalonada por otro letrero gemelo al  de abajo, aunque más chapucero, como un doble en una escena de peligro. Giré vuelta y media la llave y me hallé en medio de un absoluto silencio, testigo de la cortante quietud de las cosas. Respiré hondamente varias veces en busca de la tranquilidad que no encontraba y tras echar un vistazo de 180 grados, encendí las luces que tartamudeando despertaron los colores de la estancia. Eran las 16:45. Empecé a andar sobre el local como quién mide mentalmente la distancia de su salón, di pasos en todas direcciones, por la zona del ping-pong y el futbolín, por el supermercado “Chachi”, por la zona de construcciones, entre las mesas, bajo las bicis, frente a la televisión, junto a los ordenadores, por la zona del ping-pong, entre las mesas…</p>
<p>Se me estaba haciendo interminable. Era la cuenta atrás más larga de mi vida.</p>
<p>Las cinco menos 3 minutos y cuarenta y siete segundos, cuarenta y seis, cuarenta y cinco… ¡uff! Voy a mirar los cajones de detrás del mostrador dónde me hubiera de ubicar al menos a ratos. Allí estaban las pelotas de ping-pong en un bote de tamaño colacao transparente, dos pares de palas, una cajita con diez bolas blancas inmaculadas de futbolín, un bote con bolis, algunos rotuladores,  un cuaderno pequeño cuadriculado, varias cajas de pinturas de colores, gomas de borrar, clips, una grapadora oxidada, dos sacapuntas, unos lápices desigualmente desafilados…</p>
<p>Cogí el cuaderno, lo abrí por la  segunda página y me dispuse a escribir la fecha con cuidado, con dedicación absoluta, lo cuál no evitó que los números y letras reflejasen mi mala caligrafía. Las cinco un minuto y dieciocho segundos, no hay nadie. Y si no venía nadie, me pregunte para mí en una mezcla inverosímil de sentimientos de alivio, miedo y frustración. Agite la cabeza a ambos lados para sacudirme las incertidumbres. ¿Habría hecho Oscar la difusión de la que me habló por teléfono?</p>
<p>Me contó que iba a pasar una circular por los centros de la zona  y que iba a hacer un par de llamadas a orientadores con los que tenía buena relación.</p>
<p>Por un momento, pensé que no había llamado a nadie, que esa nota informativa se había perdido entre los hilos de la línea telefónica… ¿y si no venía nadie? Un escalofrío me retorció el cuerpo, no pude evitar elevar los hombros y fruncir el ceño. Las cinco, treinta y siete minutos y tres segundos, cuatro segundos…</p>
<p>¡No lo soportaba más! Me di otra vuelta por el local, nervioso intente respirar profundamente en busca de un ligero alivio. ¡No vienen! ¿Qué hago?  Había representado en mi cabeza de muchas formas ese, este primer día. Había imaginado como jugaba con sonrientes chavales, como reñía a una joven por haberle tirado un tomate de plástico a su compañera de juego, como un chaval, alto para su edad, alzaba los brazos en señal de victoria tras un gran paralelo en el ping- pong… Había pensado en multitud de posibilidades, en todo menos en que no viniera nadie. Un nudo se tensionó dentro de mí y me encorvé levemente como un ser inerte más que se fuese haciendo cada vez más pequeño en el espacio vació  de la ludoteca. Las seis y trece en punto.</p>
<p>Me pareció oír  la puerta de abajo chirriar, me pareció sentir unos pasos ajetreados, pero la puerta inmóvil, como pegada en su propio marco, no se movió ni un ápice. Corrí hacia el ventanal. Una madre llevaba la compra mientras presumiblemente su hija e hijo pululaban alrededor, chinchándose sin parar y poniendo de paso en un estado de nerviosismo continuo a su cargada madre.</p>
<p>Abrí la ventana y grite con todas mis fuerzas, casi dejando la garganta en cada letra, ¡venid a la ludoteca, venid, por favor, no os marchéis…! ¡No os marchéis, no, no…!</p>
<p>Los tres se perdieron tras la esquina. Me quede inmóvil por un instante que pareció no terminar nunca, con la mirada fija en aquella esquina, pero aún así, perdida.</p>
<p>Nunca abrí esa ventana, nunca grité esas palabras, me di la vuelta y arrastrando mi frustración, me senté en la silla de frío plástico de detrás del mostrador y apoyé el mentón sobre la palma izquierda, mi cara debía reflejar una expresión un tanto patética, las siete menos doce minutos y cuarenta y dos segundos…</p>
<p>El tiempo fue transcurriendo mientras yo me desvanecía progresivamente de la estancia, imbuido por una gran mancha que me arrastraba en espiral hacia las profundidades del inconsciente. Las siete,  veintitrés minutos y veintiocho segundos…  A veces, a pesar de que cuando lo pasamos mal pensemos que el tiempo transcurre con una lentitud insoportable, éste sigue su curso, ajeno a nuestros sentimientos, con igual paso, con igual zancada. Las ocho,  siete minutos y dieciséis segundos…</p>
<p>Por dos veces creí escuchar pasos, ruidos, gritos, señales de vida inteligente en ese inhóspito planeta de “Enocio” situado en una galaxia olvidada…nada.</p>
<p>El reloj sobre la compuerta marcaba las nueve menos veintitrés minutos y ocho segundos. Mañana llamaría a Oscar sin falta. </p>
<p>Desorientado, sin saber que hacer, que pensar, me deje arrastrar por el movimiento de las manillas que marcaban el horario en el que las compuertas se abriesen y pudiera al fin escapar de esa cárcel de soledad y vacío. Las nueve menos 12 minutos y treinta y tres segundos. Me levante de un salto, empecé a dar vueltas montado en un tiovivo imaginario. El tiempo no avanzaba, las nueve menos 7 minutos y 12 segundos. Volví a la cajonera, abrí los cajones uno a uno, memorice el numero de bolígrafos (14), volví a cerrarlos, otra vuelta, las nueve menos tres minutos y 43 segundos, cogí las llaves, tintineando éstas nerviosas, contagiadas por mí mismo…</p>
<p>08:59:49<br />
08:59:50<br />
08:59:51<br />
08:59:52<br />
08:59:53<br />
08:59:54<br />
08:59:55<br />
08:59:56<br />
08:59:57<br />
08:59:58<br />
08:59:59<br />
09:00:00 </p>
<p>Con las llaves en la mano derecha, gire la cerradura rápidamente (vuelta y media), bajé a trompicones en tres saltos las escaleras sin percance alguno, casi chocando con la puerta de salida, tire de ella hacia mí tragando una gran bocanada de aire que entró desde exterior. Por un momento parecieron resbalárseme las llaves de la sudada mano, giré la llave (tres vueltas). Con paso acelerado puse cemento de por medio, y sin mirar atrás, me fui hacia el tren. </p>
<p>Sólo entonces me sentí un poco aliviado. Había sido un día extraño. Nervioso por empezar, expectante por como me iba a desenvolver con los chavales y… No había venido nadie. </p>
<p>Luché por rescatar el Alex positivo del pozo oscuro en el que me sentía en esos instantes. Las puertas del vagón se cerraron tras de mi, delante de mis narices, un grupo de jóvenes charlando animadamente.</p>
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		<title>Diario de un Educador: Bienvenido al Navío Capitán Sparrow</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Feb 2011 16:58:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[

Oscar era mi jefe, mirada perdida en tiempos pasados, que él valoraba como mejores. 
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/02/sparrow1.jpg">
<div class="centro"><img src="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/02/sparrow1-299x300.jpg" alt="" title="sparrow" width="400" height="401" class="alignnone size-medium wp-image-1297" /></a></div>
<p>Oscar era mi jefe, mirada perdida en tiempos pasados, que él valoraba como mejores. </p>
<p>No sé si os habrá pasado al mirar a una persona en la que por un momento intuís el niño que fue, veis por un instante asomar la tierna y pura ilusión de un adolescente que avanzaba a zancadas, ahora encerrado en esa gruesa piel de adulto que empieza a ajarse.<br />
Esas sensaciones, esas repentinas intuiciones, son de las que a mí me hacen mantener la esperanza en el ser humano. Mientras quede un latido de ilusión aún dentro de la gris carcasa.</p>
<p><span id="more-1288"></span>Así veía yo a Oscar. Por un lado, parecía un adulto un tanto apagado, que caminaba casi por inercia, con pilas casi gastadas, arrastrando los pies, para al paso siguiente mostrar una agilidad propia de un adolescente, sólo en un destello, en un instante, como una pincelada de desafiante naranja sobre un lienzo de eterno negro.</p>
<p>Él me hablaba con ilusión de un nuevo proyecto que les habían encargado a su asociación “Enocio”. Consistía en la puesta en marcha de una ludoteca en un barrio situado en el extrarradio de la ciudad. El proyecto era ilusionante, como Oscar intentaba transmitir con éxito desigual. Este barrio no había conocido un servicio parecido y la juventud de la zona agradecería un poco de atención. Yo me sentía emocionado, embargado por la oportunidad y a la vez cagado de miedo.</p>
<p>Ya no iba a estar arropado en los automatismos, en el anonimato de la veloz dinámica del comedor. Ahora, me iba a ver a mí mismo al frente de la tripulación, al frente del navío y esperaba acercarme más al Russell Crowe en Master and Comander que al capitán Sparrow.</p>
<p>Estuvimos hablando de organizar distintas actividades y talleres y de la posibilidad de realizar alguna salida de vez en cuando. Los jueves a las 10 de la mañana, sería el momento de reunirnos para hacer el seguimiento y planificar las actividades. Me imaginaba en medio de un grupo de jóvenes atentos a mi explicación práctica sobre como se fabricaban unas bolas de malabares con globos de plástico y arroz. Al rato, estábamos en el parque infantil de navidad montando en los autos de choque y por último quizá estuviéramos jugando al Pictionary.</p>
<p>Tras presentarme a Maite, la Educadora Familiar y a Esti la psicóloga de familia, ambas fueron muy amables, nos dirigimos al local.<br />
Era más grande de lo que había imaginado, algo así como un campo de futbito. Oscar me fue explicando que había dos zonas: una dirigida a los jóvenes de entre 6 y 12 años, en la que había distintos espacios para jugar a juegos, aquí un tobogán, aquí una cocina con productos de fresco plástico, puzzles de construcción, pequeñas mesas para pintar… Otra dirigida a los de entre 12 y 18 años: ping-pong, futbolín, cómics, revistas, juegos de mesa, un par de ordenadores, una consola, bicis para prestar…</p>
<p>Estaba muy bien, además estaba pintado de manera muy colorista con dibujos en las columnas y en alguna pared con motivos un tanto infantiles acorde con la zona de los más pequeños. Mientras los observaba absorto, Oscar me comento que los había estado pintando con un chaval con el que llevaban varios años trabajando.</p>
<p>Encima de la zona de la cocina y tienda, habían dibujado un escaparate de supermercados Chachi en el que destacaban unos tomates de un rojo vivo ¡fresquísimos oiga! Y unos peces a medio pintar, esperando su turno para lucir orgullosos el brillo de sus escamas de pintura.</p>
<p>En la zona del ping-pong, la pared pistacho parecía un campo difuminado, desértico paraje. Imaginé como agitábamos los sprays dando vida a un lucido graffiti.  </p>
<p>Era jueves, 11:25 horas, salía por la puerta de la ludoteca, de la nueva puerta que había abierto. Vista desde afuera, no parecía reflejar ningún mensaje, como una puerta que se confunde con la pared en un fundido sin manilla.</p>
<p>Pronto latiría desbocada expresando la enorme vida que habitaba en su interior y para los despistados, sólo para estos, un cartel, cual nota a pie de página, anunciaría a gritos “Ludoteca Enocio” .</p>
<p>Seguí caminando, no pude dejar de sonreír, mientras un escalofrío me recorría las terminaciones nerviosas. ¿Qué habría detrás de esta nueva puerta?</p>
<p>Esa noche, entre la niebla de las sábanas, el viento soplaba furioso desde poniente y con la mano izquierda me sujetaba con firmeza el gorro de capitán. De repente, un grito me sobresalto…</p>
<p>- ¡Capitán, se avecina tormenta!</p>
<p>Mire hacía popa, ¿qué demonios era eso? Fruncí el ceño intentando ajustar los catalejos de mi mirada… Entonces…</p>
<img src="http://www.educablog.es/?ak_action=api_record_view&id=1288&type=feed" alt="" /><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.educablog.es%2F2011%2F02%2F03%2Fdiario-de-un-educador-bienvenido-al-navio-capitan-sparrow%2F&amp;layout=standard&amp;&amp;width=450&amp;action=like&amp;colorscheme=light" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:450px;height:30px;margin-left:10px;"></iframe>]]></content:encoded>
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		<title>Diario de un Educador: El Paso Siguiente</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Jan 2011 10:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasados 2 meses desde mi cambio de trabajo, me encontré con María  por azar. Ya hacía mucho que había dejado de ocupar parte de mis pensamientos. El vaivén del día a día se había encargado de diluir la efervescencia de mis sentimientos, que ahora no conseguía rescatar, cuál senilítico hombre.
He ahí que me encontraba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/01/amstrong.jpg"><img class="izquierda" src="http://www.educablog.es/wp-content/uploads/2011/01/amstrong.jpg" alt="El Siguiente Paso" title="El Siguiente Paso" width="236" height="265" class="aligncenter size-full wp-image-1254" /></a>Pasados 2 meses desde mi cambio de trabajo, me encontré con María  por azar. Ya hacía mucho que había dejado de ocupar parte de mis pensamientos. El vaivén del día a día se había encargado de diluir la efervescencia de mis sentimientos, que ahora no conseguía rescatar, cuál senilítico hombre.</p>
<p>He ahí que me encontraba de nuevo ante su sonrisa perfecta, he ahí su mirada interrogativa, con una pizca de reproche, sólo quizá.</p>
<p>-	¡Cuánto tiempo Alex! Ya te creía perdido por el mundo.<br />
-	¡Mucho… mucho tiempo! Ya sabes, ocupadete que está uno.<br />
-	Ya como todos…</p>
<p>La conversación se estaba tornando hacía una vía muerta, como suele ocurrir cuando dos personas se encuentran separadas por un abismo. No parecía haber remedio, y todo se dirigía hacia un incierto hasta luego, pero en el último instante los dos reanudamos la conversación por otros paisajes.</p>
<p>-	Bueno… ¿y qué andas haciendo ahora? Ya me dijo Carmen que ya no seguías en el comedor, ¿no?<br />
-	La verdad es que no, me llamaron de otro sitio con mejores condiciones y ya casi llevo dos meses.<br />
-	¿y qué tal lo llevas?<br />
-	 Bueno&#8230; Vamos tirando para adelante, no sin complicaciones, ya sabes que soy un desastrito.<br />
-	(Sonriendo) ¡A mí me vas a contar!<br />
-	Y claro, todo gracias a ti.<br />
-	Pero si yo no he hecho nada Alex.</p>
<p>Sentí algo tibio el corazón, empezaba a recuperar una sensación que parecía olvidada. No dejé de agradecerle, aunque ella se mantuviera en actitud modesta, el hecho de haberme dado la posibilidad de empezar a caminar en esto de la educación social.<br />
Yo siempre he sido seguidor de la idea de “<em>abrir puertas</em>”, siempre he creído que no importa, en principio, cómo sea la puerta, es decir, puede tener un aspecto nada prometedor, con desconchones aquí y allá, con el marco combado que da la impresión de desprenderse en cualquier momento, las bisagras caladas de óxido y carcoma dibujando un nutrido mosaico de puntos.<br />
Una nueva puerta a la que accedemos, significa una nueva oportunidad y tras cruzar el umbral de la misma, con la incertidumbre como compañera inseparable, vamos avanzando por un camino, que quizá y sólo tal vez nos lleve hacía puertas más prometedoras, pero en definitiva ese será el único camino posible para acceder a nuevas estancias. A veces nos costará más avanzar, otras veces la llave de la siguiente puerta se nos mostrará, casi tropezando con ella, eso sí, raro será encontrar llaves sin caminar, extraño será hallar sin buscar, aunque a veces no sepamos el qué.</p>
<p>Pensándolo de este modo, tenía mucho que agradecerle a María.</p>
<p>Continué contándole mis vivencias en el nuevo trabajo, dibujando con ligeras pinceladas el retrato de estos dos meses. Pero esa es una historia que me gustaría contaros desde el principio, desde el inicio de mi siguiente paso.</p>
<p>Continuará.</p>
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		<title>Cuestión de Educar</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 22:06:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Olatz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[
Hoy contamos con una nueva firma en el EducaBlog, el Blog de la Educación Social. Corresponde a Olatz, una chica que acaba de realizar unas prácticas como Educadora en un piso de menores y que ha querido compartir su experiencia con nosostros y, evidentemente, con todos los lectores y lectoras de este espacio. Esperemos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="centro"><img src="http://educablog.es/wp-content/images/201005/Proteger_para_educar.jpg" alt="Cuestión de Educar" /></div>
<p><em>Hoy contamos con una nueva firma en el EducaBlog, el Blog de la Educación Social. Corresponde a Olatz, una chica que acaba de realizar unas prácticas como Educadora en un piso de menores y que ha querido compartir su experiencia con nosostros y, evidentemente, con todos los lectores y lectoras de este espacio. Esperemos que en los próximos episodios de su vida laboral se siga acordando de esta su web. Os dejo con Olatz:</em></p>
<p>Hace ya unos meses que tuve la suerte de empezar mis prácticas como Educadora de Menores en un hogar de acogida. Anteriormente he trabajado con otros colectivos pero, al igual que cada persona es un mundo, cada ámbito de esta profesión entraña una forma distinta de intervenir y éste especialmente.</p>
<p>En primer lugar, he de agradecer la acogida por parte de un fantástico equipo educativo de profesionales con implicación, dedicación y, sobre todo, vocación en el día a día con los menores ya que, a mi parecer, en esta profesión son pilares y herramientas básicas.</p>
<p><span id="more-936"></span>He llegado a formar parte y a sentirme una más del equipo y a tener cada día más claro que elegí bien, que creo en la labor que los Educadores llevamos a cabo y que, a la larga, da sus frutos aunque no con inmediatez y pese a que haya veces que la frustración o la impotencia ante situaciones que se escapan a tu control hagan mella, hay momentos de satisfacción.</p>
<p>Cuando percibes ciertos avances o cuando sientes que en cierta parte has contribuido a que esa persona o ese menor esté mucho mejor que cuando le conociste. Realmente es lo que da sentido a esta labor o, por lo menos, la esperanza de que esto pueda llegar a ser posible.</p>
<p>Aunque también decir que hay momentos de conflicto en que no se atisban  los resultados deseados, que los objetivos educativos propuestos se han medio cumplido y ya ni mucho menos esperar cualquier gesto de agradecimiento que no sea por mero interés; aún así, en estos casos, saco una lectura positiva de todo ello.</p>
<p>Pienso que no somos ni sus padres ni sus colegas sino personas que debemos estar de paso en sus vidas (ya que a mi parecer ningún profesional debería ser imprescindible en la vida de estos chavales) que les debemos proporcionar la mejor referencia posible, implicándonos sabiendo dónde están los tan difíciles límites y  teniendo presente, por mucho que pese, que hay casos que salen bien y otros no tanto. Tal vez, sea esto una de las cosas que más me ha costado aprender: el hecho de concienciarme que no todas las historias tienen un final feliz .</p>
<p>Por tanto, reflexionado sobre mi paso por el hogar he de decir que me ha hecho crecer tanto a nivel profesional como personal; soy consciente de que todavía me queda mucho camino por recorrer y mucha experiencia por adquirir, ya que, si algo he podido comprobar, es que es en la práctica y en el trato directo es donde se pone en juego toda esa interminable teoría aprendida que muchas veces se derrumba ante la realidad que tienes delante porque, en ocasiones, es tal la realidad con la que se trata que supera con creces lo imaginable.</p>
<p>Si hay algo con lo que cuento y espero seguir contando dentro de algunos años es con la ilusión, las ganas y en ocasiones hasta el sentido del humor para trabajar en este mundo para mí tan complicado que abarca todo lo social.</p>
<p>Así que sólo puedo decir que muchas gracias por dejarme compartir con vosotros esta experiencia tan bonita en este hogar tan especial, que realmente he aprendido cosas que no se enseñan en ningún libro y que sigaís haciendo vuestra labor con el mismo cariño y convicción como hasta ahora.</p>
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		<title>Prolog…</title>
		<link>http://www.educablog.es/2010/01/06/prolog%e2%80%a6/</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Jan 2010 21:25:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo blanco… Norte, sur, este, oeste, arriba, abajo… Todo blanco, por más que frunciera el ceño mientras colocaba la mano sobre los ojos… Todo blanco, desde mis pisadas, hasta mi sombra, fundido blanco… Como si un fuerte viento lo hubiese borrado, arrasado todo… Incluso el tiempo.
Viento y tiempo, son dos palabras que tienen mucho en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda" src="http://educablog.es/wp-content/images/201001/prolog.jpg" alt="Prolog..." />Todo blanco… Norte, sur, este, oeste, arriba, abajo… Todo blanco, por más que frunciera el ceño mientras colocaba la mano sobre los ojos… Todo blanco, desde mis pisadas, hasta mi sombra, fundido blanco… Como si un fuerte viento lo hubiese borrado, arrasado todo… Incluso el tiempo.</p>
<p>Viento y tiempo, son dos palabras que tienen mucho en común. A simple vista, comparten sus tres vocales y además en el mismo orden.<br />
Podría parecer, en principio, que esta coincidencia sólo responde al azar, pero si quitamos la piel de las palabras, vemos que desnudas, aún se asemejan más, como dos gemelas que comparten un antojo en el muslo.</p>
<p>Tiempo y viento, se funden en un baile. El tiempo sueña que es viento y que vuela sobre la tierra borrando huellas,  rostros y  momentos…<br />
Ahora sopla casi de forma imperceptible, como un susurro que va arrastrando las células muertas con un hábil movimiento, cuál prestidigitador…</p>
<p>Ahora sopla fuerte, parece que quisiera borrarlo todo, desposeerlo de su materia, hacer rodar el mundo sobre si mismo, agitarlo, descolocarlo…quiere encontrarse a sí mimo al otro lado, pero se agita en una persecución que no termina… o quizá no termina hasta que agotado, se sume en una brisa de sueños, en los que se convierte en tiempo, tiempo que corre borrando nuestros pasos, nuestros saltos y nuestros tropiezos, implacable, sin marcha atrás, y sin esperar a nadie, como un trasporte de puntualidad suiza, al que no podemos llegar ni un segundo antes ni uno después.</p>
<p><span id="more-690"></span>El tiempo lo borra todo, el tiempo es una gota que cae incansable sobre el fregadero, el tiempo es esa mirada que tú sabes que estaba ahí mismo, pero que no puedes demostrarlo. </p>
<p>Así, el tiempo o quizás el viento había borrado todo de mi mundo, ya no sólo lo que me rodeaba era blanco, sino que dentro de mi cerebro, el blanco se iba haciendo paso. Los recuerdos iban perdiendo color, fundiéndose como el granizo al sol, las imágenes se fundían en una espesa y aceitosa masa blanca,  incluso me costaba recordar mi nombre. Y eso iba siendo una señal grabe que empezaba a preocuparme. No en vano, el nombre es muy importante, es el reflejo en el espejo, sin él estamos perdidos, nos desposeen de nuestra identidad y pasamos a ser uno más en el desfile de clones.</p>
<p>Así me encontraba hasta esta mañana, bueno la verdad es que no tengo claro si era esta mañana, esta tarde o esta noche, ya que aquí el cielo siempre refleja el mismo aspecto “lacteo”. El caso es, que tú, no él que lee, sino quién está aporreando las teclas en este instante, me has rescatado del olvido, y me has llamado.</p>
<p>Como el eco que no sabemos desde donde sale rebotado y mucho menos, desde dónde se proyecta la voz que lo genera, he oído  Alex, alex, lex, lex… y como una explosión que produce un efecto en cadena, todo a empezado a recuperar su color, forma, textura y tiempo… El viento que impulsa la imaginación de mi creador, me ha llevado a recordar quién soy y lo que me ha pasado hasta ahora en mis primeros pasos como educador.</p>
<p>Ya se sabe, que cuando damos paso a un nuevo año tendemos a hacer promesas y plantearnos nuevos retos y este es tu caso ¿no?</p>
<p>De cualquier modo, y aunque reconozco que estoy un poco molesto por haberme abandonado en este mundo vacuo, admito tus disculpas y pongo ilusiones renovadas en mis siguientes pasos, en mis siguientes vivencias, al fin y al cabo, el viento, el tiempo, también dan paso a nuevas oportunidades, a nuevas construcciones…</p>
<p>Miro hacía el horizonte blanco y me parece ver aquella calle por la que caminaba. Sigo avanzando y ya no hay blanco, hay gente, ruido, olores… a mi alrededor… y me fundo en el bullicio de la ciudad…<br />
Mientras tanto, en algún lugar, una gota golpea con constante insistencia el fregadero…</p>
<img src="http://www.educablog.es/?ak_action=api_record_view&id=690&type=feed" alt="" /><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.educablog.es%2F2010%2F01%2F06%2Fprolog%25e2%2580%25a6%2F&amp;layout=standard&amp;&amp;width=450&amp;action=like&amp;colorscheme=light" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:450px;height:30px;margin-left:10px;"></iframe>]]></content:encoded>
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		<title>¿Dónde está Alex?</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 07:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>
		<category><![CDATA[Vomitonas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay momentos en los que uno deja de escribir. A mí me ha pasado un poco esto con Diario de un Educador, ese hijo predilecto en el que he volcado mi gusto por escribir.
Sin saber muy bien cómo, llevo varios meses sin continuar la historia, dejando huérfano a Alex, en pleno proceso de cambio y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda" src="http://www.educablog.es/wp-content/images/200911/escribir-2.jpg" alt="¿Dónde está Alex?" />Hay momentos en los que uno deja de escribir. A mí me ha pasado un poco esto con <a href="http://www.educablog.es/category/diario-de-un-educador/">Diario de un Educador</a>, ese hijo predilecto en el que he volcado mi gusto por escribir.</p>
<p>Sin saber muy bien cómo, llevo varios meses sin continuar la historia, dejando huérfano a Alex, en pleno proceso de cambio y dispuesto a emprender un nuevo rumbo.</p>
<p>La verdad es que es un tipo de historia, en la que tienes que invertir tiempo, muchas ganas y tener la mente medianamente clara. </p>
<p>Y quizá, como esta temporada he carecido un tanto de estas cosas, lo he dejado empantanado.</p>
<p>Si Alex tuviera más voz que la que le prestan mis dedos, seguro que se quejaría de tan mal padre.</p>
<p>En este momento, en un dilema me hallo: ¿<strong>debo seguir relatando la historia de Alex</strong>? Ni siquiera sé si alguien sigue sus pasos, si echa de menos su torpe andar. </p>
<p>Ni siquiera sé, si este vacío de varios meses ha debilitado la historia, quitándole todo interés. </p>
<p>Esta situación, me recuerda a las series de televisión que son maltratadas, relegándolas cada vez a horarios más intempestivos, e incluso apartándolas de la emisión hasta próximo aviso, como ocurrió con “Prison Break” en la última temporada emitida en la “Sexta”.</p>
<p>No sé qué hacer. Porque si vuelvo a recomenzar, no quiero hacerlo a medias, no quiero empezar, parar, y volver a arrancar.</p>
<p>La pregunta es ¿tendré el suficiente arrojo para dar el mejor Tote posible? Y ante este mar de dudas, ¿Alguien echa de menos a Alex?</p>
<p>Estoy indeciso, sobre todo <strong>en ciernes de un nuevo proyecto de B-Side</strong>.</p>
<p>Alex, ¿estás ahí?</p>
<img src="http://www.educablog.es/?ak_action=api_record_view&id=572&type=feed" alt="" /><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.educablog.es%2F2009%2F11%2F16%2F%25c2%25bfdonde-esta-alex%2F&amp;layout=standard&amp;&amp;width=450&amp;action=like&amp;colorscheme=light" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:450px;height:30px;margin-left:10px;"></iframe>]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Diario de un Educador: 17 Pasos Después</title>
		<link>http://www.educablog.es/2009/05/04/diario-de-un-educador-17-pasos-despues/</link>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 06:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de las fuerzas que me insufló Sonia en el Hattori, me presenté con fuerzas renovadas en el colegio. Pero este día me tenía reservada una sorpresa…
Por el pasillo, me crucé con Miriam como quien se cruza con los peatones anónimos, mientras tararea una canción que escucha en el Mp3.
Ya era hora de pasar página [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img class="izquierda" src="http://www.educablog.es/wp-content/images/200905/18.jpg" alt="17 pasos después" /><a href="http://www.educablog.es/2009/01/20/diario-de-un-educador-es-en-esos-momentos…/">Después de las fuerzas que me insufló Sonia en el Hattori</a>, me presenté con fuerzas renovadas en el colegio. Pero este día me tenía reservada una sorpresa…</p>
<p>Por el pasillo, me crucé con Miriam como quien se cruza con los peatones anónimos, mientras tararea una canción que escucha en el Mp3.</p>
<p>Ya era hora de pasar página y asumir que no siempre hay una solución, que <strong>no siempre puedes entender, no siempre puedes ponerte en el lugar de la otra persona</strong>.</p>
<p>Me encontraba positivo, es como cuando te levantas como enganchado por un rayo de sol, que estira de ti, te llena de luz y como con un tic movido por el inconsciente, no paras de sonreír, mientras las legañas, la cara de morsa somnolienta, la saliva reseca en la comisura izquierda, te parecen maravillosas muestras de vida.</p>
<p>Así estaba yo, con ganas de disfrutar de mi día de trabajo y de la compañía de alumnas y alumnos.</p>
<p>Después de todo este positivismo, el más agorero pensaría que algo lo iba a estropear, pero en este caso, aunque pueda parecer raro, <strong>hubo tregua</strong>.</p>
<p><span id="more-426"></span>Todo fluyo, engrasado por una fuerza invisible y en el patio estuve jugando un partido de fútbol como portero, cual pantera negra. Ganamos y se me abrazaron mis compañeros de equipo. Después, estuve hablando con Eva, Raquel y otras chicas de sexto sobre porque los chicos eran tan tontos y me di cuenta de que yo también lo era un poco. </p>
<p>Más tarde, me entretuve un rato viendo como jugaban al Magic Antonio y Miguel, Miranda me sonrió al cruzarnos en el área pequeña, y la sirena sonó rotunda, enorme.</p>
<p>La comida discurrió automática, con engranajes precisos y tintineo de loza, cristal y metal.<br />
Otro día más en el comedor, o quizá un día distinto, o quizá ese día, o quizá el mismo día que nunca es el mismo.</p>
<p>Ya estaba cambiándome de ropa, arrancándome parte del sudor impregnado en la camiseta, cuando alguien rompió mi catatonia.</p>
<p>- Alex, – dijo Isabel mientras me miraba sonriente, – Si te interesa, me ha llegado una oferta de trabajo como educador en una ludoteca en la asociación “Enocio”. ¿Te interesa?<br />
- Desde luego… (estaba un poco aturdido por lo inesperado del asunto) pero ¿sabes algo más del tema?<br />
- La verdad es que no, pero toma (alargándome un papel), te he apuntado el teléfono de la asociación.<br />
- ¡Muchas gracias Isabel!</p>
<p>Salí por esa puerta, quizá por antepenúltima vez. Seguí andando, mirando el teléfono escrito con redondeados números sobre el papel y sobre mi palma. Fijé la mirada al frente mientras sonreía.<br />
<strong>17 pasos después</strong>… el camino pareció cambiar, los adoquines eran los mismos, las zapatillas negras idénticas, con las mismas rozaduras, los calcetines a rallas, con los mismos agujeros, pero no se porque, a mí ya no me parecía el mismo.</p>
<img src="http://www.educablog.es/?ak_action=api_record_view&id=426&type=feed" alt="" /><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2Fwww.educablog.es%2F2009%2F05%2F04%2Fdiario-de-un-educador-17-pasos-despues%2F&amp;layout=standard&amp;&amp;width=450&amp;action=like&amp;colorscheme=light" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:450px;height:30px;margin-left:10px;"></iframe>]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Al Mal Tiempo…</title>
		<link>http://www.educablog.es/2009/02/11/al-mal-tiempo%e2%80%a6/</link>
		<comments>http://www.educablog.es/2009/02/11/al-mal-tiempo%e2%80%a6/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Feb 2009 06:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>
		<category><![CDATA[Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Técnicas]]></category>
		<category><![CDATA[Vomitonas]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguro que todo el mundo ha pensado el mismo final para la frase (…buena cara), pero ya me gustaría a mí poder ponerla muchas tardes.
Cuando en tu trabajo, el tiempo es un condicionante muy importante, en esta temporada de continuos temporales, ciclogénesis explosivas, lluvias torrenciales, inundaciones y más nieve que en el ártico… se antoja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="derecha" src="http://www.educablog.es/wp-content/images/200902/al-mal-tiempo....jpg" alt="Al mal tiempo..." />Seguro que todo el mundo ha pensado el mismo final para la frase (…buena cara), pero ya me gustaría a mí poder ponerla muchas tardes.</p>
<p>Cuando en tu trabajo, el tiempo es un condicionante muy importante, en esta temporada de continuos <strong>temporales, ciclogénesis explosivas, lluvias torrenciales, inundaciones y más nieve que en el ártico</strong>… se antoja poco menos que difícil esbozar una sonrisa, aunque sea leve, efímera, nimia.</p>
<p>La verdad es que es una lata, y nunca mejor dicho. En mi caso, que soy principalmente <strong>Educador de calle</strong>, es una “peazo lata”, pero aún así, te esfuerzas en seguir y buscar los recursos que puedas apañar.</p>
<p>En este trabajo, cuando nos pilla una tarde desapacible, iniciamos la búsqueda armados con nuestro paraguas fuertemente agarrado con cuidado de que el viento no descoyunte nuestra débil protección. Andamos al revés que las ranas, esquivando los charcos, si bien los vaqueros, empiezan a tener tonos oscuros fruto de la humedad. </p>
<p>Avistamos entonces, un pórtico-oasis en la lejanía y en un slalom de charcos, nos acercamos al cobijo de algunos chavales, cuando hay suerte.</p>
<p>Entonces, por lo menos tenemos un kit-kat, y podemos sonreír. Empezamos a intervenir con la <strong>cuadrilla</strong>, pero como hace tan malo y llega un compañero que se ha sacado el carné y tiene coche, se lleva a la tropa, y como los sitios están contados, nos quedamos con cobijo y sin chavales. Así, que nos armamos de nuevo con el kit antilluvia y seguimos nuestro devenir entre las calles y parques repentinamente despoblados. </p>
<p><span id="more-391"></span>Por el camino, nos encontramos con un par de chavales más, que se dirigen a casa de un amigo a echar unas partidas a la play, y cruzamos unas palabras. Es poco, pero menos da una piedra.<br />
Entonces, cuando ya empezamos a estar mojaditos, decidimos ir a un bar dónde suele pasarse un grupo de jóvenes. </p>
<p>Llegamos y un par está jugando a una tragaperras mientras otro mira el fluir de luces como hipnotizado.</p>
<p>Estoy un rato hablando con ellos, hasta que a uno le llaman al móvil… En diez minutos ya se han ido y me quedo solo, con mi paraguas en la mano y los bajos de mi pantalón empapados.</p>
<p>Ciertamente, la tarde no ha estado tan mal para el tiempo que hace y las ha habido peores, pero hay que tener mucha paciencia para aguantar este invierno sobre las espaldas.<br />
De todas formas, no creáis que estoy deprimido y que no sigo sonriendo, pero me apetecía desahogarme un poco en este espacio, cagándome en la jodida ciclogénesis explosiva y esperando a la soñada, espléndida y soleada primavera.</p>
<p><strong>Se despide, húmedo pero sonriente, el educador anfibio</strong>.</p>
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		<title>Diario de un Educador. Es en esos momentos…</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 06:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tote</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diario de un Educador]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de la desagradable experiencia con Miriam, me fui un tanto apesadumbrado hacía mi casa, con la mente nublada, difuminada en un millón de pensamientos, velos que se acumulaban entre mis neuronas. No sé si os habrá pasado alguna vez… es como si te desconectases parcialmente del mundo, como un zombi con sentimiento de culpa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda" src="http://www.educablog.es/wp-content/images/200901/katana.jpg" alt="Katana" />Después de la <a href="http://www.educablog.es/2008/08/06/diario-de-un-educador-inesperada-protagonista-ii-parte/">desagradable experiencia con Miriam</a>, me fui un tanto apesadumbrado hacía mi casa, con la mente nublada, difuminada en un millón de pensamientos, velos que se acumulaban entre mis neuronas. No sé si os habrá pasado alguna vez… es como si te desconectases parcialmente del mundo, como un zombi con sentimiento de culpa que deambula por las calles sin saber hacia dónde se dirige.</p>
<p>Así, llegué, sin ser consciente de ello, hasta la puerta de mi casa, arrastré los pies sobre el desgastado felpudo y sin hacer caso de los habitantes dispersos por las distintas estancias, fui directo al teléfono.</p>
<p>Necesitaba despejarme un poco y hablar, compartirlo con alguien. Llamé a Sonia y no me cogía, claro, estaría aún trabajando,  ya dije que no estaba para pensar siquiera en que hora era. Saqué el móvil del bolso de símil de cuero negro y le escribí un SMS: <em>ola princesa, toy 1 poco + chungo de lo normal, kiero vert e invitarte claro. Dime dnde y cuando, 1 abrazo pendular</em>. No alcancé a escribir algo más decente, pero no estábamos para mucha literatura.</p>
<p>El tiempo siguió avanzando mientras yo seguía en pantallazo azul, sin saber si tocar una tecla o reiniciar pulsando ctrl.-alt-supr. Entonces como un tortazo, el politono del móvil hizo el trabajo por mí, y leí en su pantalla: <em>Eso ta echo truhán, t spero, 19:00,   café Hattori, esquina  Marques Etién y avenida Victoria. 1 abrazo n espiral</em></p>
<p>Por un momento, incluso sonreí, y el nubarrón se disipo un tanto.</p>
<p><span id="more-380"></span>Nunca había estado allí, la iluminación era tenue, sólo los focos colgando encima de las mesas y encima de la barra ponían un poco de luz en el conjunto por otro lado colorista, con sillas rojas, verdes y amarillas, combinadas con baldosas negras y blancas y paredes moradas y blancas llenas de katanas a escala real, brillantes aún en la penumbra.</p>
<p>Me acerqué a la barra amarilla con una franja negra. En el silestone, de un negro brillante, a un lado se amontonaban revistas de artes marciales y cine, dispersos por la barra, pinchos de sushi o por lo menos de inspiración nipona.</p>
<p>Me pedí una Sapporo Para hacer tiempo y saciar mi curiosidad cervecera, más difícil sería saciar mi otra sed.</p>
<p>Mientras sonaba “Goodnight Moon”, noté sus suaves dedos jugando en mi nuca.</p>
<p>-¡Buenas, Alexiño!<br />
- Hola guapetona (se me ilumino la cara, por primera vez en todo el día, respiré hondo y sonreí)<br />
- ¿Qué quieres tomar?<br />
- Una caña, puede ser… Bueno ¿qué tal estás? Cuéntame&#8230;<br />
- Tirandiyo, no he pasado un buen día en el colegio, movidas con mi compañera Miriam…<br />
- (poniendo cara exagerada del malo de la película) Dime dónde habita esa mujerzuela y yo le daré su merecido.</p>
<p>No pude por menos que sonreír. Esto era lo que necesitaba. Todo el mundo debería tener a alguien con el que poder compartir sus caídas, sus obstáculos, sus sentimientos  y más alguien que trabaja con personas. A veces, necesitamos sentirnos leves, descargar un poco las piedras de la mochila. Solemos ser duros con nosotros mismos y aunque sea con afán de superación, si ponemos demasiado peso, nos vence y no podemos evitar caer. Es en estos momentos de precario equilibrio, en los que el salvavidas de un hombro en el que apoyarse se antoja poco menos que necesario.</p>
<p>Seguimos hablando del suceso. Sonia me alentó, me dio fuerzas y me invitó a seguir mis propios criterios sin buscar la aprobación de Miriam. No por hablar más fuerte se tiene más razón.<br />
Sabía que no me sería fácil, siempre me había tenido por un actor secundario, pero tenía claro que sin esfuerzo, no habría avance.</p>
<p>Una cámara imaginaria se fue elevando dejándonos solos a  Sonia y a mí, alejándonos de vuestros ojos indiscretos, hablando sobre las katanas, sobre Bill y sobre lo poco que le gustaba el Sushi…Pronto terminaría este momento-oasis, y estaría de pie frente a la realidad de otro día en el comedor.</p>
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