Posteado en 'Diario de un Educador'

Diario de un educador: Esa extraña sensación…

Niño cabreadoPor la noche, a veces me despertaba sobresaltado por un timbre en mi cabeza. Jadeante, me incorporaba y tras unos momentos de desconcierto, recordaba el tacto de las sábanas, la oscuridad de mi habitación y me volvía a sumir en un sueño que sólo sería interrumpido por el timbre, esta vez sí, del despertador.

No hubiese imaginado que soñaría con el trabajo, pero supongo, que ahora que éste ocupaba una parte importante en mí día a día, era normal.

Llevaba prácticamente un mes en el comedor y aunque todavía no controlaba del todo, tampoco se podía decir que no hubiese aprendido nada.

Empezaba a pillarle el tranquillo a los chavales y me llevaba bien con algunos como Ander, que era muy tranquilo y alegre, con Chema, a pesar de sus tajadas de lomo escapistas y con Silvia y Patricia, que más de una vez me echaban un cable en el comedor conteniendo a sus propios compañeros.

La bajada al patio, estaba más o menos controlada y respetaban más o menos mi autoridad, aunque todos tenemos malos días y ni ellos ni ellas eran una excepción.

Ese día me sentía un poco extraño, como si estuviese alerta. Hay días en los que parece que barruntas que va a pasar algo, miras hasta a tu sombra por si algo te pudiera revelar.

Yo ese día, sentía un cosquilleo, no sabría explicarlo, pero era nítido y claro.

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Publicada por Tote el 4/04/2008
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Diario de un Educador: Mi primera reunión en el Manolo G

Mi primera reunión en el Manolo GEsta vez, el escenario elegido fue distinto; el Café Manolo G, distinto nombre, iguales protagonistas. Sonia jugaba a enroscar y desenroscar un rizo en un bucle sin fin. Sus ojos mostraban un brillo más allá de la propia atención. ¡Quién sabe! Yo, desde luego, no me aventuraba aún a descifrar dicho código-brillo. Pero estaba ahí delante, y todo parecía rodar como una rueda cuesta abajo. Lo importante era estar, no esconderse y mirar esos ojos…

Mientras sonaba “Nunca el tiempo es perdido”, mis palabras desfilaban desordenadas contándole a Sonia la primera reunión de coordinación a la que había asistido desde que empezara en el comedor…

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Publicada por Tote el 10/03/2008
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Diario de un Educador: Un maldito balón en medio del patio

BalónTras mi primera semana en el centro, poco a poco fui sintiéndome más integrado. Mis compañeras pasaron de ser sonrisas anónimas a ser caras con nombres e historia. Así por ejemplo, Carmen, que estaba con 2º A, había terminado educación social hacía más de tres años, pero a falta de algo mejor, llevaba algo menos de 2 años en el comedor. Era sonriente y positiva. Desde que la vi, me entró por buen ojo. No sé si os pasará a vosotros y a vosotras, pero hay veces que con una primera mirada, parece bastar para saber de qué tipo de persona estamos hablando, como si hubiese personas que dejasen en sus pupilas la puerta abierta hacia su interior. En cambio, hay otras, como el caso de Miriam de 3º C, que por más que mires y remires, no alcanzas a ver que hay detrás, es como un espejo que refleja todas las miradas. Y el caso es, que Miriam se mostraba afable, con una conversación fluida, pero parecía ocultar algo, era como si alguien en mi cabeza me dijese, ”- ¡esto no es todo amigos!”

En mi segunda semana, también fui haciéndome con las y los chavales. Nunca se me ha dado bien quedarme con los nombres, pero no había cara que no almacenase en mi CPU. Los comentarios interrogativos de los primeros días preguntando sobre mi procedencia fueron cesando y empecé a conocer más chavales además de a Chema el ilusionista de las tajadas de lomo. A tal efecto, la hora de patio era el espacio más adecuado, ya que estaban más a su aire, jugando aquí y allá, y había más oportunidades de acercarse y charlar un rato.

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Publicada por Tote el 20/02/2008
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Diario de un Educador: Primera Semana

PilloLa primera semana de trabajo la pasé en una nube rápidamente impulsada por un viento huracanado. Casi por inercia, sin haber sido consciente de mis actos, había llegado el timbre que marcaba el inicio temprano de mi fin de semana.

El trabajo había ido más o menos igual toda la semana. Aún no me había hecho con las riendas de la situación. Isabel llevaba la voz cantante y yo era un mero coro en mi menor. De hecho, hoy mismo, un chaval de cara avispada, Chema, me la había jugado bien. No quería comer un par de filetes de lomo, que dicho sea de paso, no tenían muy buena pinta. El caso es, que finalmente me tuve que quedar con él una vez que todos marchasen en estampida hacía el patio, hasta que por lo menos se comiese una de las dos tajadas.

Pasado un tiempo, Chema me pidió por favor que le trajese agua para poder tragar su trozo de suplicio. Acto seguido, cogí la jarra para llenarla en la fuente que había dentro de la propia sala.
En cuanto me di la vuelta, ¡Oh sorpresa! Una de las tajadas había desaparecido dejando huérfana a su compañera sobre la loza blanca. Acto seguido, Chema, con una sonrisa abierta en su rostro, me pidió permiso para reunirse con sus compañeros en el patio después de haber engullido su indeseable presa.

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Publicada por Tote el 7/01/2008
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Diario de un Educador: 1,2,3…¡Acción!

EscaleraComo una bandada de palomas asustadas, mis compañeras de trabajo revolotearon alrededor de la mesa, despojándose aquí y allá de sus ropas, sonriendo algunas, saludando otras, con la mirada perdida, nerviosas, más de dos.

Ahí delante estaba Isabel con cara sonriente, sus mechas le caían en rizos sobre su rostro, ocultándolo en parte y dando como resultado un tic característico cada 30 segundos aproximadamente, como quién corre una cortina.

- Soy Isabel, tú debes de ser Alex. Ayer me comento Ander que vendrías.
- Así es, estoy un poco nervioso, no me han explicado mucho..
- (Cortándome) Tú tranqui, que pronto cogerás el tranquillo, pregunta lo que quieras, vamos a estar los dos juntos todo el rato, así que ¡No problem!
- Muchas gracias, se agradece, y me gustaría…
- (Cortándome una vez más) Ahora tenemos prisa, me vas preguntando, tenemos que recoger a los de nuestra clase y bajarlos al patio.

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Publicada por Tote el 9/11/2007
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