Un padre que no puede convivir regularmente con sus hij@s es una realidad indeseable que en ocasiones se produce con mayor asiduidad de la que nos gustaría. En estos años de profesión he visto a varios trabajadores sociales y técnicos de infancia, prolongar oportunidades y rebuscar un halo de responsabilidad familiar en ámbitos casi inhóspitos y hasta puntos de no retorno. También puedo afirmar de este periplo, no haber visto a ningún profesional de los antes mencionados disfrutar o naturalizar la ejecución de un ingreso residencial relacionados con menores.
Recientemente aterrizaron en el hogar de acogida los padres de Patxi, con la sana intención de realizar su visita semanal, pero esbozando una sonrisa especial no vista en ocasiones anteriores. Para un educador positivista y constructivo que se precie, no hay mejor manera de iniciar una visita: unos padres gozosos y alegres con ganas de reencuentro y un hijo expectante con ganas de devolver ese compromiso.
Noche lluviosa (no podría ser de otra manera, ¿verdad?) para degustar una de esas películas con pocas referencias pero muchas incógnitas. Incluso me atrevería a decir, ingenuamente, que cualquier película cuyo título no nos chirríe a los oídos y sea proyectada en el viejo Multicines bilbaíno de la calle José María Escurza, tiene un plus de motivación al contemplarla. Son de esas salas, recientemente remozadas, que no huele a palomitas y cuyas paredes aún guardan viejas historias cinéfilas de la más alta graduación.
La película no defrauda. Al contrario, es una hermosa historia de tradiciones, cultura, religión, educación y mucho amor, en el marco incomparable de un pueblo rural cualquiera situado entre el Norte de África y Oriente Medio.
Por ello y aunque en Educablog no nos prodiguemos últimamente por recomendar o sugerir películas que pudiesen tener una temática social tan acentuada y acertada, os invitamos a que la disfruteis. Y es que las otras películas del día: “Partido del siglo parte VIII”, “Mouriñeitor Vs. Guardiolator” o “El Athletic contraataca” ya las tenemos muy vistas.
PD: Se la dedico encarecidamente a todas las mujeres y en especial a las que nos tildan en ocasiones a Educablog de no reflejar las problemáticas femeninas. Y es que a un servidor las problemáticas femeninas y masculinas, me siguen pareciendo las mismas: dificultades de tod@s.
Somos una profesión cada vez más fuerte. Esto es indudable. Contamos con nuestra titulación (primero Diplomatura, ahora Grado), con nuestros Colegios y con nuestra base teórica. Una base teórica que se nutre de diferentes ramas o especialidades y que, como no puede ser de otra manera, alimenta nuestra práctica.
Con más de 10 años de dedicación en esto de la Educacion Social a mis espaldas, me veo capaz de describir la evolución que, bajo mi punto de vista, he visto. Nada más y nada menos.
Suena dura, ¿verdad? La declaración del título, digo. No suele ser habitual que alguien exponga públicamente su incapacidad o incompetencia para desempeñar una determinada labor. No estamos acostumbrados fundamentalmente por el miedo a las consecuencias sociales, por la inquietud que nos genera ser reconocidos o tachados como fracasados o fracasadas. Y, en este caso, de ese miedo al “qué dirán” no nos libramos ni las Educadoras ni los Educadores Sociales por muy Educadores y Educadoras Sociales que seamos. Uf, sólo de imaginar qué pensará mi coordinadora, mi compañero de programa grupal o la Trabajadora Social con la que me coordino, me pongo malo.
Pero, hete aquí que, aún con todo, la Educación Social también es diferente en este sentido; sobre todo y fundamentalmente en la relación socioeducativa con las personas con las que trabajamos. Pongamos un ejemplo práctico para explicarlo.
El decreto 1424/1991 del 30 de agosto señala cómo ámbitos de intervención de la Educación Social:
• La Educación no formal
• La Educación de adultos
• La inserción de personas desadaptadas
• La inserción de personas minusválidas
• La acción socioeducativa
Cuando alguien piensa en Educación Social, ¿en qué piensa?
Es posible y hasta probable que nosotros mismos tendamos a pensar en la Educadora Social, en el Educador Social como “salvador de causas perdidas”. Donde no llega la Educación reglada que llegue el Educador Social. Si trabajas con jóvenes, debes de conocer a lo peor de cada barrio, si trabajas en toxicomanías, con los peores “yonquis” tratarás, si en un piso estás, con los más piezas convivirás, si con inmigrantes trabajas, los más “marginados” han de ser…