SI LAS MUJERES ENTENDIERAN….por Jess Brown...

Se asomaba recientemente, en este universo mágico de internet y las RRSS en ocasiones selva mediática, un texto curioso de la escritora Jess Brown, donde disertaba desde su posición como mujer, en relación a cierta intimidad genérica de los hombres. Como todo texto que circula por la Red, fue tan apaludido como vilipendiado, por lo que Educablog se puso a gestionar, una posible (y hoy real) colaboración de una educadora social, la estimable Malu Bizcocho Antunez, para que nos analizase critícamente y desde la perspectiva de género, dicho relato. Aqui les dejo con el certero, rudo y en ocasionees clarividente, texto de la compañera Malu. Espero que lo disfruten. Si las mujeres entendieran – Análisis desde la perspectiva de género Como suele decirse popularmente: “no te preocupes, ocúpate”. Siempre me gustó ese dicho porque transmite algo que si entendiéramos realmente, sería maravilloso y muy útil para nuestras relaciones interpersonales y de las personas consigo mismas. Si lo entendiéramos realmente, tomaríamos la responsabilidad individual y viviríamos desde ella, sabiendo distinguirla de la “culpa”, concepto ancestral, ligado a las religiones, y enraizado en nosotras y nosotros hasta la médula. Este artículo no me ha sonado a responsabilidad individual, me ha sonado a culpa. Además, a una culpa combinada con sus eternas acompañantes favoritas: las mujeres. Para comprender este análisis de texto es imprescindible estar en disposición de plantearnos lo que creíamos inamovible de nuestros ideales, y estar en disposición de sentir al Feminismo como un movimiento digno de enseñarnos muchas cosas. Asimismo, para hacer más comprensible este análisis, señalaremos los elementos que se contraponen a la Igualdad encontrados en este texto de Jess Browne, y luego parafrasearemos y justificaremos los porqués. – En primer lugar, observamos que el carácter del texto es hetero-normativo, y que está...

Socializando las pérdidas...

A nadie escapa, que en los últimos dos meses, tanto a nivel estatal pero en Bizkaia especialmente, han acaecido distintos incidentes de carácter gravísimo, con el nexo de unión de juventud y parte de infancia, entre sus protagonistas. Aunque a decir verdad, en realidad si se le ha escapado a alguien. A un alguien tan representativo como sus cargos debieran indicar. Siempre hay personas, principalmente aquellas que forman parte directiva de las pertinentes administraciones intervinientes, que ni siquiera se han atrevido a dar el perfil. Que un representante de la ciudadanía, en los distintos estratos administrativos en los que concurran, se niegue a salir a informar y analizar lo que acontece en su villa, provincia o comunidad autónoma ante la opinión pública, merece cuanto menos una valoración de irresponsabilidad en toda regla. Es de justica subrayar la honrosa excepción de Dña. Mónica Arias, Fiscal Delegada de Menores; nos convenciesen o no posteriormente en mayor o menor medida sus explicaciones aportadas. Bravo. Ese posicionamiento avestrucil, impregna como no podía ser de otra manera, de cierta dejadez institucional y una manifiesta y posible reducción de daños políticos colaterales. Recuerden aquello de “no remover …” o aquella otra “recomendación” de un representante zamorano a un equipo socio-educativo: “Aquí no estamos para dar titulares. Estamos para evitarlos”. No le sorprenderá a nadie del ámbito social, que una vez transcurridos los hechos tan penosos y enormemente graves provocados por personas con minoría de edad legal (más que suficiente para responsabilizarse penalmente de sus actos), las distintas maquinarias gubernamentales conectadas con el ámbito de la Infancia y Juventud, principalmente circunscrita al entorno de la dificultad social, se han puesto a trabajar. A partir de, aunque se nos llene la boca hablando de la prevención. Las mismas maquinarias autocomplacientes, que meses...

Educación Social, no estoy bien

Necesito parar. No se lo he dicho a casi nadie, pero lo necesito. La educación social es una ciencia que históricamente se ha alejado del mundo de la salud, pero que necesariamente convive con ella en multitud de proyectos. No se si por esta u otra razón, nos alejamos de nuestra propia salud como profesionales y de la importancia que tiene en nuestra labor, temas como el autocuidado, el trabajo en equipo (no nombrarlo, sino desarrollarlo y ponerlo en práctica), la protección de los equipos, el trabajo relacional, los espacios de respiro y la regulación emocional. No quiero resultar tan tremendista como recientemente exclamaba un educador social madrileño, quien comparaba nuestra profesión con “el riñon de la sociedad”. Vivimos momentos muy duros, difícilmente digeribles, nos produce malestar en ocasiones parte de nuestra tarea reeducativa y contenedora. Eso es indudable. Y aún relevamos a un plano excesivamente secundario, el autocuidado o el maltrato físico e institucional que en ocasiones sufrimos las y los educadores sociales, en el desempeño de nuestra labor profesional. Cotidianamente tema tabú e invisibilizado, cuando no minimizado. “No hay tiempo” “Son cosas menores” “Las verdaderas dificultades son las de los chavales/as, no las nuestras” “Los problemas de nuestros/as residentes son mucho mas relevantes y acuciantes” “Eres el cuidador, no puedes permitirte estar mal o decaer” “Necesitan que estés, más que tu ausencia” “Aquí estamos para currar” “Hay que ser fuerte” “Recuerda que eres un referente” “Tienes que dar ejemplo” “Es una temporada, después vuelves a estar bien” “Se pasará” ¿Pero realmente nos hemos curado? O,¿solo lo hemos tapado y pospuesto para una posterior ocasión? Hasta la siguiente caída o bajón: un año, dos, quizás tres en el mejor de los casos. ¿Han oído o sentido, algunas de estas alocuciones en sus centros de trabajo? Después de casi veinte años en el oficio, he visto, compartido e incluso sufrido, estadios propios y de compañeros/as muy acusados/as, donde pareciera que es el profesional el culpable de su propio estado y malestar. Educadores sociales que necesitan de acompañamiento terapéutico, educadoras sociales con acompañamiento farmacológico, otros con Burn-Out, los peores con lesiones óseas y fibrilares, educadoras sociales con estrés …. Tus compañeros/as te escuchan, se acercan y te recogen. Suele haber empatía, saben de lo que hablas, no deja de ser el mismo idioma (y vivencias) de la propia acción social en si misma. Tu empresa, asociación, fundación o patronato, en el mejor de los casos, te escucha. Se nota la distancia, mucho menos calor. Protocolaria. Aceptan tu consideración, no la refuerzan y dejan en tu mano su posterior desarrollo. No te suele cuidar, no le corresponde como entidad, no vaya a ser que se despendole el personal. Las cuentas tienen que seguir saliendo, sino se cierra la persiana. Es más una cosa particular que general, aunque casi la totalidad de los equipos estén hechos unos zorros. No se aún cuando, pero tengo que parar. Salvo rara excepción, no se suelen detectar “estas anomalías”, resorte suficiente para defender que nadie te puede ayudar, sino pides ayuda. Lo compartes y te das cuenta, que muchísimas compañeras y compañeros están en la misma situación que tú. “Yo tuve que parar 3 meses. Y me ayudaron mucho, sobre todo mi jefa” me dijo uno. “Tienes que mirar el dinero. Como andáis de tela y si lo necesitáis mucho” me dice cariñosamente otra, no sabiendo que esta ejemplificando un chantaje. Sabemos que desde alguna Comisión Deontógica se esta trabajando con esta temática y agradecemos la disposición mostrada. Pero creemos, que necesitamos más. Dentro de las propias organizaciones y su defensa sin condiciones de la salud laboral, en mayúsculas, desde las instituciones protectoras y de control (inspecciones de trabajo, secciones sindicales de trabajadores, institutos autonómicos de salud y prevención, Mutuas …). Ilustraciones: Pawel...

Ya que me lo preguntas, querido… Conato de respuesta sobre la violencia protagonizada por menores...

Pues ya que me lo preguntas, querido pariente… ya que me lo preguntas, querida amiga… pues algo tendré que deciros, sí. Inquirís alarmadas por los últimos episodios violentos en los que han estado implicados menores de edad en nuestro entorno. Unos sucesos trágicos, impactantes. Y me preguntáis, por wathsapp, tomando un café, a ver qué está pasando, que a ver qué opino, si es normal esto, si se nos ha ido de las manos, que a ver qué hacemos con los angelitos (sic) a los que atendemos… etcétera. Y me lo preguntáis también, claro, ante los cientos de páginas, ante los numerosos artículos, frente a las numerosas conversaciones en la cafetería o en la pescadería… entiendo que lo hacéis buscando encontrar algo de claridad ante tanta maraña de opiniones… entendéis, supongo, que por el hecho de trabajar diariamente con chavales y chavalas, puedo aportar esa claridad que demandáis, que podré dar respuesta a la necesidad de explicar lo inexplicable… pero, ¿sabéis qué? Las respuestas no son fáciles, queridos. Siento informaros que, en estos casos (como en muchísimos otros), no hay varitas mágicas ni soluciones al alcance de la mano. Además, a pesar de ser expertos y expertas, también necesitamos digerir lo que está pasando. Leer, escuchar, hablar, tratar de entender. Pero bueno, ya que me lo preguntas, querida familiar, ya que me lo preguntas querido amigo… expondré una especie de vomitona que, con el paso de los días, he ido acumulando y que, espero, os pueda (y me pueda) servir… espero poder contestaros a algo de lo que nos planteáis en las siguientes líneas, aunque, como os decía, no os pueda dar grandes conclusiones o remedios y, además, quizá ni siquiera estéis de acuerdo con algunas de las cosas que leáis… Preguntáis, por ejemplo:...

PROTOCOLOS: Una silenciosa máquina de abandono social. Parte II...

Andrea es una joven castellonense de 20 años, dispuesta a disfrutar de la vida y de su familia. Pronto se acercan las navidades y en esas fechas, pretende pasarlas con los suyos, en un entorno más cálido y cercano, alejada a ser posible del reciente tormento relacional que ha padecido. Es 13 de Diciembre y nuevamente, acaba de recibir amenazas y un intento de atropello por parte de su expareja, un joven de 22 con varios capítulos actuales y pasados de violencia machista. Decidida, se dirige a la comisaria de Policía más cercana y pone en conocimiento de las autoridades competentes, dichos sucesos. 10 días más tarde, Andrea yace empotrada en una gasolinera, al ser raptada por su asesino y expareja; y estrellar este deliberadamente su coche. La maté porque era mía, que diría la canción. Y es que en España, parte de nuestra literatura escrita tradicional y musical, sigue teniendo la bochornosa honra de estar en vigencia. La conciencia y cultura machista más rancia y abominable, como herencia de nuestro pasado más turbio y segregador. 10 días. Ese es el nuevo marco temporal de la vergüenza. Y en medio, hordas de datos y estadísticas para arrojar mas confusión y bochorno a la historiografía del suceso: en la actualidad el ratio de protección policial establecida para personas en situación de riesgo es de 1 Policía por cada 70 mujeres (por cada 20, en el mejor de los casos, según la CCAA), el incumplimiento de ordenes de alejamiento por parte de los maltratadores sigue estando en niveles desproporcionados, los Juzgados especializados en violencia de género han cumplido diez años desde su fundación y continúan con un excedente de expedientes bastante importante, trasladándonos de alguna manera a la fatídica ambivalencia Justica tardía, justicia baldía. Un policía,...

PROTOCOLOS: Una silenciosa máquina de abandono social. I...

Aurelia tiene 64 años y reside en un centro para personas mayores. Aquejada de unas dolencias, es trasladada en ambulancia al centro hospitalario de Úbeda (Jaén). Hasta allí es acompañada por una profesional de dicha residencia, quien realiza la gestión pertinente de entrada en el registro de Urgencias de dicho centro. 12 horas más tarde, Aurelia fallece: tumbada en una camilla de las Urgencias hospitalarias, sola, sin ser atendida, “ni localizada”. La triste noticia se asoma en estos días de felicidad artificiada, donde los reencuentros familiares y ejercicios de solidaridad composturado, van casi de la mano. Mientras los procedimientos judiciales deberán arrancar para dar respuesta a nuestra mecánica institucional, la reflexión moral y social necesaria, parece abocada a la afrenta exculpatoria, cuando no al escapismo más despreciable. No nos engañemos, desde el conductor de la ambulancia, hasta el personal residencial acompañante, la dirección de dicho centro, el personal administrativo sanitario de urgencias, pasando por el personal médico : celadores, auxiliares, enfermeros o médicas hasta los órganos rectores hospitalarios llegando incluso a los responsables políticos de Sanidad (autonómicos y estatales) , nadie absolutamente tendrá un llanto o motivo de autocrítica por la perdida de Aurelia. La más que (re)probable acción reflexiva recurrente, será la de definir cartográficamente en que eslabón de la cadena procedimental o protocolaria, tuvo lugar la fatídica disfunción por la cual Aurelia, permaneció sola y doliente en un centro sanitario durante medio dia. O como pérfida y castizamente relata nuestra literatura popular autóctona, puede sonarnos a aquello de entre todos la mataron y ella sola se murió. No es un caso aislado, por mucho que los procedimientos y protocolos que inundan nuestra geografía, hayan tenido a bien, solventar cientos o miles de problemáticas y casuísticas sociales o humanitarias. Son las formas, idiota....