Posteado en 'Reflexiones'
Nombres propios: Los pequeños detalles, se tornan en grandes cuando uno le encuentra sentido y analiza el contexto. Me explico.
Cristina Fernandez de Kirchner, es Cristina. Diego Armando Maradona es Diego. Eva Peron fue Evita. Carlos Menem es Carlitos y Ernesto Kirchner es K. Las personas, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, parece que llevásemos una docena de apellidos a cuestas: Asier el de las golosinas, Asier el monitor, Asier el bromista, Asier el educador, Asier el parsero, Asier el loco amable, etc, etc.. .A veces, me gustaría ser sólo Asier, como en la Argentina. Con naturalidad y simpleza. Porque, en ocasiones, los apellidos se confunden y acabas haciendo (y acaban reclamándote), más cosas de las que nos pertenecen, ¿verdad?
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Publicada por Asier el 25/07/2008
Categoria: Diario de un Educador, Vomitonas, Reflexiones
Y llegó la hora, antes de lo anunciado, antes de lo esperado, pero de todas formas previsto.
Hará cosa de un mes y medio, me lo adelantó la directora:
– Tienes que ir decidiendo dónde te vas a quedar a trabajar.
Como os conté en el artículo ‘Trabajar en mi pueblo’ hace ya casi un año, tuve que decidir si trabajaba donde yo vivo, y acepté el reto sabiendo que esta decisión, como toda decisión, iría encadenada a otras sucesivas. La más importante, y es la que da sentido a esta entrada, es la de decidir definitivamente, si voy a trabajar a jornada completa en mi pueblo, o en su defecto en otra localidad.
Tomar decisiones, siempre es complicado y nos podemos devanar los sesos en infinitas cadenas de aspectos positivos y negativos, que ahora declinan la balanza hacia un lado para al de unos segundos inclinarse al otro.
Muchas veces, nos empecinamos, ya que llegamos a cogerle el gustito, en no decidir, en vivir al filo de la decisión sin llegar a tomarla. Yo mismo he tenido temporadas así, en las que no me comprometía con nada en cuerpo y alma. Me comprometía a pequeños trocitos sin tener por ello grandes expectativas en los diferentes frentes.
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Publicada por Tote el 23/07/2008
Categoria: Reflexiones, Educación Social
A falta de estímulos pedagógicos (y siguiendo los sabios consejos de mi hermano Tote de disfrutar cada momento al máximo y olvidarnos por estas fechas de la profesión), las largas demoras temporales en los trayectos y en la rutas, las descargo en el análisis sociológico de la Argentina, como cualquier otro voayeur frustrado que se precie.
Abrazos terminales: En una de las ultimas visitas a Barcelona, me topé de bruces con un señor que colgaba de su pecho un cartel enorme que rezaba algo así: REGALO ABRAZOS. La gente lo miraba atónita y pasaba a su lado, harta perpleja por el mensaje y la forma tan original. La más atrevida se acercaba y gentílmente lo abrazaba. Intercambiaba un cálido abrazo junto con una cómplice sonrisa. No había trampa ni cartón, naturaleza humana en estado puro. Por la parte trasera del cartel, una vez que te despedías del susodicho, podías leer el reverso del cartel, el cual narraba una leyenda de la cantidad de malos entendidos, guerras, disputas… que existen entre seres humanos, por no ejercitar el noble arte del abrazo o la cordialidad, entre otros.
Acá en la Argentina, el deporte rey no es el fútbol, mal que le pese a Lucce y al Loco Gatti, arquero sexagenario de Boca, que gambeteaba como el más grande. El arte patrio es el beso y el abrazo terminal. Lo llamo así porque su uso, aunque no restringido, tiene tintes de deporte nacional, muchísimas mas veces en las terminales, tanto de Aviones como de Ómnibus.
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Publicada por Asier el 18/07/2008
Categoria: Reflexiones
Hay veces que, de verdad, pienso que en nuestra titulación nos podríamos haber ahorrado muchos créditos, mucha pasta, muchas horas de estudio y mucho yo que sé qué más. Hay veces (muchas) que, por lo menos en mi curro como Educador Familiar, no aplico prácticamente nada de las muchas teorías que pudimos estudiar, que no llevo a la práctica la técnica de no sé qué autor relativa a x historia… situaciones en las que determinada tendencia socioeducativa no tiene nada que ver con el conflicto que una madre tiene con su hija adolescente…
No sé si me explico y, por lo tanto, lo mejor es que vaya directamente al grano: hay veces que, trabajando como Educador Familiar, como Educador Social, doy orientaciones o transmito consejos a la gente con la que curro para las que no creo que haga falta ser Educador Familiar o tener la titulación de Educador Social. Son sugerencias que no surgen de mis conocimientos académicos, teóricos, de mi preparación universitaria, si no que provienen del más estricto sentido común.
Ay, el sentido común, esa difícil técnica, esa complicada habilidad… No, en serio: a veces me resulta dificílismo entender por qué al padre de un teenager se le ocurre premiarlo dándole 20 pavos de paga después de que le ha pillado fumando porros (y ojo, es algo que no permite o consiente el susodicho progenitor)… Me resulta difícil y, evidentemente le oriento para que no lo haga o no lo vuelva a hacer. Y entonces pienso que para dar esa pauta concreta no hace falta tener un máster del universo en teorías sistémicas intrafamiliares freudianas. Creo que la respuesta que debería dar ese padre es de sentido común.
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Publicada por lucce el 17/07/2008
Categoria: Técnicas, Reflexiones
No sé si será el caso de algunos y algunas de vosotros, pero algunas de mis compañeras y compañeros, sobre todo las que trabajan en locales de jóvenes, tienen este problema.
Sus programas, según las instituciones, son necesarios durante el curso escolar, es decir, entre octubre y junio y en verano al no ser precisa su existencia, se prescinde de sus servicios.
Dicho así, queda muy bonito, pero la realidad es que están al menos dos meses con vacaciones, pero con vacaciones no pagadas, con vacaciones forzosas.
Por un lado, ellas verbalizan que está muy bien tener esas “vacaciones” largas, pero por otro, como está claro, el no tener un sueldo esos meses, les limita mucho en cuanto a sus planes. Te comentan, que si se quieren ir de casa, cómo lo van a hacer, que tienen gastos y que no les da. Vamos, que muchas de ellas, acaban buscándose un trabajillo para el verano para cubrir ese vacío presupuestario.
Y de todo hay: muchas emprenden la aventura de campamentos, de colonias urbanas otras y si acaso sustituyen algún educador o educadora por las vacaciones estivales en algún centro o quizá una casa de acogida.
Como os haréis una idea, esta situación acaba por cansar a la mayoría. Esa incertidumbre de si seguiremos en octubre o si no contarán con nosotros, que no siempre es seguro, hace que muchas profesionales no se comprometan con el trabajo e intenten buscar mejor suerte en el mundo laboral.
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Publicada por Tote el 10/07/2008
Categoria: Reflexiones, Empleo, Educación Social
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