Se hacen carne. Yo siento un escalofrío....

Cuatro chicas jóvenes, insultantemente jóvenes, se sientan en primera fila. Llama la atención su presencia entre gente más talludita. Destacan por su actitud graciosa, jovial, entretenida frente al rictus más académico del resto de los presentes. Sorprende también que estén ahí, delante del todo, prestas a escuchar e intervenir. El rector de la facultad es el primero que empieza a hablar. Clásicos mensajes protocolarios de bienvenida y agradecimiento. Ellas mantienen el tipo y salvo algún que otro cuchicheo, se mantienen en su sitio, tanto en un sentido literal como figurado. Después toma la palabra el representante del Colegio. Su tono adquiere tintes más emotivos y parece que afecta a una de las chicas. Posteriormente, hablan los Educadores. Explican el proyecto y detallan una de las historias. Ahí ya la chica que empezaba a emocionarse se rompe del todo y llora a moco tendido. Ella y las otras son las protagonistas de la historia, de la Edusohistoria. Acaban de hacer carne unas páginas impresas. Yo siento un escalofrío. La chavala también quiere expresar unas palabras. Nostálgicas, de gratitud. Vívidas. Acaba ella y acaba el acto. El grupo recupera la compostura, su compostura, su cachondeo, su comportamiento divertido. Y tal y como vinieron se marcharon, con un libro bajo el brazo y con la sensación para este que escribe de que algo gordo había sucedido esa tarde en el salón de actos de la facultad. ___________________________ Es una mujer madura, enjuta pero de buen aspecto; un poco encorvada pero con un porte digno. Entra en la sala y busca a Arantza con la mirada. Se encuentran y se abrazan. Y hablan bajito. Yo sé que es ella. Ni siquiera me había imaginado cómo sería la madre de Hache y ahora la tengo a escasos metros. Enseguida...

BALADA DE TIERNA INFANCIA...

Vivimos tiempos acelerados y de consumos masivos. Y aunque muchos profesionales de la educación social, nos resistamos a reconocerlo, los propios protagonistas de nuestras historias profesionales y sujetos de intervención a la postre, no pasan por el mejor de los momentos reconocido. Reflexiono, le doy mil vueltas y choco con una tendencia, que me da miedo por el abismo a donde nos dirige: la dificultad de sintonizar con la dificultad, el dolor y los deseos de las personas para las que trabajamos. El frontón institucional (autodefinido como protector), asiste a mi parecer de manera muy notable, pero no transforma. La eterna dicotomía entre el Asistencialismo y Proactivismo. Para mejor desarrollo, destaca este artículo fantástico de Ana Lima, presidenta del Consejo General del Trabajo social, publicado recientemente en el Pais. No es por falta de empatía o no querer lo mejor para dichos educandos. Se trata de una espiral científica de difícil conjugación donde entran: personas, plazas, ratios y cifras de contención en el servicio. En definitiva, cantidades antes que cualidades. Y entre tanto acelerón y algoritmos Gaussnianos, rescato de estas últimas semanas laborales una instantánea que me esboza una sonrisa y me alivia de alguna manera, acercándome a la emoción y esa sensación indescriptible del vínculo: un joven institucionalizado desde hace 4 años, regresa a su hogar familiar, aunque sea solo puntualmente. Mas de 1200 días donde la sombra y las cerraduras, se apoderaron de su mundo interior. Del sentido de pertenencia. No les espera nadie físicamente, pero emocionalmente está todo allí presente para él: su habitación, su barrio, sus antiguos libros y objetos obsoletos de la infancia y sobre todo, sus recuerdos. Un diploma del Conservatorio y el certificado de músico profesional de su madre, cuelga sobre un hermoso piano color caoba que...

QUÉ DIFÍCIL ES CUANDO TE TOCA A TI...

Me encuentro en un debate interno sin saber muy bien qué hacer. Hace unos días una persona bastante cercana me relató desolada una situación insostenible que estaba viviendo. Era un bucle de problemas que había estado tapando por tiempo insospechado y estaba haciendo mella en ella. Realmente no me sorprendieron los problemas que me comentaba entre sollozos. Por desgracia, son cotidianos en la educación social. Una madre con un hijo mayor de edad el cual tiene un trastorno mental diagnosticado y con medicación (que se la tome es otra historia), que desde hace 9 años tiene problemas de robos, consumos de marihuana, agresividad verbal e intimidación entre otros. Ella ha ido tapando todas las fechorías y delitos para que su marido no se enterase y echara a su hijo a la calle, pero en este momento está siendo chantajeada con cierta agresividad por su hija con contarle todo a cambio de dinero. Después de escucharla con atención y ella pedirme encarecidamente que no se lo cuente a nadie y que no hagamos nada, me planteo qué solución se puede dar a una persona que está sufriendo así. ¿Echar a su hijo de casa?, ¿Denunciar a su propia hija?, ¿Contar todos los problemas tapados para acabar con el chantaje? Y si así hiciera ¿Se acabaría el chantaje y los problemas? En ese momento empecé a ver lo difícil que es tratar un tema así desde tan poca distancia, y a tener un debate moral entre lo que creo que debería hacer y lo que estoy haciendo. Me veo dando consejos a esa mujer presa del pánico, de lo que debería hacer, de dónde debería acudir, pero no se cómo pasar a la acción. Creo que si actúo destapando ese entresijo de problemas le puede repercutir...

Difama que algo queda (una vez más, al respecto de las Ayudas Sociales)...

Admito que he dudado mucho en si publicar la foto que encabeza este post o no. Es más, he dudado mucho en si escribir esta entrada o no. Las razones que me inclinaban a no hacerlo eran las de no seguir dando pábulo a lo que puede que sea un fake. O, en caso de no serlo, a no alimentar una corriente de opiniones interesadas y capciosas al respecto de una imagen que para muchos parece corroborar algo así como que los perceptores de ayudas sociales extranjeros viven muy bien a nuestra costa. Pero ha sido precisamente el encontrarme desde ayer, día en el que empezó a circular de forma viral el supuesto recibo de cobro de una cantidad económica en concepto de Renta de Garantía de Ingresos (RGI), con cientos de comentarios despectivos, algunos racistas y otros claramente ignorantes que me han empujado, finalmente, a hacerlo. Como digo, en la foto que acompaña este texto, se lee que una persona ha cobrado una cantidad de 2.415 euros en ayudas sociales, concretamente la RGI. Efectivamente, es una cantidad elevada. Una cifra que para muchos mileuristas o para cualquier otra persona es llamativa. Y me parece lógico que chirríe algo así cuando no se sabe muy bien cómo funciona esta historia. Recuerdo que cuando yo trabajaba como Educador Social en los Servicios Sociales municipales, una de las labores que nos tocaba hacer con algunas familias era la de hacer un acompañamiento o asesoramiento a la hora de administrar la economía familiar. En muchas ocasiones, la principal fuente de ingresos provenía, efectivamente, de las ayudas sociales de las que eran acreedoras por derecho. Normalmente, cuando era la primera vez que se cobraba este tipo de ayudas, se daba la situación de que estas familias se encontraban...

De vuelta y media

Soy de los que les cuesta volver. Reconecto la clavija y como flotando voy moviendo los músculos a ritmo pesado y lento como un astronauta sobre la superficie lunar. Tampoco soy de los que muestran una euforia inusitada por la vuelta, emocionados e ilusionados por el paisaje que se despliega ante sus ojos. Más bien, me siento intranquilo, con nervios en el estómago y afloran las conocidas inseguridades que van de serie en el equipamiento del que escribe. Como tantas otras veces, sigo un ritual para reintroducirme en la piel de Educador, me siento en el despacho, conecto el ordenador y abro el correo electrónico. Ante mí, las fechas del correo sin leer indican mi última conexión. Borro los “spams” y empiezo a leer en orden de llegada. No me salto ningun correo por muy llamativo que sea el asunto. Admito que necesito cierto orden para no ponerme más nervioso de la cuenta. Este año tengo suerte, no hay ningún tema urgente, más allá de la información sobre varios cursos dirigidos a jóvenes y de que Antonio no acudió a su cita con la trabajadora social. Ya le pillaré por ahí a ver que es lo que pasó. Después, conecto el móvil no sin habermelo pensado un par de veces… La conocida señal sonora que anuncia los mensajes de las redes sociales suena un par de veces, abró el whatsapp y descubro cuatro mensajes nuevos. Miguel me desea felices vacaciones respondiendo a un mensaje mío del último día antes de la desconexión. Maria me pide ayuda para buscar trabajo, en concreto como cuidadora ya que aunque se ha movido, “me consta que es una chica de las que saben moverse por sí misma”, no ha encontrado nada. Me comenta que puso un anuncio en...

De soledades…

Mientras disfruto de la vista de tejados que desembocan en el río de la Plata, degusto mi soledad con fruición, respiro hondo una y otra vez y miro más allá. Por ahí donde no llega mi mirada, al otro lado del agua, Buenos Aires se esconde en la distancia. La soledad, es mi amiga y mi lugar, a ratos me invita a recogerme en mí mismo y tal hecho es un ejercicio que me gusta practicar, sintiéndome a gusto, al menos, la mayoría de las veces. Se puede decir que me llevo bien con mi persona y que cuando discuto hacia adentro, casi siempre, suele haber conciliación. No todas las personas lo llevan tan bien y ¿que me decís de los y las Educadoras Sociales? Hace poco, he vuelto a quedarme sólo como Educador Social. Es decir, sólo ante el peligro, sólo en mi quehacer como educador de calle. Aún recuerdo cuando hace tiempo hablaba de los educadores y las educadoras sociales como islas en el océano. Hablaba del aislamiento al que nos condenaban o quizá al que nos condenábamos nosotros mismos. Esta vez es distinto. Esta vez, no estoy en la misma etapa como profesional, al menos, no me siento igual que en anteriores aventuras profesionales en solitario. Si bien es cierto que no puedo negar cierto vértigo y sobre todo la sensación de no llegar hasta donde me gustaría, desbordado por una realidad inabarcable, no es menos cierto que la actitud es muy diferente. Desde luego, paso de victimismos y de lamentos, no van conmigo, lo afronto como oportunidad para seguir creciendo como profesional y como persona y con una intención muy clara…Tejer redes. Tejer redes, tocando puertas a dos manos, descolgando el teléfono como si un muelle tuviese incorporado, participando de...