Posteado en 'Vomitonas'

March-Crisis

March-CrisisEchando la vista atrás, a los años anteriores como Educador, me he dado cuenta de que tengo un síndrome.
No sé si será minoritario, o incluso una de esas enfermedades raras que sólo tienen unos pocos y que por tanto, pasan desapercibidas.

Os explico, yo tengo March-crisis, y es que todos los años por esta época, empiezo a sentir síntomas claros… Primero, empiezan las pesadillas, no descanso, tengo innumerables sueños estresantes, sueño con todo y con muchas cosas del trabajo y me levanto de mal humor.

Después empiezan los nervios. Estoy inquieto, tenso, aún pasando de cafés y demás excitantes… Entonces, suena el run-run en mi cabeza y la centrifugadora de ideas no para.

Voy avanzando en el día a día, y como todo el año, hay una de cal y una de arena, pero en este estado incipiente de March-crisis, los negros parecen más negros y entro en una barrena de negativismo.

Normalmente, se me suele pasar gradualmente, así empiezo a descansar mejor y comienzo a valorar en su medida las cosas positivas.

Aún así, siempre tengo dudas de que se vaya a pasar, incluso llego a pensar si esta March-crisis, enfermedad pasajera, va a evolucionar esta vez y se va a convertir en una enfermedad crónica.

Supongo que este es un riesgo de enfermedad laboral que no es tan raro…

Así hablando con una compañera, ella me dice que tiene la June-crisis y con mi amigo de Deusto, que tiene la October-crisis. Incluso conozco a un educador que desarrolló la enfermedad por completo y ahora trabaja como ebanista y según me comenta, está totalmente recuperado.

Me cuenta como sus síntomas fueron agravándose y como tuvo que cambiar de profesión al llegar a un punto de no retorno.

- Ahora duermo a pierna suelta – afirma sonriente.

Por mi parte, sigo sin descansar por las noches, esperando que en el próximo despertar remitan los síntomas y por este año se acabe la March-crisis.

Publicada por Tote el 5/03/2010
Categoria: Vomitonas
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Perder los Papeles

Perder los PapelesLa semana había transcurrido muy lentamente, con enormes dificultades de comportamiento por parte de los jóvenes y con desencuentros convivenciales que iban a necesitar de un abordaje especial. Atrás habían quedado pequeñas batallas diarias sin resolver y quizás era demasiado tarde para recuperar la normalidad con el viejo librillo de buenas prácticas pedagógicas.

Fue un infierno humano encerrado entre cuatro paredes. Pequeños tiranos de 13 años que pretendían asumir el control de un hogar educativo a golpe de exigencias, peleas, provocaciones y desacatos. Las llamadas entre compañeros/as profesionales y demás comunicaciones sólo tenían un mismo fin: cómo abordar esas problemáticas y guiar a los compañeros/as entre tanta oscuridad.

Ni mi coordinador, ni yo como acompañante, teníamos la linterna mágica que nos alumbrará en momentos de penumbra, ni el machete pedagógico que nos permitiese abrirnos camino entre tanta vegetación. Pero si atisbábamos una realidad, como hasta el momento, NO. Uno que llegaba a las 11 de la noche a casa y pretendía hacerse un filete porque no le gustaba la cena, otro que procuraba comer siempre los postres habidos y por haber: helados, yogures… Otro que no se levantaba para ir al colegio, “total peor de lo que estoy no voy a estar“, otro que atacaba y perseguía demoníacamente a un compañero con discapacidad intelectual, para demostrar su poder y valía.

La visita a ese hogar, no fue una visita cualquiera. Tenía una carga implícita muy marcada. Esa tarde de sábado, iba a ser utilizada como resorte y apoyo incondicional a los compañeros/as que estaban lidiando con esas dificultades. Para los jóvenes, debía parecer una muestra clara de apoyo profesional. Todos/as somos educadores, todos/as somos los adultos significativos que patronan los diferentes recursos de acogimiento residencial, todos/as somos vuestra autoridad. Ya no valían los discursos moralistas, ni las negociaciones asertivas. Era el momento del puñetazo en la mesa y saber el sitio que le corresponde a cada cual y respetarlo sin condiciones: “Tú ahí y yo aquí. No te confundas: No somos iguales“.

Llamamos al timbre y a través de la puerta traspasa todavía un poco de murmullo y alboroto juvenil. Según nos abren, uno de los jóvenes impertinentes y alborotadores, se abalanza sobre nosotros y portando unos papeles en la mano, exclama: “¡¡¡Tengo mis derechos!!!. No me podéis tocar ni hacer nada. Los he leído y están aquí escritos“. No acaba su intervención, cuando le agarro de un tirón los papeles que portaba y los rompo en mil pedazos delante de su rostro. “Cuando cumplas con tus obligaciones, empezaremos a tratar de tus derechos“. Su mirada atónita y postura medio encogida, le rebaja un instante a la realidad terrenal que le corresponde.

Mientras me encamino hacía a la cocina, el joven se evade en el salón procurando jugar con un videojuego con cierta normalidad, haciendo ver que allí no ha sucedido nada; donde si ha pasado algo. Abro la basura y caen de mis manos hecho añicos, parte de la Declaración Universal de los derechos de la Infancia de Unicef y parte de los derechos de la Infancia del Ararteko (Defensor del Pueblo en Euskadi). El simbolismo de unos papeles o una declaración universal, rota en mil pedazos… Sólo por un momento.

El joven sólo se había leído el primer punto: El derecho a la vida; pero ignoraba que no existía ningún derecho relacionado a hacer lo que le venga en gana: ni en tiempo ni en modo.

Publicada por Asier el 3/03/2010
Categoria: Educación Social, Juventud, Vomitonas
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Nuestra Enemiga la Frustración

Nuestra Eenemiga la FrustraciónCuando escribo un artículo para el Educablog, para otros blogs o revistas veo el resultado al momento; veo el producto de mi trabajo plasmado en papel o en bits. Además lo releo y me quedo más o menos a gusto, dependiendo del nivel de inspiración del día. Si encima, los lectores pueden opinar al respecto, mejor que mejor. Imagino que a un carpintero, por ejemplo, le pasará algo parecido: invierte un tiempo, un trabajo en su pieza y al cabo de equis tiempo, obtiene un producto, un resultado.

En el trabajo que ejerzo como Educador Social, esa ausencia de resultados inmediatos me lleva a frustrarme muchas veces. Invierto mucho tiempo, a veces, con una determinada familia, con un chaval o chavala, y no veo una respuesta rápida, lo que, como digo, acaba generando una cierta frustración.

Me consta, al compartir estas sensaciones con muchos compañeros y compañeras, que es algo muy habitual y que origina muchas quejas de esas retóricas, osea, sin respuesta, y que es uno de los motivos que hacen que más nos desmotivemos.

Es en esos momentos cuando nos decimos los unos a los otros “ánimo, que siempre queda algo“, “la culpa no es tuya” o, por el contrario, nos decimos a nosotros mismos: “no sé por qué he hecho ésto“, “para decirle éso no hace falta estudiar una carrera” y demás.

Al final, esta sensación de frustración es algo con lo que no nos queda más remedio que convivir. Es nuestra enemiga más habitual. Tenemos que aprender a reconocer que, efectivamente, no siempre podemos resolver todos los problemas y que, en todo caso, de ver algún resultado es a muy largo plazo. Esa es, en mi opinión, la manera más eficaz de vencer a nuestra enemiga.

Si sirve de algo, yo he tenido la suerte de comprobar que nuestro trabajo llega y sirve, al encontrarme a antiguos chavalillos ahora convertidos en hombres, agradeciéndome todo lo que hice con ellos cuando eran adolescentes. Ese es un gran resultado, aunque haya tardado 10 años en llegar.

Publicada por lucce el 24/02/2010
Categoria: Educación Social, Reflexiones, Técnicas, Vomitonas
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Educador, ¿Cuestión de Cuentas?

¿Cuestión de Cuentas?Mi trabajo me gusta, me motiva, disfruto haciéndolo, otra cosa es llegar a fin de mes.

Mientras mis padres me acogieron en una más que generosa prórroga de su tutela, las cuentas estaban en positivo y no podía vislumbrar ningún tipo de estrechez.

Pero, que le vamos a hacer si me dio por emanciparme e irme de alquiler. ¡No te vayas! Me decían mis progenitores compungidos. No en vano era la última ave torcaz que volaba del nido.

Había llegado la hora de despegar. Había llegado la hora de quitarse la protección y de salir tal cual, como educador que soy, a enfrentarme con la vida o a vivirla, como queráis verlo.

Hace años, cuando aún rondaba la veintena, estuve estudiando fuera, aunque eso si, sin renunciar al cordón umbilical que me unía a mis padres. Aquella experiencia me gustó, me llenó y me sirvió de prueba y como referencia con respecto a mi futura vida fuera del hogar.

Mas, como toda prueba que se precie, sólo sirve de orientación, a veces muy vaga, de lo que pueda ocurrir.

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Publicada por Tote el 10/02/2010
Categoria: Brainstorming, Vomitonas, ¡Denúncialo!
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Apocalipsis 67

Apocalipsis 67

Abre la puerta del despacho. Torpemente se apoya en un desgastado bastón que desde hace un par de años le sirve de sustento ante una dolorosa artrosis que le machaca sus articulaciones.

Lo primero que se encuentra al alzar la mirada desde su encorvado tronco es a su próximo interlocutor, un joven pertrechado con unos auriculares inalámbricos y cuyo rostro refleja una cierta sensación de agobio y pesadumbre.

- No consigo encontrar trabajo – gime – y me han echado a patadas de los dos últimos empleos en los que he estado.

- Ajá – acierta a contestar el hombrecillo.

- Y tengo mujer y un niño recién nacido. Necesito que desde los servicios sociales me ayudéis.

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Publicada por lucce el 2/02/2010
Categoria: Educación Social, Reflexiones, Vomitonas, ¡Denúncialo!
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