Posteado en 'Vomitonas'
Suena dura, ¿verdad? La declaración del título, digo. No suele ser habitual que alguien exponga públicamente su incapacidad o incompetencia para desempeñar una determinada labor. No estamos acostumbrados fundamentalmente por el miedo a las consecuencias sociales, por la inquietud que nos genera ser reconocidos o tachados como fracasados o fracasadas. Y, en este caso, de ese miedo al “qué dirán” no nos libramos ni las Educadoras ni los Educadores Sociales por muy Educadores y Educadoras Sociales que seamos. Uf, sólo de imaginar qué pensará mi coordinadora, mi compañero de programa grupal o la Trabajadora Social con la que me coordino, me pongo malo.
Pero, hete aquí que, aún con todo, la Educación Social también es diferente en este sentido; sobre todo y fundamentalmente en la relación socioeducativa con las personas con las que trabajamos. Pongamos un ejemplo práctico para explicarlo.
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Publicada por lucce el 21/12/2011
Categoria: Educación Social, Técnicas, Vomitonas
Como novel e hiperactiva profesión que se precie, la Educación Social navega últimamente junto a distintas corrientes y posicionamientos, en aras de cimentar su corpus general de conocimiento. Una larga trayectoria detrás de la Pedagogía y las Ciencias Humanas, con gran acierto para nuestros quehaceres y menesteres, nos ha servido y nutrido a lo largo del pasado siglo. Pero siendo ambiciosos y realistas: ¿Debería ser la misma educación social en el siglo XXI?
Otros profesionales, entre los que me incluyo, venimos demandando un día si y otro también, que la apertura a las ciencias y nuevas metodologías es una necesidad imperiosa para nuestro asentamiento y progreso, tanto ideológico/filosófico como deontológico/laboral. Apertura a las ciencias, a la tecnología, a la cultura y al afamado y a veces denostado en nuestro sector: I+D. Un replanteamiento cartesiano al modo de: “Investigo, luego nos desarrollamos”.
Así pienso y así lo explicito allá por donde voy. Pero he aquí, dentro de las hermosas y continuas contradicciones a las que en ocasiones se ve sometido nuestro planteamiento profesional, que una de estas semanas atrás me dieron una colleja ideológica a modo de reflexión. El amistoso agresor fue un trabajador social coordinador de un servicio de acogimiento residencial, en otros tiempos soldado raso de la educación social en primera línea de trinchera.
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Publicada por Asier el 1/12/2011
Categoria: Educación Social, Técnicas, Vomitonas

Quisiera con estas palabras recordar y agradecer a una generación de personas que, por motivos de salud y edad, están dejando este mundo aunque nos dejan su legado, su obra y sus recuerdos. Me estoy refiriendo en general a la generación nacida o que vivió sus primeros años en esa década triste, gris, silenciosa, represiva y sobre todo sembrada de hambre que fue la década de los cuarenta en el estado español. Y más en concreto a aquellos que encontraron su vocación (y posiblemente su salida personal) en transmitir el mensaje cristiano como sacerdotes o monjas más allá del territorio estatal y fueron a dar a lugares remotos y lejanos a sus familias en algún lugar de África o en Latinoamérica. Llegaron con 20 o 30 años a ciudades y barrios sin recursos, carentes de agua potable, electricidad, sanidad o educación. Desarrollaron su labor pastoral pero, sobre todo, es lo que quisiera resaltar, se dejaron las energías, la ilusión y la vida en su labor social, en su lucha por la mejora de la condiciones de vida de su entorno, siendo unos verdaderos trabajadores sociales en el sentido amplio de la palabra. Cierto es que su labor en el día a día tenía aspectos de mejora pero no nos dejemos llevar exclusivamente por la “profesionalidad”.
Recientemente he pasado de visita por un proyecto en el que en su día estuve colaborando en una de las comunas de Medellín. Allí coincidí con varios religiosos de los que me refería en las palabras anteriores. Personas que con un conocimiento básico de enfermería se convirtieron en las enfermeras del barrio las 24 horas al día, o que tuvieron que dejarse la piel para que asfaltaran las calles, llegara el agua o la luz o construyeran una escuela. Hoy dos de ellos (el Padre José y la Hermana Maria Jesús) ya han fallecido y en su recuerdo en la guardería y escuela que ellos ayudaron a levantar y mantener han colocados sendas fotografías de ellos sonrientes, de “paisano”, como vestían siempre. Muy distante a la sensación de otras fotos de religiosos que cuelgan en las paredes de los pasillos de los colegios concertados o privados de nuestro país. Posiblemente no solo sus fotos, sino sus vidas y, sobre todo, su trabajo fue muy diferente.
Para ellas y ellos, que incluso en el final de sus días renunciaron a ser tratados médicamente en su país de origen por permanecer en las comunidades que les acogieron, les quisiera dedicar estas humildes palabras.
Publicada por Bidezabal el 28/11/2011
Categoria: Cooperación y Solidaridad, Vomitonas
¿Por qué cuesta tanto reconocer la destacada labor que realiza el colectivo profesional de educadores/ as sociales?
Desde mi humilde opinión y teniendo en cuenta todas las experiencias vividas, quiero transmitiros mediante este escrito todo lo que pienso, siento sobre el trabajo que se elabora desde esta profesión. Por eso, y con la intención de darle una imagen más fascinante a esta maravillosa profesión, voy a transmitiros los sentimientos, pensamientos personales que he podido adquirir del equipo educativo con el que he tenido la gran oportunidad de trabajar.
La realización de las prácticas ofrecidas por la dirección del Máster Oficial de Deusto reconocido de la siguiente manera “Intervención y Mediación con Menores en Situación de Desprotección y/o Conflicto Social”, me han permitido tener contacto con los sistemas de recursos utilizados en el ámbito de la desprotección y, a su vez, he podido interactuar con los menores/as y sus entornos, practicando métodos y modelos de intervención.
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Publicada por Eider el 18/11/2011
Categoria: Aula EducaBlog, Educación Social, Formación, Juventud, Vomitonas
De los que ya ve lejos la ilusión universitaria pero también lejos su final profesional.
Como buen Educador Social soy poco dado a plasmar por escrito las vivencias o experiencias de nuestra profesión y tampoco a teorizar sobre ellas. Leímos en nuestra etapa universitaria a nuestro querido Freire con admiración y hemos adaptado y reducido su teoría del Acción-Reflexión-Acción al Acción-Informe Técnico-Acción.
Pero en esta ocasión si quisiera realizar una pequeña reflexión sobre un hecho acontecido en el Centro estos días atrás y que quisiera compartir con vosotros:
Érase un día cualquiera de un grupo cualquiera. Un menor A en su cuarto recibe la noticia de que su familia no ha cogido la llamada que él había solicitado. Este hecho aparentemente insignificante y rutinario se convierte para A en el detonante para estallar de frustración y rabia. Realiza un paralelismo entre esa negativa a ser recibido por su familia con lo que ha sido para él su vida: familia desestructurada, abandono familiar temprano, desprotección, soledad, exclusión, marginalidad, institucionalización… es decir, la secuencia de muchos de nuestros educandos que, no por ser habitual, debe de dejarnos insensibles.
Escuchar el relato desde la desesperanza al otro lado de la puerta de su habitación resulta desgarrador para educadores, menores o cualquiera que, con un mínimo de sensibilidad, estuviera escuchando. El intento de calma por parte de mi compañera y yo mismo no produce ningún efecto en A y ante la mirada cómplice entre los dos educadores y ante el riesgo evidente de que A se pudiera autolesionar en su cuarto decidimos optar por lo que parecía evidente: llamar a Seguridad. Reconozco necesaria la presencia de Seguridad en este perfil de centros (nada más lejos de mi intención que cuestionar esta figura profesional), pero a mí me da la sensación de que cada llamada a Seguridad es un pequeño traspiés/fracaso de todos: empezando por los menores, pero también de educadores y del propio funcionamiento del centro.
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Publicada por Sal Andrs el 9/11/2011
Categoria: Educación Social, Técnicas, Vomitonas
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