Educadores de cartón piedra...

Recientemente y al hilo de la difusión del blog de la educadora social valenciana Anche Branch, compruebo con cierta estupefacción, como el uso y sujeción a ciertos léxicos sobre nuestras prácticas cotidianas, permanece por momentos en la retina de algún que otro/a educador/a social, anclado en la doctrina de la generalización y lo políticamente correcto. Comentarios que ciertamente, producen desazón, al criticar desde el origen y hasta el desarrollo de esta bitácora dedicada a la intervención socioeducativa de personas con diversidad funcional, más concretamente en el desarrollo del autismo. Educación social para personitas especiales, así se reza el aberrante título al que se enfrentan los guardianes de la moral. Un diario, que nace desde el Amor, como sensiblonamente describe su autora. Hecha la proclama, no queda otra que analizarla y destriparla ya de paso. Conocer su desarrollo u objetivos que promueve, debe ser baladí para los templarios de la semántica edusa, azote de la estulticia. Los y las inquilinas de la Real Academia de la Lengua Socio-educativa muestran sus desvelos cuando contemplan atónitos que a las personas con autismo se las define como “personitas especiales”. Esos mismos académicos, que no dudan sin embargo en tildar de “menores” a los residentes en centros de Acogida o en el sistema de protección a la Infancia, tanto en cuanto así lo marca el propio marco jurídico, con jurisprudencia ad hoc (Ley del Menor, pero ¿menor que qué y que quien? cabría preguntarse). Son estas y otros eruditos del léxico, los que aborrecen que los programas y los proyectos se hagan con amor, un término meramente emocional y de una subcategoria tal, que minimiza o ridiculiza las sesudas planificaciones y programaciones por objetivos. Esas programaciones testadas y científicamente contrastadas, que no dejará resquicio alguno a la libertad del...