LAS REGLAS DEL “JUEGO” HAN CAMBIADO EL JUEGO #1...

Decía un marinero de pesca, ahora jubilado, que la juventud de ahora no tenía nada que ver con la de su época. Y como dudaba de que su explicación ‎no pudiera ser bien entendida, mostró unas fotografías en la que se veía él y sus compañeros faenando en alta mar frente a las costas de Tarifa, precisamente no pescando con la caña, sino con las manos. Se trataba de la artesanía más primitiva con la que hasta hace poco se capturaban los atunes de forma tradicionalmente; hoy mejorada con la introducción de máquinas, cuya técnica se sigue denominando, la almadraba. Y bien es verdad, que en aquellas imágenes que el viejo pescador mostraba, y que ahora con su rostro de arrugas en su piel hablaban por sí mismas, se veía una cuadrilla de pescadores subidos en aquellas embarcaciones de madera. Eran verdaderos hombres musculosos que no se definían precisamente por ir al gimnasio a cultivar su cuerpo, sino por su “sacrificado” trabajo que los hacía corpulentamente fuertes; sin querer, y preparados para esa actividad que requería algo más que perseverancia. Seguidamente, decía este viejo marinero, que antes la vida estaba en la calle, que incluso la gente encontraba trabajo porque había más contacto humano y que el boca a boca funcionaba sin lugar a dudas. Incluso la gente estaba informada de todo lo que ocurría y no precisamente por la presencia de internet (que obviamente en aquella época nadie hablaba de eso), sino porque la gente hablaba en cualquier lugar: en pequeñas tiendas tradicionales, en las puertas de las casas mientras se tomaba el fresco, en los rellanos de los pisos, en el autobús, etc., cualquier lugar servía para hablar sobre algo. Lo que venía a decir, es que entre la calle y su...

Viviendo en la calle del olvido...

La noche del 29 de octubre no fue una noche más en el desfilar de lunas asimétricas. Por las calles deambularon personas curiosas, observadoras, ilusionadas y esperanzadas por ser testigos de una de esas realidades, que de tan oculta, pareciera que no existe…las personas sin hogar, al menos sin el hogar tradicional de cemento, madera y cristal. Un grupo de voluntarias y voluntarios nos embarcamos en la aventura nocturna de conocer una realidad de la que sólo hablan las calles silenciosas de la noche. Las personas que viven en los cajeros, en las esquinas, en casas abandonadas, en coches, bajo puentes, en rincones poco transitados… ¿Son más de los esperados? quizás si, quizás el mero hecho de que una sola persona no dispusiera del ¿derecho? de vivienda sería intolerable y la certeza de que sean cientos, resulta poco menos que insoportable. Caminamos por calles en las que duermen personas, sacamos dinero en refugios improvisados, y no somos conscientes. Yo mismo, he visto casi extrañado a alguna persona pernoctando en un banco o entre cartones, protegiéndose de la luz inquisidora en un cajero… Con estas iniciativas, se da lugar y presencia a una de las fotos que retratan la sociedad actual, seguramente, eso sí, una de las más desconocidas. “No en vano, lo que no se conoce no existe.” Por otro lado, es una manera de que las personas que participamos en la iniciativa nos sensibilicemos y seamos testigos directos, además de darnos la posibilidad de compartir un momento con estas personas y si quieren, incluso de charlar un rato. Este hecho en sí, ya es de un gran valor más allá de datos, estudios y estadísticas, de las que no niego su importancia. En mi caso, sólo pude cruzar unas pocas palabras con dos...