Educación Social: ¿Vaso medio lleno o medio vacio?...

Muchas son las dudas y debates pendientes en la compleja tarea de la educación social. En este dia Mundial que hoy celebramos, nos asomamos a este ventana para intentar arrojar algo de luz en los distintos posicionamientos y tendencias que desarrollamos a diario desde la praxis. Con todo, sin pretender ser ambiciosos, daremos algunas pinceladas de a lo que nuestro parecer es o debería, en estos años de recorrido profesional de acompañamiento pedagógico. Desde un iniciático ideal de transformación social a un más reposado atalaya de acompañamiento hacía el empoderamiento ciudadano. Cuestionando por momentos el idílico Edén de la perspectiva motivacional y resiliente (¿no tenemos derecho a caernos?), pero sin obcecarnos en el negacionismo anárquico de un complot neoliberal contra los derechos de las personas, desde la Infancia, Juventud a personas mayores, con mayor o menor grado de vulnerabilidad social. Cuando se asoma un debate de la transcendia, de si la educación social es asistencialista o apodera a las personas para defender sus derechos, pareciera que con un marianismo del estilo “pues depende. En algunos casos si, y en otros todo lo contrario“, resumiríamos buena parte del conflicto de identidad en el que nos hayamos. A nosotros, lo que nos provoca la educación social en reiterados momentos de ejecución es la sensación de asomar la duda y el miedo a responsabilizarse. Con cierta tendencia recurrente a convivir y acomodarse en un sistema prefijado, mayoritariamente bajo el amparo institucional, más que a explorar territorios de cambio reales. No tanto en el acompañamiento profesionalizado, como si en el sentimiento corporativo y en la deseada construcción identitaria de una profesión distinta, necesariamente liberizadora. Un sentimiento rupturista que en la teoría queda explosivamente recogida, pero luego en la práctica acaba cristalizándose bajo unas formas mucho más permeables, sosegadas...