El síndrome del trabajador persona...

Después de casi año y medio sin vernos, por fin quedamos un fin de semana para reencontrarnos. Yo les conocí en Donosti estudiando Pedagogía, pero no en la Uni, sino por amigos comunes, ya que ellos estudiaban Psico-pedagogía. Os preguntaréis por qué os hablo de esto ahora y en este blog. Quizás sea, porque haya algo que estime como importante compartir, o simplemente sea porque me apetezca contarlo. Permitirme entonces el no aclararlo y robaros así un poco de tiempo, hasta que lo averigüéis al final de estos párrafos. Antes que profesional somos personas. Por la mañana tras dejar atrás el sonido atronador del despertador y los posos del café en la taza apilada en el fregadero, nos enfundamos la piel de currelas y pasamos a ser, Paula la psicóloga, Iñigo el animador o José el trabajador social… Esta coletilla, en un principio, no pasa de ser un adosado, una etiqueta, algo secundario. Es como un sombrero raro que nos ponemos sólo algunos días. En mi caso, así era en un principio, pero poco a poco, como un vaso que se llena gota a gota, sin darme cuenta, esa coletilla se fue haciendo muy importante y fue reclamando una posición central en mi vida. Hasta el punto, de que tengo la sensación de que a veces tiene prioridad ese adjetivo, ese cometido, a mi propia persona. En verdad resulta curioso, que no nos demos cuenta, o que no seamos del todo conscientes de este hecho… Por la mañana, tras dejar atrás el atronador sonido del despertador y los posos del café mezclados con la leche en la taza apilada dentro del lavavajillas, el Trabajador Social josé, la Psicóloga paula y el Animador iñigo se dirigen a su hábitat natural, a su hogar, a su...