DIEZGOL: DE MITO A MUÑECO ROTO

Allá por los 80 en la Argentina, corría una leyenda que hablaba de las aficiones y quehaceres infantiles en los barrios más populares. Mientras las madres laboriosas se afanaban en inculcar a sus hijos la afición y necesidad del bagaje cultural y educativo como modo de progresión social (“lean libros, pibes”), los párvulos peloteaban y gambeteaban por las calles hasta bien entrado el anochecer. Con la llegada de la televisión a los hogares más humildes y el consiguiente proceso de idiotización, esas mismas madres reclamaban justo lo contrario: “Andá y dejad de ver eso y agarrad la pelota¡”. La metáfora no era baladí. En aquellos tiempos, un niño de Villa Fiorito se había elevado a los altares, con el solo manejo de un balón. Barrio de la Boca y La Bombonera (año 2008) Viajar a Buenos Aires, justo el verano en el que el niño Torres hizo a España campeona de Europa 44 años después, es un motivo más que definitivo para acercarse al barrio de la Boca y palpar sociológicamente lo que allí significa este deporte. Impresiona ver los aledaños de la Bombonera. La pasión desaforada por esta práctica, se huele y se palpa nada más llegar. Incluso no habiendo competencia en esas fechas. Un bajo de una vivienda, abierta sus ventanas a cal y canto, con unos altavoces atronadores colgando de una de sus paredes y cientos de productos azuloro de merchandising, nos indican fehacientemente, de que estamos en el universo xeneize. Mi prejuicio: la idea de que todo estaría asociado/endiosado al Pelusa. La realidad: un estadio vetusto y degradado, que pasaría por ser de segunda o tercera división en Europa y cuyos referentes más auténticos/autóctonos eran el Loco Gatti y Juan Román Riquelme, mega retratos incluidos. Diego compartía galones, cuadro y reconocimientos, no muchos más que los mencionados, pero esta razón no le hace desmerecer sus méritos deportivos. El niño prodigio provenía de Argentinos Juniors y eso queramos o no, condicionaba. Nápoles (año 2010) El fenómeno sociológico, casi litúrgico, está perfectamente identificado e instaurado en la conciencia colectiva napolitana. La ciudad italiana de extrarradio, más allá de los Apeninos centrales (nuestro Despeñaperros particular), rezuma maradonismo por sus cuatro costados. Murales, escaparates, balcones, pequeñas vitrinas religiosas… reminiscencias de aquel despertar humilde y estigmatizado, ofrecen al viajero un apacible y sentimiento de pertenencia digno de elogio. Te sientes de la famiglia, uno más de la comunidad, de ese territorio señalado y analfabetizado por la historia. El estadio Sao Paolo, ahora rebautizado Diego Armando Maradona, se encuentra como una nave espacial plantada a las afueras. Majestuosa y esférica como su mejor seña de identidad. Tardes y noches de gloria, parecen resonar entre sus gradas, recordando a un joven rechoncho que partía cinturas a doquier y dibujaba arcos imposibles en cada uno de sus lanzamientos. Es aquí, donde la religión (y posterior beatificación balompédica) empezó a formar parte del personaje. Con la muerte del astro, resucita el debate de la disociación: por un lado el deportista, el hombre, el mito. Por el otro, sus devaneos con las drogas y comportamientos de cuestionable moralidad circunscritos al ámbito más privado. Con el prejuicio en boca de todos (empezando por un servidor) y el ruido de las RRSS, adherido a su tribuna de probidad (policías, jueces y fiscales, mediante), las opiniones de uno y otro bando se tornan legitimas y hasta cierto punto, coherentes ¿Es motivo suficiente la muerte de una persona para poner de relieve sus facetas más notables en la vida, obviando las menos? ¿ es necesario ensañarse con alguien por sus errores cometidos, resaltando nuestros prejuicios por el mero hecho de ser un personaje público? ¿A quién despedimos o tributamos: al futbolista, a la persona, al padre que fue, al niño pobre de barriada, al bondadoso capitán de ingentes grupos de rémoras que se alimentaban de su áurea, al compañero ,al competidor desafiante y travieso o a todos juntos a...

Brainstorming Eduso-Pandémico...

La última vez que escribí en Educablog fue el 4 de diciembre de 2019, es decir, casi casi hace un año. O sea, el año 1 AdP, esto es, Antes de la Pandemia. En definitiva, antes de que nos cambiase la vida a causa de un bichito, antes de que adquiriésemos nuevos hábitos y comportamientos sociales, relacionales, higiénicos y demás. Por ello, ante la perspectiva de sentarme de nuevo ante el editor de texto inserto en las tripas de nuestro querido blog y de preguntarme, por tanto, sobre qué escribir, tuve claro que el dichoso SARS-COV-2 o COVID19 o comúnmente conocido como Coronavirus sería el principal protagonista de este regreso como EducaBloguer. Así, antes de aventurarme en las próximas semanas (prometo intentar un post mensual) en otros temas vinculados con la Educación Social, me apetecía hacer un somero análisis (nada exhaustivo, no se preocupen, que uno sigue siendo un Cienfiebres) del papel que nuestra profesión ha jugado, juega y jugará, directa o indirectamente, con la pandemia, con el coronavirus. Y a sabiendas de que me dejaré algunos aspectos, expongo a continuación, en formato lluvia de ideas, algunos aspectos de esta relación: – ¿Se nos ha reconocido lo suficiente durante esta dura época? Así como hubo determinados sectores que se reconocieron esenciales y que, en consecuencia, obtuvieron los aplausos de la sociedad (tanto figurados como literales, huelga decir que absolutamente merecidos), a uno le queda la sensación de que todo el trabajo de miles de profesionales que acompañaron personas durante los días más duros del confinamiento en ámbitos como el residencial (pisos de menores, mujeres, exclusión, etc…), el de la dependencia, el de los servicios sociales, etc… no tuvo el mismo reconocimiento público o, si lo obtuvo, yo no lo percibí. Y a ver, que...

IMAGO: Una mirada apreciativa a la educación social...

Nuestro compañero y amigo, Iñigo Martinez de Mandojana (Asociación educativa Dando Vueltas – Biraka), tiene a bien ofrecernos unos pequeños párrafos de reflexión despues de la presentación del proyecto en Vitoria-Gasteiz el pasado Jueves 07 de Junio, lo que le ha sugerido y hecho sentir este viaje fotográfico que significa IMAGO a través de la educación social y los protagonistas que lo conforman. Pasen y vean…o mejor aún, dejense llevar por la Imago-nación. Son varixs lxs que me han preguntado por el libro “IMAGO” y su extrañeza como fotolibro en una profesión donde lo normal es contar y relatar con palabras, informes, documentos y demás. Y tengo que reconocer que se me hace harto complejo darles una valoración o trasladarles algo a nivel narrativo sobre qué es IMAGO. Hoy escribo algo diametralmente diferente a lo que hubiera escrito hace una semana antes de escuchar a David y a Asier, con lo que una vez más me aventuro a escribir sin tener ni la certidumbre ni la seguridad de que lo que estoy escribiendo sea algo que pretendían los autores. IMAGO para mí es una foto a nuestro mundo interior. Es un fotolibro que retrata nuestra historia de vida personal y profesional, donde en cada página se despiertan un montón de sensaciones, emociones, episodios que algunxs hemos vividos en primera persona del singular. No son lxs mismxs actores/actrices, ni los mismo escenarios, ni la misma época, pero huelen igual, saben igual, se sienten igual. IMAGO es un Delorian. Un objeto transaccional que nos lleva a nuestra experiencia más interna de cuando cuidamos, contuvimos, miramos, sufrimos, nos emocionamos, escuchamos, nos enrabietamos, y con la que conectamos a través de esa historia fotográfica. A veces a toda página, a veces a dos, enmarcada de blanco, a veces...

Y, ¿CÓMO SE FOTOGRAFÍA EL VÍNCULO?...

El mismo día de mayo que a mí me toco “predicar” en la nueva Facultad de Educación de Bilbao (UPV-EHU) sobre los “profesionales inútiles” (en el 20 aniversario de la puesta en marcha de la Educación Social), Asier me regaló “Imago”. Coincidencias de la vida, yo hablé de las miradas y este pequeño libro también habla de ellas, aunque son miradas que sirven para enfocar una cámara, recogidas en retinas digitales. El libro y yo, creo que defendemos como esencia de la profesión el saber mirar. En la conferencia insistí en que la educación social se definía por una “forma singular de estar, mirar y atender”. Ni en la práctica profesional ni en la cámara que registra vidas, caben las etiquetas, los indicadores de riesgo ni la beneficencia que pixela colores para crear buenas impresiones. Imago nos recuerda que, con cámara o sin ella, siempre somos espejo. La mirada de nuestros ojos o la foto que devuelven al otro la dignidad de una persona que existe, que no se diluye en el paisaje, que es vista como persona. La mayoría de las veces no hace falta que hablemos. Miramos receptivos e interesados por saber de otras vidas. Al mirar vemos y retratamos retazos de historia con argumentos, damos existencia a sus relatos. Miradas y fotos intentan decir a la otra persona “tu me importas”. Como cualquier foto de una persona querida colgada en la habitación, vamos acompañando recorridos, tiempos y etapas. Estamos allí y a ratos, cuentan con nuestra ayuda. Nuestro expediente se compone de imágenes y no de informes, tratando de imaginar la cara que pondrá la persona o el grupo cuando sugerimos un itinerario, una propuesta de cambio, una ilusión vital diferente. Como las cámaras automáticas, no podemos dejar de obligarnos a...

PROTOCOLOS: Una silenciosa máquina de abandono social. Parte II...

Andrea es una joven castellonense de 20 años, dispuesta a disfrutar de la vida y de su familia. Pronto se acercan las navidades y en esas fechas, pretende pasarlas con los suyos, en un entorno más cálido y cercano, alejada a ser posible del reciente tormento relacional que ha padecido. Es 13 de Diciembre y nuevamente, acaba de recibir amenazas y un intento de atropello por parte de su expareja, un joven de 22 con varios capítulos actuales y pasados de violencia machista. Decidida, se dirige a la comisaria de Policía más cercana y pone en conocimiento de las autoridades competentes, dichos sucesos. 10 días más tarde, Andrea yace empotrada en una gasolinera, al ser raptada por su asesino y expareja; y estrellar este deliberadamente su coche. La maté porque era mía, que diría la canción. Y es que en España, parte de nuestra literatura escrita tradicional y musical, sigue teniendo la bochornosa honra de estar en vigencia. La conciencia y cultura machista más rancia y abominable, como herencia de nuestro pasado más turbio y segregador. 10 días. Ese es el nuevo marco temporal de la vergüenza. Y en medio, hordas de datos y estadísticas para arrojar mas confusión y bochorno a la historiografía del suceso: en la actualidad el ratio de protección policial establecida para personas en situación de riesgo es de 1 Policía por cada 70 mujeres (por cada 20, en el mejor de los casos, según la CCAA), el incumplimiento de ordenes de alejamiento por parte de los maltratadores sigue estando en niveles desproporcionados, los Juzgados especializados en violencia de género han cumplido diez años desde su fundación y continúan con un excedente de expedientes bastante importante, trasladándonos de alguna manera a la fatídica ambivalencia Justica tardía, justicia baldía. Un policía,...