Bienvenido a la Educación Social. Vengas de donde vengas....

Un colegio elitista. Muy elitista. De esas élites que ni siquiera se jactan de ello. Que incluso ni siquiera lo parecen. Uno de esos centros en los que la matrícula cuesta un ojo de la cara y parte del otro. Esos colegios con piscina cubierta y climatizada, con unas grandes instalaciones alejadas del mundanal y mundano ruido. Un colegio privado. No concertado. Privado. No hacen falta las prebendas de la administración. Un centro con su propio sistema o metodología o modelo. Todo validado por la institución, sí, pero al margen de ella. Un colegio con alumnado exclusivo de familias exclusivas con coches exclusivos y móviles exclusivos. Un colegio en el que se habla inglés muy bien. Un colegio en cuyo comedor se come muy bien y en el que se hace gimnasia muy bien porque tienen un centro de alto rendimiento. Un colegio, en todo caso, en el que también se harán pellas, se pondrán motes a los profesores, habrá bullying e incluso chicos y chicas que saquen malas notas. Un colegio que forma a la élite, claro. A futuros y futuras empresarias, doctores y doctoras, abogados y abogadas, a tiburones del parqué bursátil o a grandes CEOs de grandes marcas y a grandes ingenieros e ingenieras que diseñarán vaya usted a saber qué. Un colegio así. En un colegio así, aparece, sin embargo, un chico preguntando por libros para leer sobre Educación Social. Y uno, con toda la arbitrariedad del mundo, con todos sus prejuicios, se imagina a un profesor del elitista centro contestando: “¿libros sobre qué?” Y diciendo: “nadie en el colegio se plantea estudiar algo así”. E insistiendo: “¿Qué hace un chico como tú en una carrera como esa?, ¿lo saben tus padres? Pero, ¿tú ya sabes con qué gente trabajan esos profesionales? Eso no es para ti, hombre. Déjalo. Quítate esa idea de la cabeza. Si te gustan las ciencias humanas, haz Psicología, te especializas en recursos humanos y entras en el departamento correspondiente de alguna gran empresa”. Etcétera. Pero no, afortunadamente, no ha sido así. El chico quiere estudiar Educación Social y considera necesario ir nutriéndose de bibliografía ad hoc y, dicha elección, en un contexto como el mencionado, provoca que algunos miembros del cuerpo docente y no docente del centro se impliquen y le ayuden. Y, de esta forma, a este chico le llega a sus manos un ejemplar de nuestras EdusoHistorias y a nosotros, por ende, nos llega su historia. Y esta breve anécdota, nos sirve para escribir este humilde post con el que tratar de romper algunos prejuicios que, a veces, nosotros mismos tenemos y que dicen que, por ejemplo, chicos y chicas de un estrato social elevado no suelen trabajar en nuestro mundo profesional. Y quizá, estadísticamente, no sean mayoría, pero, como vemos, hay excepciones. Otra cosa que podemos dejar para analizar en futuros episodios, puede ser la de reflexionar cómo un determinado bagaje social, académico, vital, etc… puede determinar las actuaciones de un futuro profesional en intervención social. Pero por hoy es suficiente. Bienvenido seas a este mundo de la Educación Social, vengas de donde...

REIMAGINANDO LA EDUCACIÓN...

Final de año con emociones encontradas, algunas lecturas pendientes y un compromiso ineludible por su relevancia y por que la apuesta lo merece. Reimaginando la educación (Paidós Educación, 2017) es uno de esos libros que cuando acabas de leer e intentas procesar reflexivamente todo el camino recorrido (anoten el término, el autor lo hace con enorme destreza y propósito), sigue revoloteándote por unos cuantos días, quizás semanas. Contradiciéndote. Desaprendiendo para volver a soñar. Acciones todas ellas, totalmente deliberadas y promovidas por Xavier Aragay, autor de este magnífico manual y almanaque pedagógico. 21 axiomas y retos para una escuela diferente, a través de una educación transformadora. De inicio nos topamos, como no podía ser de otra manera, con un profundo conocedor del ámbito educativo. Pero curiosamente llama la atención del manto literario con el que se cubre desde sus primeras claves reflexivas: ni mago, ni tecnócrata (aunque provenga de ella); sencillamente un dinamizador educativo. Su lenguaje, sus (intuidos) gestos y sus planteamientos, me retrotraen a un reciente encuentro con otro maestro, Cesar Bona: ¿un educador? No, un soñador. Un libro ágil, interactivo, muy 3.0. Habilidosamente hilvanado a través de la entrevista motivacional, el coaching incluso rezumando proyecciones desde el mindfulness, todo ello desde una mirada no dominante, provocadora. Cercano a nuevos procesos, como los de aprendizaje servicio (“tirar paredes para implicar a todos/as”) y pensamiento sistémico. Como buen revolucionario que se precie, defendiendo el cambio (anoten y hagán suyo este término, sin el cual no entenderán el libro), de abajo a arriba, buscando procesos de mayor horizontalidad y liquidez. Tejiéndose entre sus propios actores. No olvidemos, que aún hoy en pleno siglo XXI la escuela sigue siendo un lugar mejorablemente democrático. A saber: unos saben y enseñan y otros/as aprenden, reproductora del sistema, dificilmente combativa...

Y LA MONTAÑA SE MOVIÓ….....

“Llamaré a una montaña- dijo el profeta; y cuando esta se acerque subiré a su cima, desde donde recitaré lo que tengo que contaros” Hubo de pasar un tiempo, hasta que el profeta, sin animadversión y con ánimo decidido, se atrevió a emprender el camino hacía aquella cumbre inmóvil, mientras recitaba en voz alta diversas oraciones y leyendas, en la soledad del transitar. ————————————- Vienen los últimos años, acercándose de una manera constructiva y muy necesaria, las sinergias y movimientos políticos y sociales necesarios para acabar de cristalizar la dualidad incuestionable de la Escuela y la Educación Social. A las ya asentadas realidades de Andalucia, Castilla La Mancha y Extremadura; se suman en los últimos meses las de Canarias y Baleares, aunque el gestación normativa y legislativita necesaria, aún deba de producirse con una mayor profundidad y desarrollo. En los diversos foros, Jornadas y encuentros mantenidos en torno a estos disasociables ámbitos, una de las ideas mas recurrentes que flotaba era la interrelación de los diversos agentes educativos y la innegable necesidad del trabajo en red, multidisciplinar y la liquidez entre los mismos; donde el marco de intervención socioeducativa traspasase las fronteras de los muros escolares. Si damos por válido, que uno de los axiomas prioritarios de nuestro actual sistema educativo debiera ser el de “fomentar el desarrollo de nuestras infancias y adolescencias, para la adecuada socialización en la vida adulta” o en resumidas cuentas “formar personas (autónomas, críticas, educación en valores….) no autómatas donde insertar contenidos”; no se puede entender la escuela del siglo XXI como un agente estanco, donde sus diversos estamentos trabajen en bloques y solo cuando se requiere, traspasar e interconectar esas sinergias. Quiero compartir con ustedes, una noticia que aunque sencilla en su exposición me parece lo suficientemente relevante...

LAS REGLAS DEL “JUEGO” HAN CAMBIADO EL JUEGO #3...

Los niños son todo o nada, espontáneos como ellos solos y creativos como nadie, pero lamentablemente no hay tiempo para conocer y extraer ese potencial que un niño/a algún día despertará cuando sea quizás adulto, ya un poco tarde. Pues los niños son niños, y como tales, sus cuerpos están diseñados por pura selección natural, para crecer y desarrollarse fuertemente mediante sus capacidades anatómicas como homos que son, y no para quedarse tirados en un sofá durante horas enganchados a la caja televisiva que nunca duerme. ¿Qué tienen los nuevos juguetes? Pues es cierto que estos nuevos juguetes son atractivos y donde el fabricante ya lo comercializa con la creación artística de alguien que lo diseña, y su forma de presentación tientan a las ganas de consumarlo, y quizás incluso hasta de probarlos. Pero si observamos detenidamente las veces que un niño/a juega con sus juguetes, rápidamente se sacarían conclusiones que a veces nos acercaríamos a la estupidez. Además, esto nos hace cada vez menos prácticos e inútiles como seres sapiens sapiens; todo está inventado y sólo hay que consumir y consumir. ¿Por qué ocurre esto ahora? Las cosas se obtienen tan fácilmente que no se les da valor, se le resta importancia incluso al valor económico de lo que se invierte por un objeto de ocio que tiene una vida de atracción muy corta. Parece que no importa la cantidad de dinero que se haya invertido, y simplemente se desecha el juguete o el juego, sin darle más importancia que lo que es: un juguete que tiene manual de montaje, pero no tiene manual de cómo usarlo y divertirse correctamente. Quizás la época del siglo pasado no era como la de ahora, pero tampoco se pretende mirar antropológicamente al pasado y reconvertirlo al...

LAS REGLAS DEL “JUEGO” HAN CAMBIADO EL JUEGO #1...

Decía un marinero de pesca, ahora jubilado, que la juventud de ahora no tenía nada que ver con la de su época. Y como dudaba de que su explicación ‎no pudiera ser bien entendida, mostró unas fotografías en la que se veía él y sus compañeros faenando en alta mar frente a las costas de Tarifa, precisamente no pescando con la caña, sino con las manos. Se trataba de la artesanía más primitiva con la que hasta hace poco se capturaban los atunes de forma tradicionalmente; hoy mejorada con la introducción de máquinas, cuya técnica se sigue denominando, la almadraba. Y bien es verdad, que en aquellas imágenes que el viejo pescador mostraba, y que ahora con su rostro de arrugas en su piel hablaban por sí mismas, se veía una cuadrilla de pescadores subidos en aquellas embarcaciones de madera. Eran verdaderos hombres musculosos que no se definían precisamente por ir al gimnasio a cultivar su cuerpo, sino por su “sacrificado” trabajo que los hacía corpulentamente fuertes; sin querer, y preparados para esa actividad que requería algo más que perseverancia. Seguidamente, decía este viejo marinero, que antes la vida estaba en la calle, que incluso la gente encontraba trabajo porque había más contacto humano y que el boca a boca funcionaba sin lugar a dudas. Incluso la gente estaba informada de todo lo que ocurría y no precisamente por la presencia de internet (que obviamente en aquella época nadie hablaba de eso), sino porque la gente hablaba en cualquier lugar: en pequeñas tiendas tradicionales, en las puertas de las casas mientras se tomaba el fresco, en los rellanos de los pisos, en el autobús, etc., cualquier lugar servía para hablar sobre algo. Lo que venía a decir, es que entre la calle y su...