HIJOS DE NADIE

Una mañana como otras tantas, nos llama una de las trabajadoras sociales del servicio de Infancia para informarnos de que en las próximas semanas se tiene previsto realizar el ingreso de un joven de 17 años, procedente de otro hogar de la red. El motivo principal que se esgrime para ese cambio es que “el joven lo ha solicitado, dado que en su actual centro no se encuentra a gusto y refiere alguna dificultad relacional con ciertos educadores/as sociales”. Fermin es un joven de 17 años y medio, en pleno proceso de emancipación (así lo pauta nuestro ordenamiento jurídico con la mayoría de edad reglamentada en los 18), que llega al hogar con un único objetivo: hacer muchas cosas, cumplir muchos sueños y vivir con más libertad juvenil a partir de los dieciocho. Tras su acentuada sonrisa y carácter sociable, en ocasiones se comunica por arenas movedizas culturales que evocan cierto machismo y clasismo pretérito. Tiene unas cualidades físicas, que le permiten soñar con desafíos olímpicos, ideales de grandeza futbolística o cualquier consecución deportiva que se proponga. Una excelente fachada de gladiador romano, un discurso que bien podría cultivar un discípulo de Aristóteles. Y sin embargo, cuando rascabas entre la armadura e intentábamos proyectar ciertas grietas o ausencias para su posterior reflexión, veías los mismos gestos y las mismas dudas que cualquier persona de a pie, con 30 centímetros menos de estatura e iguales angustias de porvenir futuro. Su ego externo, solo podía justificarlo, con un estilo altivo y despreciativo hacía el débil. Entendiendo como débil, a sus iguales. Por eso rehúye como la pólvora las interacciones prolongadas, las reflexiones transcendentales o la confrontación dialéctica desde el saber. “Solo intenciones, no me pidáis hechos” parece estar diciéndonos continuamente tras su ambivalencia adolescente. No deja...

DE HERMANO MAYOR A PROYECTO BULLYING. Parte 2...

Siempre he pensado que para opinar de algo o de alguien, no es necesaria la adulación ni el escarnio, la proximidad ni la lejanía. Creo que básicamente se requiere, respeto. Con la máxima subjetividad que me procura mi afilada mirada social, me acerco a los diferentes posicionamientos y desencuentros habidos a raíz de la retransmisión televisada del “nuevo formato” de Mediaset: Proyecto Bullyng. Cuatro, la hermana pequeña del denostado Telecinco, nos promete acercarse a la problemática del Bullyng en los entornos educativos, para denunciarlo y así, intentar poner sobre la mesa esta terrible vivencia cara a trabajar y concienciar sobre la misma e intentar solventarla entre todos los agentes posibles: instituciones, comunidad educativa, familias, alumnos/as y sociedad en general. Previamente repaso las medidas cautelares de la Fiscalia, entiendo los diferentes comunicados habidos por instituciones colegiadas (tanto de educación social, como de la psicología o el trabajo social) y solo queda analizar la retransmisión del producto final. La conducción del programa corre a cargo de un dinamizador de postín para la cadena. Son más de 20 años los que nos acompaña Jesús Vázquez desde la pantalla, desde aquel combo músico-noticiero de “La Quinta marcha”. Se destapa como un niño que sufrió bullyng por sus formas infantiles amaneradas y un acento gallego que le retrotraía a cierto pueblerinismo en la capital de España. Las primeras introducciones generales o declaración de intenciones guionizadas, están bien situadas y comparten diversos puntos comunes con la problemática real del acoso, necesario para abrir y debatir en un escenario real con toda la sociedad civil involucrada, porque queramos o no, nuestros/as hijos/as son los alumnos/as de hoy, puntual y potencialmente acosados y acosadores, así como los padres/madres somos los profesores/as de dichos centros educativos, los consejeros y políticos de educación al...