“Niñ@s Híper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas” (Jose Ramón Ubieto y Marino Pérez Álvarez, 2018. NED Ediciones). ¡VIVA LA INFANCIA!...

No negaré que el apellido de Ubieto, José Ramón, psicólogo y profesor de la UOC que, habitualmente toca, escribe y reflexiona en torno a infancia y adolescencia, y conocido por sus obras relacionadas con el trabajo en red y el TDAH, supuso un gran atractivo a la hora de acercarme al libro “Niñ@s Híper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas”, (NED Ediciones, 2018) obra que ha escrito al alimón con Marino Pérez Álvarez, Catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, un gran descubrimiento, todo sea dicho de paso, para futuras lecturas. Pero la propia temática del mismo, el acercamiento a las realidades infanto-juveniles en la actualidad y a la interacción que los adultos mantenemos con ellos y ellas, también ejerció de imán para priorizar su lectura frente a otros títulos. Y es que, como acertadamente apuntaba nuestro estimado Cosme, Ubieto tiene la capacidad de leer muy bien la época actual y extraer orientaciones en nuestra práctica cotidiana. Si a todo ello le sumamos el planteamiento formal de “Niñ@s Híper”, esto es, la propuesta de analizar las infancias actuales como si de una conversación entre Ubieto y Pérez se tratase (y, de hecho, se trata), pues las expectativas frente a esta obra partían bastante altas y, afortunadamente, se han cumplido sobradamente. De esta forma, en sus casi 200 páginas, Ubieto y Pérez van reflexionando en torno a un buen número de aspectos que contextualizan y definen cómo son los niños y niñas en los tiempos actuales y también cómo se les entiende desde el mundo adulto. En ese sentido, los paradigmas o tendencias ideológicas que marcan el momento histórico actual, en el marco occidental, influyen sobremanera en los procesos educativos que mantenemos y ejercemos. Así, como corresponde a la era del homo consumus, niños y adultos se igualan identitariamente, según los autores, “ya no por la vía de los ideales, sino a través del objeto del consumo común”. A partir de ese rasgo, Pérez y Ubieto tratan de describir y lo hacen, a mi juicio, muy acertadamente, las características principales de una infancia hiperpautada y, a su vez, hiperregulada, es decir, unos niños y jóvenes con la vida muy estructurada o monitorizada y, al mismo tiempo, abandonados para afrontar sus ritos de paso, sin un acompañamiento vital adecuado, de forma que se apoyan en los objetos y los incesantes estímulos para superar esas transiciones. Unido a ello, viven en la época en la que todo puede etiquetarse, una forma, según los autores, evidente de “colonización de la infancia” que sirve para apaciguar las ansiedades de los padres y madres pero que, a la postre, se queda ahí, en poner un nombre. “Hoy se clasifica más que se acompaña”, afirman. No me puede parecer más adecuada esta frase. Derivado de esa pasión por el naming, los niños asumen sus etiquetas, las interiorizan y, taponando sus propias subjetividades, comienzan a comportarse según corresponde al tag. De esta forma, se cae en lo que señalan como Mcdonalización de la infancia, es decir, la homogeneización caracterizada por atribuir al diagnóstico y a la cifra todo el valor, excluyendo las explicaciones de los propios sujetos a sus sucesos, y respondiendo a través de soluciones medicalizadas, sin escuchar al principal implicado. De hecho, los dos siguientes capítulos de la conversación entre Ubieto y Pérez, se dedican a desgranar dos ejemplos claros de síntomas correspondientes a dicha Macdonalización: el TDAH y la bipolaridad infantil. También aluden a otros aspectos de la infancia actual como la agresividad de hijos hacia padres, la cultura de la (sobrevaloración de la) autoestima como factor contraproducente y, nuevamente, la tendencia a medicar a las primeras de cambio. Ante todo ello, no sé si a modo de posibles soluciones, el último capítulo está dedicado a plantearse o plantearnos cómo podemos seguir siendo interlocutores válidos de los niños y niñas del siglo XXI. Es francamente interesante todo lo que apuntan en él y, aparentemente, aportan...

HIJOS DE NADIE

Una mañana como otras tantas, nos llama una de las trabajadoras sociales del servicio de Infancia para informarnos de que en las próximas semanas se tiene previsto realizar el ingreso de un joven de 17 años, procedente de otro hogar de la red. El motivo principal que se esgrime para ese cambio es que “el joven lo ha solicitado, dado que en su actual centro no se encuentra a gusto y refiere alguna dificultad relacional con ciertos educadores/as sociales”. Fermin es un joven de 17 años y medio, en pleno proceso de emancipación (así lo pauta nuestro ordenamiento jurídico con la mayoría de edad reglamentada en los 18), que llega al hogar con un único objetivo: hacer muchas cosas, cumplir muchos sueños y vivir con más libertad juvenil a partir de los dieciocho. Tras su acentuada sonrisa y carácter sociable, en ocasiones se comunica por arenas movedizas culturales que evocan cierto machismo y clasismo pretérito. Tiene unas cualidades físicas, que le permiten soñar con desafíos olímpicos, ideales de grandeza futbolística o cualquier consecución deportiva que se proponga. Una excelente fachada de gladiador romano, un discurso que bien podría cultivar un discípulo de Aristóteles. Y sin embargo, cuando rascabas entre la armadura e intentábamos proyectar ciertas grietas o ausencias para su posterior reflexión, veías los mismos gestos y las mismas dudas que cualquier persona de a pie, con 30 centímetros menos de estatura e iguales angustias de porvenir futuro. Su ego externo, solo podía justificarlo, con un estilo altivo y despreciativo hacía el débil. Entendiendo como débil, a sus iguales. Por eso rehúye como la pólvora las interacciones prolongadas, las reflexiones transcendentales o la confrontación dialéctica desde el saber. “Solo intenciones, no me pidáis hechos” parece estar diciéndonos continuamente tras su ambivalencia adolescente. No deja...

DE HERMANO MAYOR A PROYECTO BULLYING. Parte 2...

Siempre he pensado que para opinar de algo o de alguien, no es necesaria la adulación ni el escarnio, la proximidad ni la lejanía. Creo que básicamente se requiere, respeto. Con la máxima subjetividad que me procura mi afilada mirada social, me acerco a los diferentes posicionamientos y desencuentros habidos a raíz de la retransmisión televisada del “nuevo formato” de Mediaset: Proyecto Bullyng. Cuatro, la hermana pequeña del denostado Telecinco, nos promete acercarse a la problemática del Bullyng en los entornos educativos, para denunciarlo y así, intentar poner sobre la mesa esta terrible vivencia cara a trabajar y concienciar sobre la misma e intentar solventarla entre todos los agentes posibles: instituciones, comunidad educativa, familias, alumnos/as y sociedad en general. Previamente repaso las medidas cautelares de la Fiscalia, entiendo los diferentes comunicados habidos por instituciones colegiadas (tanto de educación social, como de la psicología o el trabajo social) y solo queda analizar la retransmisión del producto final. La conducción del programa corre a cargo de un dinamizador de postín para la cadena. Son más de 20 años los que nos acompaña Jesús Vázquez desde la pantalla, desde aquel combo músico-noticiero de “La Quinta marcha”. Se destapa como un niño que sufrió bullyng por sus formas infantiles amaneradas y un acento gallego que le retrotraía a cierto pueblerinismo en la capital de España. Las primeras introducciones generales o declaración de intenciones guionizadas, están bien situadas y comparten diversos puntos comunes con la problemática real del acoso, necesario para abrir y debatir en un escenario real con toda la sociedad civil involucrada, porque queramos o no, nuestros/as hijos/as son los alumnos/as de hoy, puntual y potencialmente acosados y acosadores, así como los padres/madres somos los profesores/as de dichos centros educativos, los consejeros y políticos de educación al...