identidad digital saneada...

En una encrucijada de caminos, a cada cual con más incertidumbre, recibo el encargo de escribir este artículo sobre Identidad Digital. Nada menos, que saneada. La empresa se antoja complicada, mientras en el televisor inundan las referencias y fotogramas de Trump, esperemos que en sus últimos coletazos, como adalid de la desinformación y las Fakes News. Un insaciable hombre de negocios, que revirtió por completo los cánones de señorío y corrección política que en teoría conjugaban las instituciones representativas de lo que damos en llamar estados democráticos. Aquellos afamados “no todo vale” o “el fin no justifica los medios” quedarán siempre como meras anécdotas políticas de la postmodernidad occidental. Oigo en los últimos tiempos, no se si fruto de mi edad y oxidamiento, un mantra que parecía reservado para saltos generacionales acusados: “Noto una crisis de valores en la sociedad en general. Visualizada de manera más ruidosa o menos reprimida en la juventud, pero que nos concierne a todas las escalas de la sociedad y nuestros códigos de convivencia: exigencias o demandas personales, mal trato verbal, psicológico, incivismo…. ” reflexiona preocupada una educadora social razonable de apenas 34 añitos. No podemos avanzar ni desarrollarnos como sociedad, en un mundo interconectado, sin los pilares básicos que cimienten las relaciones y las identidades de sus participantes. Con todas nuestras diferencias individuales y grupales, pero con lugares comunes de reconocimiento, basados en el respeto e igualdad. Una vuelta y necesario retorno a elementos de definición e identidad social normalizados, donde rescatar el encuentro y respetando la particularidad, que diría Ubieto. Partamos luego de estos preceptos, de nuestros orígenes en comunidad, para abordar con un mínimo de garantías, la definición y desarrollo de nuestras identidades. Desde lo personal, lo físico y lo presencial, para ir adentrándonos con afianzamiento...

Mundo virtualizado, educadores holográficos…...

Hace varias semanas leí una interesante entrada en la que alumnado del segundo curso de Educación Infantil imaginaba cómo podría ser su futuro como docentes en un mundo eminentemente “tecnológico” Ciertamente, algunas ideas eran brillantes y muy creíbles, como las mesas interactivas que se pliegan en el suelo o la incorporación de las gafas de realidad virtual y de las imágenes holográficas. Incluso el alumnado podrá acudir a clase por medio de un avatar y en este mundo más digitalizado que nunca, según parece, el profesorado no podrá ser sustituido por robots, “ya que el afecto humano es imprescindible para el aprendizaje” …Y yendo más allá…En referencia a la Educación Social dentro de una perspectiva integral de la educación, ¿Cómo serán l*s educador*s sociales del mañana? Echando la vista atrás para coger impulso, como educador de calle, no imaginaba los cambios que estaban por venir en estos últimos años. El móvil, ya por entonces era una herramienta útil para contactar con chavales mediante una llamada, que no siempre era correspondida ante lo invasivo que resultaba o un mensaje de texto, que quedaba sin respuesta ante la falta de saldo. Uno no deja de tener cierta nostalgia, pensando en el reto y en el desafío que suponían estas circunstancias, pero pronto se supera y no cabe sino rendirse a las facilidades de los “teléfonos-ordenador”, ya que lo de llamarlos teléfonos inteligentes… Dejemos la inteligencia para las personas por ahora. Las redes sociales han transformado nuestros estilos de relación y por supuesto más aún el de los y las nativas digitales, es decir, nuestros chavales y chavalas. Podemos vivir ajenos a esta realidad y creer que sólo la intervención presencial es la importante, pero…cada vez más la identidad “real” de las personas tiene un componente digital...