HOGARES QUE HABLAN

De cómo un educador sonríe satisfecho tras las paredes de una habitación Permítanme que abra esta nueva ventana, reciclando el titulo de la honorable página fotográfica (o debería decir literaria?) de nuestro hermano educabloguer, @lucce. Un portal filosófico, de barrio y coloquial, que nos recuerda una máxima en estos tiempos de mass media: la fuerza de la palabra. El hogar lleva una temporada larga de buenaventura. No quita, como en las mejores familias, incluidas los clan de los Pantoja o los Pujol, que tengamos alguna diferencia, disconformidad o desliz convivencial, amén de los diez residentes particulares y el séquito adulto que los acompaña. “El único rato en el que estoy de vicio en mi casa es cuando estoy solo (sin mujer ni hijas). Y a veces me planteo enfadarme¡¡¡¡” exalta un compañero educador, mientras analizamos la (in)convivencia semanal. Tras años de grupos, residentes, familias y sujetos de intervención, queda evidenciado que uno de los puntos fuertes y clave del futuro éxito en la acción socio-educativa es la comunicación. Inclinándome más por el exceso que por su defecto. Hablarnos y hablarnos mucho. Luego ya habrá tiempo de desmenuzar y escudriñar cuestiones más relevantes e ir a los aspectos clave de una u otra intervención, la consecución de uno u otro objetivo. Y si encima, logramos que esa comunicación se genere y dinamice mayormente dentro del contexto del propio grupo de residentes, ya les adelanto que chapeau. La etapa relacional, empieza desde un punto óptimo de partida. Comunicación entre iguales, aún siendo muy diferentes. Andrés es un infante de 13 años de edad. No quiere hacerse mayor (para no sufrir más?) y encima su desarrollo fisiológico tampoco le ayuda. Juega a cromos, juguetes y enseres de cada moda, mientras sus iguales levitan al paso de una...

5 PROPUESTAS DESDE LA EDUCACIÓN SOCIAL PARA EL ACOGIMIENTO RESIDENCIAL...

Se ha iniciado un nuevo año y nadie iba a garantizar que nuestra profesión lo empezase con buen pie. Ni el más optimista del lugar, firmaba buenas nuevas sobre el nuevo calendario que acontece. Al contrario, pareciera cumplirse aquello de que “ para con Dios, hay que tener (sujetar) por el carro ”. La noticia saltaba a los medios de comunicación en estos días navideños. Fue cogiendo fuerza según pasaban los días y la información se agrandaba con comparecencias oficiales y el consiguiente ruedo de dimes y diretes. Del ámbito local (Toledo), al autonómico y de ahí al estatal. Más amplitud, más ruido. Más conjeturas, más opiniones, más culpables. Menos verdad, menos soluciones. Fui leyendo y siguiendo la noticia de cerca, con el mayor número de referencias y partes implicadas posibles. Supongo que lo habré heredado del periodismo sin saberlo, pero en mi trabajo diario es el pan de cada día: ir a las fuentes, contrastarlas y surfear entre la información para dar con la versión más objetiva o veraz (si es que de verdad existe). Cuando surgió la idea de realizar este artículo, tuve una cosa muy clara desde el principio: la educación social tenía y tiene que plantear soluciones. De denunciar a los culpables (con mayor o menor acierto) se ocupa la prensa, de investigarlos la policia y de juzgarlos la justicia. El fatal accidente y posterior fallecimiento de una niña tutelada por la Junta de Castilla y la Mancha, es a todas luces una situación desagradabilísima, provocada por una cadena de infortunios con un indeseable desenlace. La educación social, como parte implicada en el entramado organizativo e institucional (vivía en un hogar residencial, supervisada por profesionales) debe hacer una reflexión profunda y reclamar que los distintos desajustes que pudiesen haberse dado,...