Educación Social, no estoy bien

Necesito parar. No se lo he dicho a casi nadie, pero lo necesito. La educación social es una ciencia que históricamente se ha alejado del mundo de la salud, pero que necesariamente convive con ella en multitud de proyectos. No se si por esta u otra razón, nos alejamos de nuestra propia salud como profesionales y de la importancia que tiene en nuestra labor, temas como el autocuidado, el trabajo en equipo (no nombrarlo, sino desarrollarlo y ponerlo en práctica), la protección de los equipos, el trabajo relacional, los espacios de respiro y la regulación emocional. No quiero resultar tan tremendista como recientemente exclamaba un educador social madrileño, quien comparaba nuestra profesión con “el riñon de la sociedad”. Vivimos momentos muy duros, difícilmente digeribles, nos produce malestar en ocasiones parte de nuestra tarea reeducativa y contenedora. Eso es indudable. Y aún relevamos a un plano excesivamente secundario, el autocuidado o el maltrato físico e institucional que en ocasiones sufrimos las y los educadores sociales, en el desempeño de nuestra labor profesional. Cotidianamente tema tabú e invisibilizado, cuando no minimizado. “No hay tiempo” “Son cosas menores” “Las verdaderas dificultades son las de los chavales/as, no las nuestras” “Los problemas de nuestros/as residentes son mucho mas relevantes y acuciantes” “Eres el cuidador, no puedes permitirte estar mal o decaer” “Necesitan que estés, más que tu ausencia” “Aquí estamos para currar” “Hay que ser fuerte” “Recuerda que eres un referente” “Tienes que dar ejemplo” “Es una temporada, después vuelves a estar bien” “Se pasará” ¿Pero realmente nos hemos curado? O,¿solo lo hemos tapado y pospuesto para una posterior ocasión? Hasta la siguiente caída o bajón: un año, dos, quizás tres en el mejor de los casos. ¿Han oído o sentido, algunas de estas alocuciones en sus centros de trabajo? Después de casi veinte años en el oficio, he visto, compartido e incluso sufrido, estadios propios y de compañeros/as muy acusados/as, donde pareciera que es el profesional el culpable de su propio estado y malestar. Educadores sociales que necesitan de acompañamiento terapéutico, educadoras sociales con acompañamiento farmacológico, otros con Burn-Out, los peores con lesiones óseas y fibrilares, educadoras sociales con estrés …. Tus compañeros/as te escuchan, se acercan y te recogen. Suele haber empatía, saben de lo que hablas, no deja de ser el mismo idioma (y vivencias) de la propia acción social en si misma. Tu empresa, asociación, fundación o patronato, en el mejor de los casos, te escucha. Se nota la distancia, mucho menos calor. Protocolaria. Aceptan tu consideración, no la refuerzan y dejan en tu mano su posterior desarrollo. No te suele cuidar, no le corresponde como entidad, no vaya a ser que se despendole el personal. Las cuentas tienen que seguir cuadrando, sino se cierra la persiana. Es más una cosa particular que general, aunque casi la totalidad de los equipos estén hechos unos zorros. No se aún cuando, pero tengo que parar. Salvo rara excepción, no se suelen detectar “estas anomalías”, resorte suficiente para defender que nadie te puede ayudar, sino pides ayuda. Lo compartes y te das cuenta, que muchísimas compañeras y compañeros están en la misma situación que tú. “Yo tuve que parar 3 meses. Y me ayudaron mucho, sobre todo mi jefa” me dijo uno. “Tienes que mirar el dinero. Como andáis de tela y si lo necesitáis mucho” me dice cariñosamente otra, no sabiendo que esta ejemplificando un chantaje. Sabemos que desde alguna Comisión Deontógica se esta trabajando con esta temática y agradecemos la disposición mostrada. Pero creemos, que necesitamos más. Dentro de las propias organizaciones y su defensa sin condiciones de la salud laboral, en mayúsculas, desde las instituciones protectoras y de control (inspecciones de trabajo, secciones sindicales de trabajadores, institutos autonómicos de salud y prevención, Mutuas …). Ilustraciones: Pawel...

DE PRESENCIAS Y AUSENCIAS #3...

¿Cuánta rehabilitación necesita una persona después de una operación a corazón abierto? Tiempo, no? ¿Por qué en lo emocional, personas que están haciendo procesos duros profundos, porque vienen de experiencias básicas de mucha ausencia, porque nuestra realidad social es injusta, que no son culpables de lo que les pasa (sólo responsables de su vida), tienen que hacer un proceso en 6 meses/2 años… Cuando llevan 25, 14 o 35 años viviendo de esa manera tan sobreadaptada? Marquemos plazos, por supuesto, pero seamos personas. Seamos personas serias, seamos personas profesionalmente competentes. Diseñemos procesos evaluables por supuesto, esa es una de nuestras responsabilidades, pero que el cumplimiento de nuestras herramientas no rompa la esencia. Y esto trabajando los contextos y en red. No sólo con los recursos especializados que tienen que ver con «el caso». Trabajemos lo comunitario, en la comunidad. Hacer estos procesos personales y grupales y hacerlos también teniendo en cuenta el entorno. Como un circo de 3 pistas. También la comunidad como generadora de procesos de presencias y ausencias. Yo hago el trabajo psicoeducativo, y tú eres la psiquiatra, tú el maestro de la niña, y tú de la asociación de mujeres en las que vamos a intentar que participe o del huerto urbano de su barrio…. Una manera de contar que si, yo estoy trabajando en lo emocional, pero que como participe en el huerto urbano, lo petamos. Esto si que es red, red que sostiene y que nutre. La imagen que me viene es la de onda concéntrica pero sería con gafas 3d. Sobre el trabajo en red llevamos muchos años y años. Nos cuesta trabajar en red. Igual es que no sabemos, igual es que no queremos, igual es todo… Pues no hay otra manera de trabajar con calidad. Si...

Va por usted, maestro...

Entraste por la puerta el primer día arrasando, como si de una StartTv se tratara. Una chaqueta a cuadros, algo vetusta y bastante más usada de lo que aparentaba, te envolvía ese cuerpo algo encorvado y zambo. Pero esa mirada traviesa, segura de si misma y de lo que allí acontecería en los próximos meses, vacilaba sin descaro en tu subida al estrado. Tenías el partido ganado, antes de empezar a rodar la pelota socioeducativa. Con un puñetazo al estomago y un zarandeo a nuestras sienes. Así empezabas cada clase, cuando cogías aquel trozo de tiza y anotabas en la pizarra sin mediar palabra, una de tus frases sentenciadoras. Los críticos más avezados, pronto descubrieron que buena parte de tu cosecha, la recolectabas en el por aquel entonces desconocido Mario Benedetti. “Como es imposible dar gusto a todo el mundo, he optado por lo más difícil: dármelo a mi mismo” “Al inadaptado, más que sus palabras, escucha sus silencios” “Empatía¡ Empatía, señoras/es¡¡¡¡” Te siguieron lloviendo críticas feroces por parte de los estudiantes más tecnócratas, los funcionarios de la futura acción social que en calidad de escribanos, cazaban al vuelo cientos de palabras. Daba igual que fueran inconexas o hablasen de la física cuántica, ellos querían sus apuntes. Esas extravagancias literarias que tú osabas robarles jornada tras jornada, con aquel desdén muy tuyo. Entre dandy norteamericano de los setenta y un postlandismo vascongado. Fuiste pionero en una metodología mucho más arriesgada y valiente. Provocadora y a contracorriente: nos enseñaste a pensar, a (re)pensarnos. A destruir nuestros prejuicios y conceptos y reconstruirlos de nuevo. Eras un provocador sin igual, desorganizado, anárquico y extremadamente inteligente. Porque lo que no sabíamos la plebe, era que tú lo tenías todo controlado. Tú eras la jugada maestra y la linterna...

“INTERVENCIÓN COMUNITARIA CON ADOLESCENTES Y FAMILIAS EN RIESGO”. Rosa Santibañez, Ana Martínez (Coords.) (GRAO, 2013)...

“¡Bajo, bajo!. Pero vosotr@s también ¡subid, subid!” Rosa Santibañez Ni una, ni dos, quizás tres o más veces nos ha referido esta máxima la siempre locuaz e intuitiva doctora en Pedagogía, a los educadores sociales que compartimos con agrado y gratitud momentos o espacios universitarios del ámbito que nos ocupa. El origen de la misma, es bien conocida por tod@s los profesionales de la acción social: De cómo al mundo universitario aún le cuesta enredarse en la práctica profesional más cotidiana y los educadores sociales vuelcan sus resistencias hacía la teoría y su producción metodológica. Generalizando muy mucho: la Universidad que no baja al asfalto y los profesionales que no suben al ámbito de la investigación y la elaboración de conocimiento. Esta obra desarrollada en 10 capítulos o proyectos, están encuadrados a su vez en tres grandes bloques bien diferenciados: Políticas de intervención, Aproximación teórica y un marco Práctico. El libro, se puede y debe resumir en varios conceptos que a priori, parecieran ser admitidos por todos los actores de la acción social y que sin embargo, en muchas ocasiones son destinados a un segundo plano por su profundidad o son sobreentendidos y asimilados sin el necesario análisis, evaluación y reconstrucción posterior . Términos como Ciudadanía, trabajo Comunitario, Participación, Buenas Prácticas, Resiliencia, cambio, vínculo, trabajo en Red: concepción sistémica o ecológica, barrio y ciudad educadora, etc. son algunos ejemplos del maravilloso universo teórico (si) y práctico (por supuesto) que en él se desarrolla. La única falta de receptividad achacable, tiene que ver con algunos pasajes o momentos circunscritos a proyectos de marcado acento institucional y gubernamental, con organizaciones (macro y micro) que con buena intención tratan de desarrollar las ideas madre de su sentido u orientaciones, pero que por momentos abusan de la excesiva...

NO FUI YO, FUE ELLA. Parte II...

Aquel mismo verano, Pablo amigo de Félix del instituto, nos dice que ha ido a unas colonias con personas discapacitadas al municipio de Navarrete (La Rioja) y que además de ser una experiencia muy enriquecedora, ha obtenido una propina de 20.000 pesetas (cuantiosa para aquellos tiempos y edades) para disfrutar en vacaciones. Al año siguiente, recomendado por nuestro amigo, acudimos a dicha cita y no se equivocaba. Una experiencia inolvidable, una historia apasionante. Hombres y mujeres adultas, desposeídas por la naturaleza de algunas capacidades que les hubiesen permitido socializarse de manera más justa y acorde al contexto cruel en que les tocó vivir: una sociedad que aún conservaba retazos de silenciar e invisibilizar a personas que no eran como la mayoría. Un nosotr@s pervertido, que solo tenía tiempo en pensar en la normalidad y no en la diferencia. Recientemente, en la Clínica Universitaria de Navarra, me encontré en unos de esos pasillos de alto abolengo, con un padre serio y disciplinado que compartía conversación sigilosa con su esposa, mientras su hijo, con orgullo, le reconocía en ese largo corredor. Un joven, discapacitado si, con una mirada azulina que impactaba las retinas de quien le mirase. Tanto por su color como por su tristeza. Un padre altivo, aún sigiloso, que lucia con orgullo su bata blanca mientras parecía disimular a su hijo. Esa secuencia, hizo retrotraerme a aquellos años de monitor y ver todo un mundo de nuevas capacidades. Ángel, uno de los sujetos de animación cognitivamente más desarrollado, me dijo una vez que si le daba pena, no quería que estuviese acompañándole. Una mente maravillosa y lúcida, como pocas he conocido. Los más desconfiados, veían su locuacidad y clarividencia, como arma de persuasión y perspicacia. Bendita perspicacia para una persona despojada de capacidades motoras...