LA ABUELA

Paseo por la ciudad sin rumbo fijo. Un museo a mi derecha, me provoca e invita a adentrarme en sus salas con la visita de Goya, y unos lienzos de la nobleza vizcaina de siglos pasados. Con una Mirada profunda, quizás aviesa, una mirada atrevida y sociológica, con un toque vouyeaur; en definitiva una Mirada edusa. Antes de entrar, me recreo en el cuidado de una señora de avanzada edad y lo que seguramente fuesen sus dos nietos. Con serenidad, con cariño y sobre todo, incondicionalidad. Pienso en la estampa y me retrotraigo a mi cuasi prolongada trayectoria profesional: ¿ cuantas abuelas has llegado a conocer en este oficio ? ¿qué labor personal y familiar desempeñan en contextos de desprotección de sus descendientes? ¿por qué ellas y no otros/as? Brotan en mi, decenas de sensaciones y recuerdos, mayoritariamente constructivos, de orgullo y reconocimiento. Abuelas, otrora madres, que en su dia tuvieron que lidiar y convivir con desajustes convivenciales, luchar contra buena parte de consumos y formas de vida libertarias que iban corroyendo tanto la economía familiar como la salud de sus protagonistas. Madres coraje con escasos recursos, que hacían valer sus escasos conocimientos existenciales para intentar sacar adelante un hogar humilde, trabajador y en el mayor de los casos, migrante y desarraigado. Hijos de un contexto industrial en declive y unas ciudades en construcción donde la sostenibilidad o el bienestar y calidad de vida, no estaban entre sus prioridades. Esos hijos/as libertarios, algunos acuciados/as por hábitos poco saludables, acabarían siendo padres y madres, en un momento existencial en el que muchos/as de ellos/as estaban más preparados/as para ser cuidados que para ejercer de cuidadores/as. Hijos/as que creerían poder compatibilizar el estatus juvenil y la vida de ocio nocturna ( incluso diurna) con un minimo...

HIJOS DE NADIE

Una mañana como otras tantas, nos llama una de las trabajadoras sociales del servicio de Infancia para informarnos de que en las próximas semanas se tiene previsto realizar el ingreso de un joven de 17 años, procedente de otro hogar de la red. El motivo principal que se esgrime para ese cambio es que “el joven lo ha solicitado, dado que en su actual centro no se encuentra a gusto y refiere alguna dificultad relacional con ciertos educadores/as sociales”. Fermin es un joven de 17 años y medio, en pleno proceso de emancipación (así lo pauta nuestro ordenamiento jurídico con la mayoría de edad reglamentada en los 18), que llega al hogar con un único objetivo: hacer muchas cosas, cumplir muchos sueños y vivir con más libertad juvenil a partir de los dieciocho. Tras su acentuada sonrisa y carácter sociable, en ocasiones se comunica por arenas movedizas culturales que evocan cierto machismo y clasismo pretérito. Tiene unas cualidades físicas, que le permiten soñar con desafíos olímpicos, ideales de grandeza futbolística o cualquier consecución deportiva que se proponga. Una excelente fachada de gladiador romano, un discurso que bien podría cultivar un discípulo de Aristóteles. Y sin embargo, cuando rascabas entre la armadura e intentábamos proyectar ciertas grietas o ausencias para su posterior reflexión, veías los mismos gestos y las mismas dudas que cualquier persona de a pie, con 30 centímetros menos de estatura e iguales angustias de porvenir futuro. Su ego externo, solo podía justificarlo, con un estilo altivo y despreciativo hacía el débil. Entendiendo como débil, a sus iguales. Por eso rehúye como la pólvora las interacciones prolongadas, las reflexiones transcendentales o la confrontación dialéctica desde el saber. “Solo intenciones, no me pidáis hechos” parece estar diciéndonos continuamente tras su ambivalencia adolescente. No deja...

NO FUI YO, FUE ELLA

El pasado mes de Julio, las siempre incansables compañeras del Colegio de educadoras/es sociales de Galicia, nos invitaban a una seductora y añorada propuesta, donde explayar y reforzar nuestro quehacer cotidiano para con la profesión y plantear todas aquellas perspectivas de cara a su construcción. “¿Ti qué fas pola Educación social?” llevaba por titulo y Educablog, no podía dejar escapar esa magnifica ocasión para reverdecer alguno de sus orígenes o leiv motif. El fruto de esos trabajos, han sido recopilados en un “libriño” de relatos y la publicación del trabajo ganador del concurso de proyectos Fin de Grado. Espero que les gusté esta inmersión introspectiva, y refuerce la idea de que la educación social es una extraordinaria aventura tanto personal como profesional. De cómo la educación social me buscó, me encontró y me atrapó Puede que suene petulante o incluso ególatra, pero si escarbamos en nuestro pasado, recuperamos nuestras emociones primigenias, echamos la vista atrás y olvidamos los viejos fantasmas de la indefinición, es muy probable que nuestra esencia personal, en esa mezcolanza con la orientación profesional, tenga una razón de ser, mucho más justificada y predestinada de lo que hubiésemos creído a priori. “Nada es azar, todo tiene un porqué”, que dirían los estoicos. 1980: Recuerdo una España gris y embarrada. Edificios en cimientos, carreteras sin asfaltar y colegios a medias. Añoro aquel gentío enorme de felicidad, de querer hacer, inventar, participar. Mucha actividad, donde los parques públicos cobraban vida propia y las calles empedradas formaban su pequeña fauna urbana. Juegos, libertad, aventura, vecindario, fiestas de barrio, etc. Era ciudadanía, era participación, era educación comunitaria en estado puro. De ahí mamé hasta mi juventud, casi mi adultez. El mundo de las responsabilidades fagocita de alguna manera esos sueños y los torna más áridos,...

5 PROPUESTAS DESDE LA EDUCACIÓN SOCIAL PARA EL ACOGIMIENTO RESIDENCIAL...

Se ha iniciado un nuevo año y nadie iba a garantizar que nuestra profesión lo empezase con buen pie. Ni el más optimista del lugar, firmaba buenas nuevas sobre el nuevo calendario que acontece. Al contrario, pareciera cumplirse aquello de que “ para con Dios, hay que tener (sujetar) por el carro ”. La noticia saltaba a los medios de comunicación en estos días navideños. Fue cogiendo fuerza según pasaban los días y la información se agrandaba con comparecencias oficiales y el consiguiente ruedo de dimes y diretes. Del ámbito local (Toledo), al autonómico y de ahí al estatal. Más amplitud, más ruido. Más conjeturas, más opiniones, más culpables. Menos verdad, menos soluciones. Fui leyendo y siguiendo la noticia de cerca, con el mayor número de referencias y partes implicadas posibles. Supongo que lo habré heredado del periodismo sin saberlo, pero en mi trabajo diario es el pan de cada día: ir a las fuentes, contrastarlas y surfear entre la información para dar con la versión más objetiva o veraz (si es que de verdad existe). Cuando surgió la idea de realizar este artículo, tuve una cosa muy clara desde el principio: la educación social tenía y tiene que plantear soluciones. De denunciar a los culpables (con mayor o menor acierto) se ocupa la prensa, de investigarlos la policia y de juzgarlos la justicia. El fatal accidente y posterior fallecimiento de una niña tutelada por la Junta de Castilla y la Mancha, es a todas luces una situación desagradabilísima, provocada por una cadena de infortunios con un indeseable desenlace. La educación social, como parte implicada en el entramado organizativo e institucional (vivía en un hogar residencial, supervisada por profesionales) debe hacer una reflexión profunda y reclamar que los distintos desajustes que pudiesen haberse dado,...