La educación social como oficio...

En el oficio de educar es esencial una gran dosis de vocación, nos guste o no. Y se sustenta más en la mirada humanista que en la ciencia, la tecnología, la ingeniería social y la técnica. Si bien en el día a día de muchos educadores sociales existe el deseo de poseer una tecnología precisa para actuar cuando aparecen los problemas, con la práctica uno se da cuenta de que no existen. O, por lo menos, es casi imposible extrapolarla más allá de la propia experiencia. Lo que da sentido a la tarea socio-educativa es que está poco definida, es intuitiva, se diluye en otras formas más complejas. Y justo por ello la educación social es un oficio apasionante, abierto, sin límites demasiado preestablecidos y con grandes posibilidades de crecer. Podríamos decir que la esencia de la educación social se vive, no se ejerce. Esa esencia hace tiempo que intenta ser modificada, porque hace años que intentamos definir nuestra identidad. La experiencia y el oficio mismo no siempre son muy bien vistos ni reconocidos: ni por el resto de profesionales del sector, ni por la propia administración e, incluso, tampoco por la universidad, que tiende a formas más ortodoxas desde el grado en educación social. La praxis y la formación en educación deberían construirse de forma simbiótica, dando forma a un trabajo de conjunto entre unos y otros. La metáfora nos permite desarrollar las ideas más significativas que se encuentran detrás de cada concepto de educación social: a) Nutriente de almas Se alimenta física y emocionalmente. b) Caminante infatigable. Se conduce desde una existencia estigmatizada hasta una vida normalizada y valorada. c) Enderezador de troncos desviados Si bien es un concepto poco actual y bastante sesgado, complementa el resto de visiones. d) Reparador de...