De soledades…

Mientras disfruto de la vista de tejados que desembocan en el río de la Plata, degusto mi soledad con fruición, respiro hondo una y otra vez y miro más allá. Por ahí donde no llega mi mirada, al otro lado del agua, Buenos Aires se esconde en la distancia. La soledad, es mi amiga y mi lugar, a ratos me invita a recogerme en mí mismo y tal hecho es un ejercicio que me gusta practicar, sintiéndome a gusto, al menos, la mayoría de las veces. Se puede decir que me llevo bien con mi persona y que cuando discuto hacia adentro, casi siempre, suele haber conciliación. No todas las personas lo llevan tan bien y ¿que me decís de los y las Educadoras Sociales? Hace poco, he vuelto a quedarme sólo como Educador Social. Es decir, sólo ante el peligro, sólo en mi quehacer como educador de calle. Aún recuerdo cuando hace tiempo hablaba de los educadores y las educadoras sociales como islas en el océano. Hablaba del aislamiento al que nos condenaban o quizá al que nos condenábamos nosotros mismos. Esta vez es distinto. Esta vez, no estoy en la misma etapa como profesional, al menos, no me siento igual que en anteriores aventuras profesionales en solitario. Si bien es cierto que no puedo negar cierto vértigo y sobre todo la sensación de no llegar hasta donde me gustaría, desbordado por una realidad inabarcable, no es menos cierto que la actitud es muy diferente. Desde luego, paso de victimismos y de lamentos, no van conmigo, lo afronto como oportunidad para seguir creciendo como profesional y como persona y con una intención muy clara…Tejer redes. Tejer redes, tocando puertas a dos manos, descolgando el teléfono como si un muelle tuviese incorporado, participando de...