Jimmy

Decidimos hacer una obra de teatro sobre las guerras y en concreto sobre la “sinrazón” de las mismas. El estreno sería la segunda semana de febrero dentro de la semana de la cultura que se organizaba todos los años en el instituto. Yo estaba emocionado con la idea de representar la obra. He de decir que en cuanto me ponía a pensar sobre mi nula experiencia en la dirección, el miedo se apoderaba de mí. Pero aún existiendo esa lucha en mi interior, la motivación iba creciendo a medida que avanzaba el proceso creativo. No en vano, aproveché el grupo de manualidades para diseñar un mural junto a ellos y ellas y también colaboraron en la confección del vestuario a base de materiales “nobles” como el cartón, las bolsas de basura y la cartulina. El grupo de teatro me sirvió para reflexionar sobre la violencia, sobre el conflicto y sobre las soluciones alternativas. Pensando con el grupo de manualidades sobre el tema del mural, Damian, un niño pelirrojo que tenía familia en Gernika, nos propuso como tema el cuadro de Picasso que precisamente se titulaba así (Gernika) en referencia a aquel fatídico bombardeo. No hubo discusión alguna y todo el mundo estuvo de acuerdo. Nada más salir, en cuanto llegué a casa, imprimí varios modelos del cuadro completo y de partes concretas para que nos sirvieran de modelo. El 11 de Febrero, el tema central de la Lista de Schindler se colaba entre las butacas pobladas de alumnado en plena algarabía, el salón totalmente a oscuras, sólo se escuchaba el rozar de telas tras el telón que subía ágil impulsado por el juego de poleas. En el escenario, una luz cenital, un único actor, que lentamente alzó el rostro… Entonces me di cuenta de...