VIVIR EL TRABAJO COMO PROFESIÓN...

Quizás sea producto de los años, pero me ocurre últimamente que estoy más interesado en mirar lo que soy y lo que hago para profundizar en lo que ya está ahí, pero no del todo resuelto, no del todo identificado, no del todo explicitado, expresado en palabras, que por seguir “acumulando” experiencias novedosas, formaciones de esto y de lo otro (aunque siga formándome), y no sé cuántas cosas más…bueno si lo sé…esas otras cosas más…pueden ser bicicletas viejas, bueno ahora se dice vintage! Hace unos días cayó en mis manos un material a través de uno de los “espacios relacionales en los que habito”, uno de esos micro-mundos en los que me nutro, crezco, comparto…Comencé a leer y enseguida me engancho porque parecía responder a algo que como educador social he vivido prácticamente desde el inicio, y ahora más mayor, me doy cuenta viven otras muchas personas de mi ámbito profesional y en otros ámbitos como pueden ser el sanitario, al que voy conociendo un poco más de cerca durante estos últimos años. En esas escasas páginas, no es más que un cuadernillo, se planteaba la cuestión de porque para referirnos a algunas actividades las denominamos trabajos y a otras las denominamos profesiones. Puede parecer una cuestión anecdótica de entrada y sin embargo, el autor me hizo caer en la cuenta de algunas evidencias que quizás en el día a día nos pasen desapercibidas, pero que terminan siendo la clave para contestarnos a porque algunas personas pasamos en un momento dado de percibir lo que hacemos como trabajo a percibirlo como profesión. Parece que la palabra “profesión” tiene una connotación diferente a la palabra trabajo incluso a la de oficio. A la palabra “profesional” se le dan por supuestas una serie de cualidades, de...

NO FUI YO, FUE ELLA

El pasado mes de Julio, las siempre incansables compañeras del Colegio de educadoras/es sociales de Galicia, nos invitaban a una seductora y añorada propuesta, donde explayar y reforzar nuestro quehacer cotidiano para con la profesión y plantear todas aquellas perspectivas de cara a su construcción. “¿Ti qué fas pola Educación social?” llevaba por titulo y Educablog, no podía dejar escapar esa magnifica ocasión para reverdecer alguno de sus orígenes o leiv motif. El fruto de esos trabajos, han sido recopilados en un “libriño” de relatos y la publicación del trabajo ganador del concurso de proyectos Fin de Grado. Espero que les gusté esta inmersión introspectiva, y refuerce la idea de que la educación social es una extraordinaria aventura tanto personal como profesional. De cómo la educación social me buscó, me encontró y me atrapó Puede que suene petulante o incluso ególatra, pero si escarbamos en nuestro pasado, recuperamos nuestras emociones primigenias, echamos la vista atrás y olvidamos los viejos fantasmas de la indefinición, es muy probable que nuestra esencia personal, en esa mezcolanza con la orientación profesional, tenga una razón de ser, mucho más justificada y predestinada de lo que hubiésemos creído a priori. “Nada es azar, todo tiene un porqué”, que dirían los estoicos. 1980: Recuerdo una España gris y embarrada. Edificios en cimientos, carreteras sin asfaltar y colegios a medias. Añoro aquel gentío enorme de felicidad, de querer hacer, inventar, participar. Mucha actividad, donde los parques públicos cobraban vida propia y las calles empedradas formaban su pequeña fauna urbana. Juegos, libertad, aventura, vecindario, fiestas de barrio, etc. Era ciudadanía, era participación, era educación comunitaria en estado puro. De ahí mamé hasta mi juventud, casi mi adultez. El mundo de las responsabilidades fagocita de alguna manera esos sueños y los torna más áridos,...