Socializando las pérdidas...

A nadie escapa, que en los últimos dos meses, tanto a nivel estatal pero en Bizkaia especialmente, han acaecido distintos incidentes de carácter gravísimo, con el nexo de unión de juventud y parte de infancia, entre sus protagonistas. Aunque a decir verdad, en realidad si se le ha escapado a alguien. A un alguien tan representativo como sus cargos debieran indicar. Siempre hay personas, principalmente aquellas que forman parte directiva de las pertinentes administraciones intervinientes, que ni siquiera se han atrevido a dar el perfil. Que un representante de la ciudadanía, en los distintos estratos administrativos en los que concurran, se niegue a salir a informar y analizar lo que acontece en su villa, provincia o comunidad autónoma ante la opinión pública, merece cuanto menos una valoración de irresponsabilidad en toda regla. Es de justica subrayar la honrosa excepción de Dña. Mónica Arias, Fiscal Delegada de Menores; nos convenciesen o no posteriormente en mayor o menor medida sus explicaciones aportadas. Bravo. Ese posicionamiento avestrucil, impregna como no podía ser de otra manera, de cierta dejadez institucional y una manifiesta y posible reducción de daños políticos colaterales. Recuerden aquello de “no remover …” o aquella otra “recomendación” de un representante zamorano a un equipo socio-educativo: “Aquí no estamos para dar titulares. Estamos para evitarlos”. No le sorprenderá a nadie del ámbito social, que una vez transcurridos los hechos tan penosos y enormemente graves provocados por personas con minoría de edad legal (más que suficiente para responsabilizarse penalmente de sus actos), las distintas maquinarias gubernamentales conectadas con el ámbito de la Infancia y Juventud, principalmente circunscrita al entorno de la dificultad social, se han puesto a trabajar. A partir de, aunque se nos llene la boca hablando de la prevención. Las mismas maquinarias autocomplacientes, que meses...

EDUCACIÓN SOCIAL: ES HORA DE QUERERNOS...

Es por todos sabido, que estando Jesús de Nazaret en la sinagoga de la ciudad ante sus compatriotas, estos, en vez de aprovecharse de la ocasión para la escucha que este les ofrecía, le despreciaron. “El mismo Jesús dio prueba de que el profeta en su tierra no tiene honra“, llegó a escribir Juan en su capítulo 4º. La educación social como práctica y profesión, ha adolecido históricamente, de una visión y autoestima suficientemente empoderada. Bien fuere por nutrirse en el regazo de las disciplinas que conforman las Ciencias Sociales, bien por nacer bienintencionadamente bajo el paraguas de las entidades religiosas y su poca constructiva caridad o bien por que el reconocimiento social y la visibilización en la esfera pública, tardaba (tardó) en fraguarse al entender de las/los educadores sociales y todas/os los profesionales de la Intervención social, que ya eran muchos por aquel entonces. Teníamos la sensación (para algunas/os casi certeza) de lo que el maestro y educador social, Fernando Fantova, llamaba “una profesión acomplejada”. Tengo que reconocer, no sin un soplo quizás triunfalista, que la educación social de hoy está mucho más reconocida y asentada que la originaria de los años 60/70. Que queda mucho camino por recorrer, es una cuestión indudable que cada día, y entre todas/os, intentamos construir. A través de nuestras prácticas profesionales cotidianas, cada vez más cualificadas, a través de la representatividad de los Colegios y Asociaciones profesionales. Con rostros, nombres y realidades, que traspasan los muros de nuestras entidades y poco a poco se van metiendo en los poros de nuestra sociedad, mediante publicaciones (RES, publicaciones edusas, documentales, reportajes etc…), mediante participación, mediante la socialización de los recursos, proyectos y programas. Acercándonos lentamente a los medios de comunicación a los que tantos reparos sensacionalistas, les transferíamos. Para...