identidad digital saneada...

En una encrucijada de caminos, a cada cual con más incertidumbre, recibo el encargo de escribir este artículo sobre Identidad Digital. Nada menos, que saneada. La empresa se antoja complicada, mientras en el televisor inundan las referencias y fotogramas de Trump, esperemos que en sus últimos coletazos, como adalid de la desinformación y las Fakes News. Un insaciable hombre de negocios, que revirtió por completo los cánones de señorío y corrección política que en teoría conjugaban las instituciones representativas de lo que damos en llamar estados democráticos. Aquellos afamados “no todo vale” o “el fin no justifica los medios” quedarán siempre como meras anécdotas políticas de la postmodernidad occidental. Oigo en los últimos tiempos, no se si fruto de mi edad y oxidamiento, un mantra que parecía reservado para saltos generacionales acusados: “Noto una crisis de valores en la sociedad en general. Visualizada de manera más ruidosa o menos reprimida en la juventud, pero que nos concierne a todas las escalas de la sociedad y nuestros códigos de convivencia: exigencias o demandas personales, mal trato verbal, psicológico, incivismo…. ” reflexiona preocupada una educadora social razonable de apenas 34 añitos. No podemos avanzar ni desarrollarnos como sociedad, en un mundo interconectado, sin los pilares básicos que cimienten las relaciones y las identidades de sus participantes. Con todas nuestras diferencias individuales y grupales, pero con lugares comunes de reconocimiento, basados en el respeto e igualdad. Una vuelta y necesario retorno a elementos de definición e identidad social normalizados, donde rescatar el encuentro y respetando la particularidad, que diría Ubieto. Partamos luego de estos preceptos, de nuestros orígenes en comunidad, para abordar con un mínimo de garantías, la definición y desarrollo de nuestras identidades. Desde lo personal, lo físico y lo presencial, para ir adentrándonos con afianzamiento...