Autor Iñigo

January 15, 2007

Ilustración que simboliza la soledadNo sé si es una realidad muy común, pero yo creo que es un sentimiento que, más o menos, ha tenido todo/a educador/a. Más aún cuando la educación social es de reciente profesionalización con todos los matices sobre el prestigio que ya hemos comentado en otros artículos.

Pero esta vez me refiero a algo más íntimo, a la sensación de estar flotando en medio del mundo laboral, sin cuerdas, hombros o manos a los que agarrarse. No sé si os pasa a vosotr@s pero, en mi caso, casi siempre trabajo sólo, “yo me lo como, yo me lo guiso”.

No niego que esto tenga sus cosas positivas, pero, a veces, siento que mi trabajo es como esa poesía anónima, tan buena, pero perdida en el fondo de un cajón. Me explico. Aunque en mi trabajo cada vez somos más los/as educadores/as, me doy cuenta de que estamos un poco aislados, cada uno en su municipio y que son las psicólogas las que llevan el mando y la cara del trabajo, quedando nosotros como un peón importante pero sin poder.

No sé, creo que no es una situación justa y considero que hay que darle la vuelta a la tortilla. Al final, el interés que desde la fundación hay en referencia a tu trabajo es meramente funcional, poniendo el énfasis en los datos, las acciones, los números, memorias, actividades… y nada de nada sobre cómo nos sentimos en nuestro trabajo, qué dificultades nos encontramos. Al fin y al cabo, nuestro trabajo es en primera línea y los sentimientos entran en juego constantemente.

Teniendo en cuenta lo anterior, es fácil caer en la desmotivación y/o frustración porque las cuestiones personales se diluyen entre cifras, reuniones impersonales y falta de comunicación.

Yo, por mi parte, necesito, de vez en cuando, analizar mi situación y buscar un hombro, una mano, una cuerda a la que agarrarme… y permitirme que use la que me brinda este blog para no sentirme como un grano de arena en la inmensidad del desierto…

¿Alguien me presta su hombro?

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Snif, muy bonita tu vomitona, Tote. La verdad es que la soledad en nuestro trabajo suele ser una carga más que, a menudo, hemos de sobrellevar, de tal forma que incluso puede llegar a ser decisoria a la hora de abandonarlo.
    Además, creo que una buena iniciativa por parte de las asociaciones, empresas, servicios, etc… en los que trabajamos deberían hacer disponible un espacio para la reflexión, para el ‘vómito’ de los trabajadores, no sé, una fórmula en la que poder reciclarnos emocional y psíquicamente, no sé si me explico. Creo que esas psicólogas que dices, a veces, deberían juntarse con todos esos currelas que trabajan sol@s y hacer una especie de terapia.
    Pero bueno, mientras tanto, aquí tienes mi hombro, Tote!!

  2. Te entiendo perfectamente, pero no debes olvidar que los peones son fundamen-tales para ganar o perder una partida de ajedrez y que en defintiiva los que estamos con los chicos-as(u otroscolecti-vos), disfrutamos haciendoles brillar sin importarnos quien se lleve la medalli-ta” .Aunque a veces parezca que el mérito es de otros, cuando te encuen-tres a las personas que has atendido en tu trayec-toria, te darás cuenta de que ellos si saben que eras tú el que estabas ahí y que por eso seguramente quisiste ser educador social. No obstante tienes razón en que no nos cuidan lo suficiente. Animate y no te sientas solo.

  3. Gracias Maite, se agradece tu hombro al igual que el de Lucce. Tienes razón en lo de que al final las personas, los/as jóvenes, saben quién se preocupó y luchó por su causa y en ese sentido, es lo más motivador del trabajo (aunque a veces lleva tiempo descubrirlo), pero creo que debemos ir más allá y reivindicar nuestra importancia dentro de las entidades en las que trabajemos. También nos merecemos parte de esas medallitas, ¿Estáis de acuerdo?

  4. Sí, pero, de momento, la profesión sigue sin estar totalmente reconocida (económicamnte, labralmente)… No sé, es como si, en muchos casos, se nos siga tratando como a los chavales estos majos monitores (con todos ms respetos hacia los monitores)
    que ayudan.
    Creo que aún queda mucho camino por recorrer y que, como Maite, hemos de valorar sobre todo las medallitas, menos obvias pero más valiosas, que nos cuelga la gente con la que trabajamos.
    Un saludo!!

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