Autor Iñigo

julio 10, 2007

Regalo¡Barato, barato, oiga! ¡Tenemos cursos, cursillos, jornadas y ponencias! ¡Los hay de dinámicas de grupo, de resolución de conflictos, de teorías psicológicas, de nuevos programas, programas con trayectoria, de trayectorias inconclusas! ¡No desaproveche esta oportunidad, reciclarse o morir! ¡No desaproveche las ponencias en saldo oiga! ¡sus usuarios se lo agradecerán!¡Fórmese, fórmese, barato, barato!

Quizá pueda parecer exagerado, pero con respecto a la formación, a veces, me he sentido como frente a un escaparate en el que se ofertan diferentes productos con diversos envoltorios, unos más lucidos que otros, más brillantes otros, con lazo más vistoso algunos, varios que pasan desapercibidos…

El caso es que es difícil encontrar un curso que vaya más allá del reclamo del envoltorio, estando el interior de los paquetes-curso en su mayoría vacío, o con rellenos de poco peso, quedándose en muchos casos en la exposición de ideas ya muy manidas, de forma en gran medida unidireccional, perdiéndose la riqueza de realidades y los contrastes vivenciales de los y las oyentes.

En este sentido, hay formaciones que prevén la inclusión de espacios de talleres en grupos reducidos, que permiten salvar este escollo.

Sin embargo, en general, estas experiencias son muy limitadas en el tiempo y además, son más los cursos de índole unidireccional a los que aludíamos antes.

Para mí, un buen curso, es el que te aporta, no sólo buen conocimiento, sino el que te plantea al menos una duda respecto a tu práctica. De este modo, es como una formación te podrá hacer crecer, haciendo tambalear e incluso destruir en parte tus cimientos de cara a reconstruirlos, más sólidos e incorporando los nuevos conocimientos.

Si un curso, nos parece interesante pero no nos hace dudar sobre nuestra labor, para mí no sería en absoluto un “buen” curso.

Cuantas veces sales de unas jornadas con una sensación de desorientación, como si no supieras que haces allí, a qué has venido, o qué es lo que te llevas…

En este orden de cosas, a mí me molestan especialmente los cursos “envoltorio”, es decir, las formaciones que en el escaparate al que aludíamos antes, tendrían los papeles más brillantes, los lazos más vistosos, los colores más atractivos pero que, en la práctica, estarían vacíos de contenidos. Serían cursos en grandes auditorios, con grandes nombres, con gran asistencia, desayuno, lunch y carpeta con el nombre del evento grabado en oro, azafatas por doquier, medios de comunicación; radio, televisión y prensa, traje, corbata y perfume Chanel.
Vamos, todo fachada, publicidad, prestigio vacuo, y una formación que resulta tremendamente cara y absurda al mismo nivel. Una pérdida de tiempo en la práctica.

Por todo lo que he dicho, creo que hay que redefinir, en muchos casos la formación, desencorsetándola, dándole aire, tendiendo a formaciones de grupos reducidos, en los que prime la práctica, la comunicación y el contraste de colores, brillos, vistosidades internas y no sólo del envoltorio. Y sino… ya sabemos que toca…

¡Barato, barato, oiga! ¡Tenemos cursos, cursillos, jornadas y ponencias! ¡los hay de dinámicas de grupo, de resolución de conflictos, de teorías psicológicas, de nuevos programas, programas con trayectoria, de trayectorias inconclusas!¡No desaproveche esta oportunidad, reciclarse o morir!¡No desaproveche las ponencias en saldo oiga! ¡sus usuarios se lo agradecerán!¡Fórmese, fórmese, barato, barato!

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Iñigo

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  1. Totalmente de acuerdo…Por ello, nombramos curso de utilidad publica general a todo aquel que te genere UNA DUDA. Fijaros que tampoco somo ambiciosos..pero con una sola, valdria para la mejora, replanteamiesto de estrategias de intervencion, etc, etc…Cuando la encuentren (la duda) llamenme , porque ire. En otro apartado de cosas, decir que quizas el pecado capital de los grandes congresos, jornadas, etc, etc,..radica en la generalizacion del contenido. Me explico: Son temas muy generales, poco acotados, cuyas realidades se pasan someramente por encima y por tanto queda el discurso general, el politicamente incorrecto pero progre. No se ponen nombres, caras, calles, familias, situaciones ..muy concretas, por tanto nos perdemos en la ambiguedad, la generalizacion y por tanto en el contenido vacio. NO sabemos a donde vamos, por tanto cualquie informacion o camino a escoger es valiado: nuevos retos ante la desestraucturacion social…. y los que buscamos la duda, preguntamos: «DE que ? «. Y te responden ..de la sociedad actual de la informacion. » Ahhhhh¡¡¡» y nos vamos tan contentos a por el descafeinado y la carpetita.

  2. Esa es la clave para poder ser profesión. Nadie niega que tengamos que formmarnos. Hasta especializarnos si cabe. ¿pero qué nos diferencia a los educadores de los médicos en este sentido?. Pues que ellos son una profesión y nosotros aún una panda de locos.

    Hay que reclamar la propiedad de nuestro nombre. del sustantivo en toda referencia laboral. Y al tiempo el ámbito. Pero parece que esto último es más difícil, sobre todo porque inocentes de nosotros, seguimos pensándonos en función de para que trabajamos en lugar de lo que hacemos. Los médicos hacen medicina y práctica médica. ¿qué hacemos los educadores?

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