Autor Iñigo

January 9, 2008

Tengo compañeraMe explico. Llevo más de cinco años trabajando como educador de calle y educador de jóvenes y hasta ahora, salvo en un proyecto con locales de jóvenes, para bien y también para mal, he estado trabajando sólo. Yo me lo comía y guisaba todo como el tal Juan Palomo.

En este sentido, siempre me he quejado de la soledad, de la imposibilidad de compartir mis vivencias, al menos en el día a día y en el momento en el que me hubiese sido más útil. Siempre me he quejado de que nadie podía ponerse en mi lugar y de que mi trabajo no tenía un eco real y suficiente en mi institución, que yo era el único que veía el fruto de mi trabajo y por mucho que lo contara, por mucho que se reflejara en cifras y letras en una memoria, no era suficiente.

Pues bien, llegado el momento en el que tengo la suerte de tener una compañera de trabajo, las cosas no se presentan tan fáciles como cabría esperar.

Desde luego, albergo grandes esperanzas y expectativas respecto a nuestra relación de trabajo, sobre todo teniendo en cuenta lo que os he comentado. Pero dicho esto, me doy cuenta de que en estos años de trabajo me he acostumbrado a trabajar sólo, es decir, a mi aire, sin depender ni discutir (en el buen sentido) con nadie. Y ahora, todo cambia, tengo que hablar con ella para decidir los pasos a dar, el cómo y el dónde. Tenemos que encajar nuestras ideas en un puzzle cambiante, tengo que tener en cuenta cómo es y cuáles son sus necesidades y ver cómo encajan con las mías; en fin, conocer, respetar, negociar, colaborar, compartir…

Leyendo los anteriores renglones, alguien pudiera pensar que estoy descontento, pero nada más lejos de la realidad. Lo que pasa, es que me está costando más de lo que esperaba y quería compartirlo con vosotr@s como un buen ejemplo, según mi opinión, de que somos animales de costumbres, y que los cambios cuestan, aunque sean en positivo.

En un futuro, cuando lleve algún tiempo trabajando con ella, espero compartir con vosotr@s mis sensaciones positivas. Hasta entonces, espero que podáis exponer algunas de vuestras experiencias a este respecto.

Tengo compañera ¡Qué suerte!

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Es una verdadera suerte, sin duda, lo que pasa es que no veras su lado positivo hasta bien pasado un tiempo.

    Llegara el momento, en el que los dos seais uno. El trabajo diario, llegara a ser muy creativo, complementario y solo con miraros a la cara , sabreis como dirigir o llevar la intervencion a buen puerto y de manera coordinada y consensuada.

    Las responsabiliades, los exitos y fracasos se dividiran a partes iguales, y atras quedara la losa de la soledad y la incomprension.

    Incluso tu compañera , llegara a ser una gran amiga.

    Feliz año nuevo Tote, y cuida tus “Reyes Magos”.

  2. Me alegro de que ya tengas una compañera!

    Yo me estrené en septiembre en esto de trabajar a dúo, también era nuevo para mi, y creo que es algo que no valoras hasta que lo has tenido y te falta.

    El día que tu compi esté de baja (sin ser agorera) te sentirás tremendamente solo!

    Bueno, mucha suerte!!!!!

  3. Recuerdo la relación estrechísima de trabajo con mis compañeros/as del centro de menores. Sobre todo con Pau, con el que soportaba turnos de 48 horas seguidas de trabajo de fines de semana. Dios, que suerte tener a alguien que aguanta cuando tú ya no puedes más, o que sabes que está tranquilizando a 10 chavales y controlando la situación cuando sales a trompicones de una habitación con otro chico que ha estallado fuera de sí.

    Pero ahora también, más que nunca, en nuestro trabajo en la ONGD tengo la suerte de trabajar a dúo, y mi compañera es fantástica, ya nos hemos aprendido nuestras manías y llevamos todo con humor y sinceridad. Tiempo al tiempo, que ¡el roce hace el cariño! (al menos casi siempre).

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