Autor Iñigo

febrero 5, 2008

Yogur NaturalQuizá seas de las personas que tienden a organizar y quizá un día educativo tuyo se parezca al siguiente ejemplo:

16 horas: llego a la oficina. 16:10: saco la historia de Pepiño y repaso los objetivos a reforzar con él. A las 16:25 guardo la historia y repaso las actividades una a una, analizando cuál es mi función y la intencionalidad de todas las fases. 16:55: Preparo los materiales necesarios para realizar las actividades, poniendo sobre la mesa los necesarios para la primera. 17:00: Llega Pepiño… o quizá llegue a las 17:05, o quizá le haya pasado algo y se retrase. 17:15: Quizá deba llamarle, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 tonos, ¡no coge! Y ahora, ¿qué hago?

Pepiño llega finalmente a las 17:45 con un ojo morado. Según entra, suelta un lacónico «¡es que me he peleao!» Yo, por mi parte, me quedo con cara de tonto mirando detenidamente los ordenados materiales sobre la mesa…

Quizá haya exagerado un tanto en el ejemplo, pero creo que es ilustrativo para el tema que pretendo desarrollar. No creo que a nadie le sean ajenos la planificación, los objetivos, el seguimiento, los indicadores… Desde luego, yo no estoy poniendo en duda su valor, ya que comprendo que las cosas no surgen por generación espontánea, sino que ha de existir una base sobre la que se asiente nuestra acción educativa.

Dicho esto, lo que sí quiero poner en duda es la excesiva atención que a veces ponemos en estos aspectos arrinconando otros que, a mi juicio, son igualmente importantes o incluso más.

En mi corta experiencia con jóvenes, si algo he aprendido o me han enseñado, es que la educación fluye, es continua, como una corriente de agua que a veces es rápida y otras veces es lenta, pero que siempre se dirige a algún lado. Es decir, que podemos cronometrar la acción educativa, dejando tantos minutos para trabajar tal y tantos para trabajar cual, pero no debemos cegarnos por esos límites que nos imponemos o nos imponen, limitando así la potencialidad educativa.

Permitirme deciros, que si yo fuese la persona del ejemplo, no sólo no me quedaría con cara de tonto, sino que valoraría esa situación como una oportunidad educativa, seguro que mucho más rica que todas las actividades juntas.

Si educar es sobre todo ser y ser con ser al lado de, entonces el excesivo acento en las formas, en las medidas, no nos hace mejores, nos hace más artificiales y nos hace sentirnos incómodos ante la realidad, ya que no se adapta a lo que esperamos de ella.

Ante esto, mi consejo es naturalidad, ante todo naturalidad.

Sobre el autor

Iñigo

Deja tu comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked

  1. opino exactamente lo mismo que has dicho, y algo asi es lo que yo queria decir en la entrada de «educadores enfrentados»

    hay que aconsejar/enseñar/educar con naturalidad, diciendo lo que realmente se piensa o se tiene experiencia, segun la conciencia de cada uno, de manera natural, independientemente de si esta politicamente bien o mal, no haciendo caso a las limitaciones impuestas si fuese necesario, por que si no, como muy bien dices, «nos hacemos mas artificiales y nos sentimos mas incomodos con la realidad, porque no se adapta a lo que esperamos de ella»

    yo creo que eso de las «formas» deberia ser algo secundario

  2. Pues mi consejo (uf, quién soy yo para darlos), pelanas y tote, es profesionalidad, ante todo profesionalidad (que engloba un saber hacer y también exige un dominio de las técnicas y de la teoria). Pelanas hay que hacer caso de las limitaciones impuestas, la educación, entre otras cosas, habla de límites. Y «las formas» en educación son importantísimas. Somos agentes educativos y no nos hemos de olvidar que los menores nos MIRAN y aprenden de nosotros. Ser un profesional cálido y trabajar con afecto es una cosa, ser un colega enrollao es otra.

  3. Siguiendo en la línea de lo que comentáis. Yo creo que no hay que confundir las cosas y no tender a buscar los extremos, es decir, ni obsesionarnos por las formas, por el ser «excesiva o meticulosamente» profesional, ni convertirnos en un colega al uso, sin ninguna intencionalidad educativa y mezclando totalmente nuestra vida profesional y personal.
    A lo que me refiero, es a crear un equilibrio razonable, entendiendo que normalmente se le da más importante a la parte formal y no debiéramos descuidar la otra parte.

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

¡Suscríbete a nuestra Newsletter mensual!

Si quieres estar informado sobre las últimas noticias, recursos y artículos sobre educación social, apúntate aquí y recibirás mensualmente nuestra Newsletter.

__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"49fd8":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"49fd8":{"val":"rgb(47, 138, 229)","hsl":{"h":210,"s":0.77,"l":0.54,"a":1}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"49fd8":{"val":"rgb(47, 138, 229)","hsl":{"h":210,"s":0.77,"l":0.54,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"9bd08":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default Palette","value":{"colors":{"9bd08":{"val":"var(--tcb-color-1)","hsl":{"h":0,"s":0.8915,"l":0.01}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"9bd08":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
Suscríbete!
__CONFIG_group_edit__{}__CONFIG_group_edit__
__CONFIG_local_colors__{"colors":{},"gradients":{}}__CONFIG_local_colors__