Autor Iñigo

febrero 12, 2008

ChisteraAyer le llamé a mi compañera. Había quedado con una joven que nos habían derivado de un centro educativo. Antes de quedar con ella, se mostraba algo nerviosa, un tanto insegura, como suele pasar en la función del estreno, justo antes de enfrentarse al público.

En la primera llamada, los tonos se prolongaron sin respuesta y tras una impaciente espera, volví a intentarlo. Esta vez sí tuve éxito y la voz de mi compañera brotó a borbotones al otro lado del auricular con pausas mínimas y con tono alegre, esperanzado.

Estaba claro, aún sin llegar a procesar la totalidad de sus palabras, que todo había ido bien, que habían conectado y que, como una pequeña puerta que alberga una gran estancia tras de sí, la joven se había abierto a la educadora depositando en ella una pizca de confianza.

Para mi compañera, este fue un instante mágico, una respuesta a todas las preguntas de las personas que se dedican a esta profesión, un sentimiento real de qué significa educar, de qué significa ser educadora.

Por eso, hoy os animo a compartir con todo el mundo algún momento mágico que hayáis vivido como educadores o educadoras.

Seguro que, si lo pensáis, son más de los que hubieseis creído en un principio.

Al fin y al cabo, como me decía un profesional de otro gremio esta mañana:A mi lo que hacéis con los jóvenes me parece magia

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Iñigo

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  1. Basta con que algún antiguo alumno te de las gracias. Nuestra misión es dejar un legado. Un legado intangible. Cuando ese legado se manifiesta, es que las cosas han funcionado. Y eso de por si, ya resulta mágico.

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