Autor Iñigo

marzo 17, 2008

Medicación = Control de JóvenesYo nunca he trabajado en un centro cerrado de justicia juvenil, pero el artículo que cayó por azares del destino en mis manos esta semana, ha encendido las alarmas en mi cabeza y he decidido compartir mis razones en este espacio y a modo de denuncia, altavoz y despiertaconciencias. Porque, ya digo, que es un tema muy serio. Os recomiendo, de todas formas, que os leáis el artículo completo, ya que no tiene desperdicio. Aún así, yo voy a centrarme en varios aspectos centrales de ese documento.

Por un lado, se dan datos muy claros, que caen como agua fría sobre nuestras cabezas. Ya que por un instante, podríamos pensar que es normal que un tanto por ciento de los y las jóvenes que estén internados en un centro cerrado, deban tener medicación, ¿o no?

El caso es que el autor, refiriéndose a Catalunya, afirma que más del 60% de los/as menores toman medicación neuroléptica antipsicótica y entre el 80% y el 90% toman medicación psiquiátrica (antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos)

Visto así, estas cifras ya despiertan recelo, pero más aún, cuando se nos dice que el 60% es la primera vez que los consume.

No cabe sino pensar, como acertadamente nos comenta el autor, que de lo que se trata es de “camisas de fuerza químicas”, es decir, se trata de tener controlados a los y las jóvenes por medio de medicación, ni más ni menos, aún a costa de generar efectos secundarios a corto y largo plazo, como afectividad aplanada, depresión o posible glaucoma entre otros. ¿Acaso no nos importa la salud de estos/as jóvenes?

En segundo lugar y no menos interesante y alarmante, se nos argumenta como este juego de la medicación convulsiva, está inmerso en la lógica de las multinacionales farmacéuticas. No en vano, éstas centran uno de los negocios más lucrativos. En este sentido, estamos claramente contribuyendo a un negocio, es decir, a intereses lucrativos en contraposición a los educativos.

Por último, se refleja una realidad, que en los últimos años hemos visto con el endurecimiento progresivo de la ley del menor, en el sentido de que la sociedad nos pide dureza, contención y castigo a los y las menores.

Siendo así, la figura del educador y la educadora dentro de estos centros, se ve limitada a ser un guardia de seguridad, que controle, oculte y castigue a los “pequeños delincuentes”.

Ya dije al principio del artículo, que no he trabajado en ningún centro de este tipo, y desde luego, después de este análisis, no tengo mucha motivación por hacerlo.

Asimismo, me gustaría que si alguna o alguno de nuestros lectores trabajase o hubiese trabajado en esta área, compartiese su opinión asentada en las bases de su experiencia.
Para terminar, no faltará quién me diga que es fácil decirlo con palabras, pero que cuando estas en el trabajo, eres un mandado y no puedes ir contracorriente por mucho que tu ética profesional e incluso tu conciencia te atormenten.

Yo creo que como colectivo, podemos hacer mucho más, si es una realidad sentida, es denunciable por todos y todas y de ahí sobreviene el cambio. Y hecho como colectivo es más fácil que individualmente.

Porque un educador, no es un dispensador de medicamentos, porque una educadora, no es una guardia de seguridad ¿o sí?

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Hola Tote. Interesante post e interesante artículo.
    El tema me interesa, y más ahora que estoy precisamente haciendo un taller de teatro en un centro cerrado de menores. Osea que trabajo en un centro pero de manera muy puntual (una tarde a la semana) con un encargo muy concreto, y no puedo decir que conozca su funcionamiento a fondo.
    Se trata de un artículo valiente y que invita a la reflexión. Como elemento para iniciar el debate me parece muy interesante.
    A mí me encanta el periodismo, y si me lo tomo como el artículo de investigación que es, me faltan algunos elementos: En el artículo falta la opinión de los responsables de estos centros: educadores, directores, etc. Falta también la opinión de los psiquiatras. Sí, tal vez ellos han declinado decir su opinión al autor, pero entonces eso se ha de reflejar en el artículo.
    .- Se dan datos de los cuales no se indican las fuentes (como que el 90% toma medicación psiquiátrica).
    -Se descarta cualquier fundamentación genética de la conducta disocial, lo cual también es muy discutible (eso también es ideologia)
    -Se deduce que la intimidación, los desórdenes, o las amenazas no es violencia, sino violencia instrumental (?)
    -Se hace un paralelismo entre la prescipción de la medicación psiquiátrica a estos menores y el negocio farmaceútico. Esto es una acusación muy grave, que no digo que sea falsa, sino que simplemente ha de estar constrastada. Los médicos y psiquiatras de estos centros también son profesionales y deberian explicarse.
    -Se anteponen las medidas educativas a las represoras, como si estas fueran excluyentes. Esto también es muy discutible.
    – Se pregunta hasta que punto es legal que los ES suministren medicamentos peligrosos. La pregunta está formulada como una acusación, pero no está contrastada. Si esta práctica fuera legal, y no creo que sea tan dificil saberlo, la acusación no tendría fundamento.
    También los educadores de centros residenciales los suministran.
    -Falta información sobre si ha habido denuncias sobre el tema y sobre las sentencias correspondientes.
    -En fin, con esto no estoy defendiendo a los centros, ni a los educadores que trabajan en ellos, ni a nadie. No tengo ningún interés en ello (fuera de que me gustaría saber todos los puntos de vista). Leyendo el artículo me despierta muchas dudas y me falta mucha información que me gustaría contrastar. Por eso creo que lo que tendría que provocar el artículo no es tanto comentarios descalificatorios a los centros o a los educadores, sino iniciar una investigación más a fondo.
    En el blog de centrosychicxs, muy interesante, donde se critica a los centros, también creo que adolecen de este problema: falta la versión de los «acusados».
    Respecto a lo que dices Tote de que alguien se escude en que no puede decir nada por que se juegue su trabajo, aunque esté haciendo algo en contra de su ética profesional, es cierto que ocurre. Pero es inaceptable. Si en algún momento yo observo alguna irregularidad, mi obligación es denunciarla. Y punto. No valen excusas. Nunca se debe hacer algo que vaya en contra de tu ética profesional y mucho menos si es algo ilegal. Ni por trabajo ni por nada. Si por un segundo supiera, con certeza, que en un centro donde yo trabajo se estuviera haciendo algo ilegal lo denunciaria sin ninguna duda. Y de eso si que tengo experiencia.

    Un saludo y felicidades por tu entrada.

  2. Pienso que algunos centros si están en situaciones críticas como las que describes, otros sin embargo no, los adolescentes que van a estos centros «algunos» «son muy conflictivos», he tenido amigas que han trabajado en Madrid en alguno de estos centros, dejó el trabajo escandalizada porque de educadora no tenía nada, porqueno soportaba el ver como los guardias de seguridad cada vez que entraban los muchachos les hacían desnudarse y hacer sentadillas en un cuarto por si llevaban droga, a mi desde luego esta situación me parece bastante humillante, a parte de eso poco más hacían que estar de cuidadores.

    Tengo ahora un compañero de trabajo que ha estado cinco años en un centro de estos, estuvo primero en un modulo con mujeres y luego en otro con hombres, según comenta, el equipo de trabajo del modulo de mujeres, era muy bueno, se hacían muchas cosas educativas y trabajaba a gusto, en el de varones, pues no, se limitaban a los programas de puntos, que pueden estar bien si se utilizan bien claro esta, y a pocas cosas más.

    Pero es cierto que a veces las cosas se hacen mal, yo en mi trabajo actual estuve con una persona que estuvo durante tres años medicado e internado cuando era adolecente en una clinica de rehabilitación. La persona cuando era adolescente se encontraba en un centro de menores, las situaciones eran tensas, y el un tanto «violento» podríamos decirlo, como le había desaparecido una cosa, fue cuando los del centro estaban de excursión y entro al centro y rompió cosas, a la vuelta, iban a denunciar a otra persona amiga suya, así que decidió decir la verdad, que había sido él/ella, en ese momento lo metieron en el aula de aislamiento y después de esa noche lo llevaron al centro de rehabilitación, donde los diagnosticaron con 15 años de Trastorno de la Personalidad Antisocial, estuvo durante tres años, donde el/ella intentaba escapar y le medicaban y volvian a medicar, atar, y demás.

    Hoy es el día que estando con nostros y con los psiquiatras de aquí, se pasan los test, y no queda ni rastro de aquella «Etiqueta» que le pusieron y que le tuvo tres años en esa situación.

    Desde luego fue una pasada, porque en la adolescencia la personalidad se sigue formando y no se puede diagnosticar un trastorno tal cuando la persona se forma,…

  3. Nuestra amiga y compañera universitaria, Susana.C., compagino durante un año el trabajo de educadora social en un centro de menores (no era cerrado, era mas de acogida ) mixto en Barcelona capital, mas en concreto el de Les Corts. Ya me habló en el año 98 de ciertas practicas no muy eticas con los usuarios/as, donde se les suministraba alguna medicación, cuando aparentemente no tenían transtorno psiquico alguno. En otros casos, y yo si puedo hablar en primera persona, la medicación, siempre con prescripción medica, es un elemento importante y necesario para algunos/as menores que han desarrollado un fuerte desajuste emocional y psiquíco (en estos ultimos años, muy favorecido este aspecto por el consumo cada mas masivo de estupefacientes y drogas por los jovenes) y les ayuda a controlar y manejar, esos comportamientos o desajustes.

    No puedo hablar de datos (cosas morbosa de la que el periodismo siempre se nutre), pero esta latente , que en la actualidad, muchos de los menores que residen en centros cerrados, tienen unos antecedentes a nivel de consumos, mucho mayor, que los menores inadaptados o delictivos de los años 80-90 con los que se trabajaban en este tipo de centros.

    En el caso que conocí en primera persona, no se realizan estas practicas abusivas de las que se hablan, y es mas, tiene un componente formativo y educativo bien definido y marcado.

  4. Hola,
    Aisinyemaya y Asier, interesante vuestra aportación que da matices al tema.
    Discrepo Asier cuando hablas de los datos (que yo creo que es la cosa menos morbosa de la que el periodismo se nutre). En el periodismo los datos, la mayoría de ocasiones, son lo único que aporta rigurosidad a un discurso que, sin datos, no son más que especulaciones. El gran problema del periodismo es cuando no deja claro cuando está hablando de hechos y cuando de opiniones y, lo que es más terrible, cuando confunde la verdad con la ficción.
    En este tema que discutimos yo creo que los datos son importantísimos: nos alejan del rumor, del prejuicio, de las anécdotas o experiencias individuales, etc. (entre otras cosas, son importantes para saber si estamos hablando de hechos que pueden llevarse delante de un juez).

  5. En ese caso invito al autor (Josep Alfons) a presentarlos ante un juez.

    Me quedo con su reflexion final y debate que deja abierto:

    «Se trata de cuestionarse el qué elegir y hacia donde va a oscilar la profesión – relativamente reciente en nuestro país- de educador/a social, en este caso en el campo de la delincuencia juvenil: O tratamiento biologicista de contención química- acompañado de premios y castigos- o líneas educativo-terapéuticas basadas en lo dinámico y la relación. Y es que para lo primero no hacen falta educadores/as sociales, con neuro-psiquiatras y funcionarios de prisiones o guardias jurados es suficiente. En cualquier caso los/as educadores/as sociales no estamos facultados para suministrar medicación psiquiátrica, y deberíamos negarnos a ello por ética profesional «.

    Att.

  6. Hola,
    Respecto a este tema, me interesa especialmente el comentario de Sera.
    Yo también opino que en nuestra página falta la opinión de muchos educadores.
    Sinceramente, os invito a visitar nuestra página y señalar en qué centros trabajáis y cuales de nuestras denuncias no se corresponden con vuestra realidad (Nosotr@s hablamos de lo que hemos visto o contrastado, pero evidentemente habrá cosas que se nos escapan).
    Respecto al tema legal, mi experiencia es que no es un camino fácil. La única forma que hemos tenido de cerrar un centro («la Jarosa») ha sido através de las inspecciones de la oficina del Defensor del Pueblo… y aún así no se reconocía explícitamente que la causa del cierre fuesen los malos tratos. Las madres contra la droga llevan años probando esta vía ya aquí tenéis un ejemplo de las represalias que sufrieron: http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article2654

    Un saludo a tod@s!
    (Santi, de la asamblea contra los centros cerrados de menores)

  7. Nunca he tenido la oportunidad de ejercer de educadora social (como tal) todavía estoy estudiando (me queda un año), pero si conocí a un compañero que trabajaba en un sitio de estos, y por cierto estaba muy hastiado. Su trabajo consistía realmente en mero «controlador» y no en educador.
    Sinceramente opino que como en cada trabajo profesional, están los que verdaderamente aman su profesión y los que han estudiado obligados por diversos motivos y carentes de motivación por su profesión. Todos podemos acordarnos de aquél médico inútil o ese otro profesor que casi consigue que dejes los estudios, o ese otro abogado que ni conoce los derechos…. En fin, como siempre he dicho: hay EDUCADORES y educadores.
    En realidad en los detalles está la excelencia. Si en nuestro trabajo nos encontramos con situaciones que van en contra de nuestros valores, lo primero es abandonar el trabajo o luchar por lo que creemos (si tenemos fuerzas) y lo segundo, por que no: denunciarlo.

  8. Bien dicho Susana ¡¡¡¡

    Por ahi se empieza y desde luego habra infinidad de ocasiones que te tocarán lidiar, que no sean de tu gusto o imaginario.

    En cada uno esta, la responsabilidad de asumirlas, reconducirlas, abandonarlas o denunciarlas.

    Aún asi, hay que decirlo: No es facil.

  9. Hola, interesante tema a debatir. Soy psicóloga (especialidad en clínica infantil), trabajé como educadora en un centro abierto de reforma en donde había menores que venían de régimen cerrado, del terapéutico o del abierto iban al terapéutico o al cerrado. En ninguno de los centros existían psicólogos. En el terapéutico y en el cerrado hay psiquiatras y en el abierto (medico de cabecera del centro de salud que deriva al psiquiatra o que directamente suministraba ansiolíticos, antidepresivos o somniferos directamente por petición del menor. Los menores consumían drogas y se pasaban reactivos para saber si consumían o no (prueba objetiva de consumo), pero en el centro no existía ningún programa para dejar de consumir, y repito, tampoco psicólogo. El sistema de refuerzo y de castigo era realizado al arbitrio de los educadores (no estoy criticando a los educadores no me malinterpretéis) pero es que si un menor tiene un trastorno de autoridad desafiante, el sistema de refuerzo y castigo, es decir, modificación de conducta que hay que aplicar es totalmente diferente a lo que se realiza generalmente por parte de los educadores. Repito, no me malinterpretéis, pero si no existe un estudio de personalidad con su diagnóstico realizado por un psicólogo, desde el cual se avale la necesidad de medicación por la existencia de: psicosis, trastorno depresivo grave, trastorno de estrés postraumático, etc., medicación que tendría que pautar el psiquiatra, y tratamiento cognitivo-conductual que debería realizar el psicólogo, que debería asesorar a los educadores para realizar el proyecto individualizado de cada menor, junto con sus refuerzos y castigos. Si no se realiza así, y es cierto todo lo que se comenta porque no se realiza así, hablamos de «chaquetas químicas», con la particularidad de que estamos hablando de medicación que genera adicción. Con lo cual la situación que se genera entre el consumo de sustancias «legales» prescritas con recetas más el consumo de sustancias «ilegales», es de un conctel de reacciones paranoides, de gran agresividad,…. para que se me entienda, un cortocircuito neuronal.
    En cuanto a lo que alguien mencionaba que a los 15 años la personalidad está sin formar y que no se puede diagnosticar: es falso. Un trastorno de personalidad se consolida entorno a los 16 años, o sea que si a los 15 años, se diagnostica un trastorno antisocial, eso lo va a tener para el resto de su vida. No hay cura, sólo se puede aplicar modificación de conducta, pero en el caso del antisocial el tema es mucho más complicado al carecer de empatía (recomiendo leer a Garrido Genovés, psicólogo y criminólogo, universidad de Valencia, de lo mejorcito que tenemos en España).
    Los trastornos de personalidad se gestan a lo largo de la infancia y están ligados a las pautas educativas de los padres y a cómo se va adaptando la persona a los sucesivos problemas con los que se va encontrando.
    Por todas estas razones es muy importante el trabajo preventivo que se pueda realizar en protección, en edades muy tempranas. Un menor que con 14 años mata a otro menor con frialdad, ensañamiento,…, y evaluamos su personalidad, lo más probable es que te encuentre con una psicopatía (que ha ido gestando a lo largo de su niñez) y que con 14 años es muy difícil «reprogramar» esa personalidad, ya que en su etapa infantil sus padres no le han hecho asumir la responsabilidad de sus acciones, y qué está bien y qué está mal.

  10. Yo fui la que comento que estaba sin formar la personalidad, quizá me haya equivocado, pero como explicas que ahora, cuando tiene 23 años, al pasar los tests de personalidad de Millon y otros tests que le ha pasado el psiquiatra, no queden restos del trastorno antisocial de la personalidad, si de acuerdo tiene rasgos caracteriales, pero no da en trastorno, que lo tuvieron tres años en un centro de rehabilitación?

  11. Las explicaciones puede ser varias: desde que el diagnóstico que se realizó inicialmente no fuese cierto (he visto como se le ponía la etiqueta de antisocial a menores por el sólo hecho de tener un expediente de reforma, disculpa que no te expecifique más, no quiero tener más problemas), o cómo se le daba medicación psicótica a menores que fumaban hachis (por el tema de las alucinaciones auditivas), y como desde hace unos años trabajo como psicóloga jurídica, también he podido comprobar como los psiquiatras diagnostican un tipo de trastorno para incapacitar a una persona y cobrar de la seguridad social (trastorno obsesivo-compulsivo), y en ese expediente pude ver cómo un psicólogo que le pasó el test de Millón acreditó que dicha persona tenía ese trastorno (coincidiendo con los psiquiatras) y la gráfica de los resultados de dicho test indica otro trastorno de personalidad que nada tiene que ver con el diagnosticado. No se «rehabilitó», sencillamente, se falseó los resultados de la prueba. Se cambia el nombre de la etiqueta. Y eso lo he visto también en el entorno de los centros de menores para justificar unas medidas en un régimen o en otro. El cambio de la ley penal del menor posibilita que la acusación particular pueda ejercerse, y tienen la potestad de pedir una pericial diferente a la valoración que hace el psicólogo del equipo técnico del menor. A estas alturas ya he visto todo tipo de burradas, puedes creerme, hay pocas cosas en ese sentido que me puedan sorprender.

  12. Bueno, gracias por tu aclaración yo soy una eduadora y trabajadora social y estudiante de psicología que se encuentra entre segundo y tercero en la UNED, yo recogiendo las palabras de una compañera psicologa hice el comentario de que la persona a lo 15 años no tenía la personalidad formada, pero desde luego tu tienes mucho más conocimiento que yo, de todas formas, yo exponía esto como ejemplo de burrada en centro de menores y desde luego queda patente que lo fue…

    Saludos

  13. Gracias a tí. Se que se juega a la «desinformación» para así justificar todo lo que se hace desde la «mala práxis» profesional. Y en este campo de los diagnósticos manda la industria farmacéutica, que para eso salió una ley sanitaria en donde no se incluía a la psicología como profesión sanitaria (pues yo tengo el título por el ministerio de educación) y no se cómo se come que estén trabajando en plantilla para la seguridad social cientos de psicólogos. Una muestra más de los enredos económicos que rodean este mundo.
    Saludos.

  14. En los años que llevo ejerciendo mi profesión de educadora (que son muchos, creanme) ningun Psicologo y Psiquiatra se ha atrevido a dar un diagnostico claro y conciso. «Bueno si , que es conductual». Simplemente se han limitado a medicar cuando el menor lleva una trayectoria de seguimiento desde los 5 años. Y en la actualidad estoy hablando de menores de 14 años, osea que tiempo ya ha pasado, verdad ?

  15. Exacto, es el término que utilizan, trastorno de conducta, entonces ellos «aderezan» el trastorno con benzodiacepinas, y nosotros le pasábamos las tiras de los reactivos y no se consideraba positivo porque como tomaba mediación «benzodiacepina» prescrita por el psiquiatra, o se considera consumo.
    Y después te encuentras con el equipo técnico que etiqueta trastorno antisocial a todos los que manda al circuito de centros de reforma (abierto, semi-abierto, cerrado…)

  16. Yo soy familiar de un joven que está en un centro de cataluña. De 12 chicos de un modulo solo 2 no estan medicados, y quizá por eso se les está encima de forma especial, al no tenrlos dopados, porque esa creo que es la palabra, la confianza en ellos es mucho menor. esto es no decir nada y decir mucho a la vez. Da la impresion que en tema de educación o reeducación, como mas guste, o trabajar para la adaptación social, ni los mimos profesionales creen, o no se molestan en trabajarlo, doparlos es la forma de tenerlos contenidos, incapaces de molestar ni de apreder nada. Mas que un internamiento esto parece una tortura.

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