Autor Iñigo

abril 10, 2008

Loco por EducarUn día como otro cualquiera me levanté con legañas en los ojos. Mi reflejo hubiese asustado al más pintado, ¡menuda cara de paspán!

Quizá por ese motivo, por la cara digo, empecé a pensar en el porqué de las cosas, en las personas y en desembrollar la madeja. Mi cabeza se arremolinaba, vibraba agitada cual resorte loco. Volví a mirarme en el espejo y la imagen reflejada me devolvió la misma estampa. No tenía más bellos ojos, ni labios de cuidado perfilado, ni siquiera una melena brillante y ordenada… Era yo mismo, aunque en mi mirada un brillo nuevo, cual matiz delator, hablaba de mi plan hasta ahora oculto, de la apertura de la caja de Pandora, de la puerta hacía un nuevo camino.

Como si alguien me susurrara al oído, juraría haber escuchado las siguientes palabras; “la explicación de todo hallarás si con personas has de trabajar”. Mi expresión se torno de sorpresa y aún con extrañeza, acepté esas palabras como una revelación cierta.

Siguiendo esta llamada, con determinación firme, e insistencia investigadora, hallé el sendero, titubeante, aunque sendero al fin y al cabo, que me llevó hasta una puerta. En la puerta, un cartel grande pero de débil anclaje reflejaba el siguiente mensaje: “Educación Social”.

Por aquel entonces, mis conocimientos sobre ese mundo, eran poco más que nulos. Alguien podría tacharme quizá de loco, de aventurero de tres al cuarto, de azorado paracaidista, incluso de cabeza de chorlito… Pero el caso es que, haciendo oídos sordos a todas las señales, así el picaporte y caminé raudo al interior de la estancia, no sin temor, no sin duda, pero armado con la intuición de una certeza.

Así fue, como fui caminando por aquellas bellas tierras en las que florecía vida por doquier. Había ramilletes de abrazos, bosques de oídos, hombros generosos, bocas alentadoras y miles de piernas, piernas diferentes, de múltiples tamaños, colores y formas, que no se fatigaron de caminar a mi vera…

Con el tiempo, aquel vergel de vida desconocida, se convirtió en mi mundo, en mi cuarto en la casa del universo, y mis orejas formaban parte del bosque, mis abrazos adornaban más aún los ramilletes, mis hombros apoyaban a otras personas, mi boca dibujaba mensajes positivos, y mis piernas, mis piernas ya no sabía si eran las que acompañaban o eran acompañadas en una marcha sin fin hacía un horizonte con un solo nombre (“Educación Social”) pero con muchos pasos.

Por cierto, unas piernas largas y simpáticas que hace tiempo caminaron un trecho junto a las mías, me contaron que el gran cartel de la puerta sigue creciendo y que el anclaje se muestra más y más fuerte cada día.

Dedicado a quienes nos alientan al positivismo dentro de este mundo educador.

Sobre el autor

Iñigo

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  1. ¡Que gran texto!

    Recordar el día del comienzo en este mundo es muy alentador, y mas, si hay gente como a la que le dedicas esta entrada que te transmite positivismo.

    Saludos!

  2. Recuerdo que era una tarde soleada del mes de Abril o Mayo. Uno de mis mejores amigos, sentado junto a mi en una barandilla mal pintada de cualquier barrio obrero, de cualquier ciudad, me pregunto se había pensado que estudiaría tras la selectividad: » Acaba de nacer una nueva carrera. Se llama Educación Social, es de 3 años y sino llego a cursar Psicopedagogía, me hubiera encantado poder hacerla «.

    Aquellas frases, abrieron mi mente y agudizaron mi vista. A partir de aquel día, absorvía, devoraba e investigaba sobre aquello que acababan de alumbrar, y que tenía pinta de «salvador de las causas perdidas».

    En mis infantiles y alegres ratos libres, aun lo pienso.

  3. Asi empezamos todos en un camino deconocido aunque con mucha ilusión si que te llevas a veces desengaños pero el exito tenemos que verlo y ser positivos no en la gente que se queda en el camino sino en los que llegan hasta la meta. Animo y a seguir.

  4. aaaa pués claro que me puedes hurtar el árticulo, pero eso si, con guante blanco, no vayas a dejar huella.
    Un saludo, y me alegro de que os haya gustado.

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