Autor Iñigo

abril 15, 2008

Salvavidas“Entre dos tierras estoy y no dejas aire que respirar”. Entre mi empresa y la institución me hallo, trabajando entre dos aguas. No soy trabajador de la institución pero tampoco me siento trabajador de mi empresa. La siento lejos… yo con quien trabajo, a quien veo la cara todos los días, es a mis compañeras de institución.

Aún así, no acabo de sentirme como uno más del grupo. Hablamos, contamos, incluso nos tomamos el café juntos, pero… Aún así, no me siento del todo cómodo.

Este sentimiento es una intuición en el día a día, un sentimiento leve pero molesto, que acecha detrás de la oreja. Y llega el día en el que los rumores, el cosquilleo, despiertan agitados por un suceso. Y entonces lo ves claro, entonces ves lo que hay.

En mi caso, la semana pasada nos llamaron de la institución, diciéndonos que se iban a reordenar los espacios y que nos querían “resituar” en el despacho más apartado, junto con el servidor, y abocados a cruzar el office, es decir, rodeados de ruidos, olores y más molestias. Y por si fuera poco, compartiríamos habitáculo con un número indeterminado de personas de contratación eventual. ¡Maravilloso escenario!

Al día siguiente a la llamada, mi compañera y yo fuimos al encuentro de la responsable de la decisión, que nos vino a decir que primero eran las trabajadoras de la institución y después nosotros, aunque sin que ello deviniera en detrimento del servicio.

Tras esta conversación, hablamos con nuestra coordinadora, que mostró un talante poco comprensivo, incluso echándonos la culpa de nuestro destierro por falta de estrategia en su momento.

“Abrir tanto la boca para opinar”. Este es uno de los males de vivir en el destierro, que muchas veces nuestros superiores abren la boca, opinan, meten baza sin siquiera preguntarnos, sin tan siquiera confiar en el criterio de quien conoce de primera mano la realidad, incluso hay veces en que se toman decisiones sin tenernos en cuenta. O como me pasó no hace mucho, que me pusieron en entredicho al contradecir una opinión técnica sobre la necesidad de recursos en la zona donde trabajo desde hace seis años.

En estas situaciones, te das cuenta de cuán pequeño puedes ser y de que lo primero para la institución es ella misma.

“Pierdes la fe, cualquier esperanza es vana”. Toda esta situación te hace sentir un trabajador de segunda, que se halla entre dos orillas y sin un salvavidas al que asirte. Te sientes incomprendido, sin respaldo y corres el riesgo de desmotivarte y descuidar tu trabajo.

En mi caso, no pienso caer en esta trampa y haré mi trabajo, porque precisamente, eso es lo que me queda, es lo que tiene sentido y finalmente, es mi pequeño salvavidas…

Entre dos tierras

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Iñigo

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  1. Yo siempre me he identificado más en los centros que he trabajado (con trabajadores, usuarios…) que con las fundaciones que los gestiona. Y es que la mayoría estamos entre dos aguas, como dices, y sólo nos queda mirar a nuestro trabajo que ya es.

    Y lo de «opinar», bueno es paradójico que una profesión como la educación social se mire tanto lo que opines.

    Un saludo!

  2. Tote,
    me suena esta sensación… Tranquilo, si te cubres de un caparazón de profesionalidad es difícil hundirse en estas dos aguas. Eso sí, se tiene que asimilar que por mucho que tomes el café con X o con Y, hay veces que la gente no es como uno se piensa . Esto duele pero pasa. El poder es terribilis…

  3. Hola Tote,
    conozco esta sensación. Dan ganas de matar a alguien.
    A mí sólo se me ocurre una cosa; si algo tengo claro después de más 15 años de profesión es que hay que dejar constancia de estas situaciones por escrito. Y elevarlas a quien toque. Con educación, educación exquisita, yo diría, pero por escrito. Un escrito Técnico y profesional, que demuestre que tienes razón y que no se trata de un capricho.
    Sí, en alguna ocasión me ha costado un disgusto, pero han sido las menos y coincidian (no por casualidad) con sitios y personas con las que no valía la pena trabajar. Pero la mayoría de veces quejarme «profesional y técnicamente» no sólo me ha servido y han hecho caso de mis observaciones, sino que he salido mucho más fortalecido y los «jefes» acababan teniendo una mejor opinión de mí (vaya, supongo que pensaban: este tio se preocupa de su oficio, no le da lo mismo ocho que ochenta). No nos olvidemos que nuestros jefes (directores, coordinadores, concejales, etc.) son también personas y, salvo que nos encontremos con garrulos o hijosdeputa (que haberlos haylos y en ese caso más vale poner pies en polvorosa), pueden entender una queja bien formulada y negociar una posible solución.
    Vaya rollo que te he metido. Seguro que esto ya lo sabes de sobras. Hablaba en voz alta (supongo que he pasado tantas veces por esto que me jode cuando pasan estas situaciones y me revelo.)
    Un abrazo y ánimo.

  4. Hola! yo he trabajado para dos empresas, y he tenido esa sensación sobre todo cuando trabaje en educación familiar, la empresa parecía que iba por unos derroteros, mantener el número de usuarios y nosotros los educadores que trabajabamos en solitario y se aprovechaban de ello, por los menores, entonces en algunos casos que tras llevar trabajando dos y tres años veías claramente que se tenía que producir un cambio mayor es decir, que fueran e acogida o a algún centro, como por ejemplo que hubiera más que indicios de abuso sexual, cuando ibas con las supervisoras del programa para evaluar el caso y ver como estabas tu, te decían que mantener mantener y mantener, aquello exasperaba bastante, …

    Yo ya me fui de la empresa, pero con un amigo mio, que se mantuvo dos años más se dio una situación de llevar un caso en el que existían abusos sexuales, el pedía que bienestar social hiciera algo, al no hacer nada y llevar tres años con esta situación pidió cambio de caso, tampoco le hicieron caso, despues mi amigo, dijo que se marchaba de la empresa, y le dijeron que aguantara unos meses, un tiempo marcado, aguantó pero pidio que le dieran como despido para tener derecho al paro, verbalmente se lo concedieron, cuando llego el día, le dijeron que él tenía problemas personales, que le habían llevado a no trabajar bien, y se fue sin nada…

    Bueno menudo rollo acabo de meter, pero ha sido lo que me iba viniendo, de todos modos estoy de acuerdo que si te gusta mucho el trabajo, y te sigues motivando por otros medios, puedes mantenerte a flote, aunque a veces sea dificil.

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