Autor Asier

abril 28, 2008

Te OdioEpíteto recurrente en algunos/as de nuestros jóvenes, en cualquier contexto en el que se encuentren: la escuela, su hogar familiar, o centros de acogida. Armandito lleva varios años con nosotros, pero su mente (y en consecuencia, sus actos) están muy lejos de aquí. La psiquiatría lleva tratándole desde los 4 años, sin un diagnóstico claro y conciso; vamos, sin diagnóstico:

– ¿Nos haría falta para algo más que para etiquetarle?
– Pues la verdad, es que no. Ayudar, ayudar, no mucho. Ni para él, ni para los que tratamos de ayudarle.
– La medicación que toma sí le permite estar más tranquilo y controlar sus impulsos, ¿verdad?
– Un día sí, otro día no. A veces pensamos que le rasca la barriga. Además, si a eso sumamos, que en ciertos periodos la ha mezclado con consumos de alcohol y cannabis, pues te chocas contra un joven irracional, autoritario, desafiante, e irrespetuoso.
– Vamos a ver. Vamos a esperar una temporada a ver qué tal, si asume sus actos y reconoce las consecuencias. Porque al colegio, si va, verdad? ¿Ya no se ha vuelto a escapar?
– Pues no. Eso es verdad. Desde que le acompañamos al colegio – como guardaespaldas – no ha vuelto a fugarse. En ese periodo, tan sólo ha intervenido en una pelea a mamporro limpio, junto a otro compañero, grabada con móvil y con secuelas faciales llamativas.

Pasados unos días, buscando ese momento pausado del día, donde puedes atacar en tu intervención:
– Armando, ¿ya sabes que olvidaste la medicación el fin de semana ?
– Si,si,si… Me di cuenta a las 8 de la tarde. Y ya no iba a volver aquí a por ella. Estaba de camino a casa de mi primo.
– Tienes que hacerte mas responsable de tus cosas. Si te la han recetado será por algo. Te ayuda a estar mas tranquilo.
– Bua, bua!! Si ya me ha dicho la psiquiatra que me la va a quitar,

¡Joder y nosotros sin enterarnos! ¿Será otro farol más o, poco a poco, se estará bajando los pantalones de nuevo, como hace 3 meses cuando le presionaba?

– Yo te sigo viendo muy nervioso e impulsivo por momentos.
– Es que aquí me ponéis nervioso. Sólo aquí.

Se muerde la lengua porque ya estaba a punto de atacar e insultar.

– Donde mi primo, me porto bien, y no pasa nada.
– Eso es lo que tú piensas (mientras me acuerdo de los más de 6 meses que no quisieron saber nada de él su familia. Sus dos colegios ya consumidos durante este curso (demanda un tercero), sus denuncias, conflictos de grescas, peleas, discusiones con el resto del planeta tierra)

Pero es su opinión. Y como nos dice habitualmente su psiquiatra, así tiene establecido su orgullo como armadura defensiva (orgullo mal entendido, le apuntamos sus educadores diarios).

– Sí, pero es lo único que tiene – repite la psiquiatra.

A continuación, para describirle hace un símil que me recuerda al que utilizó no hace mucho la menestra Magdalena Álvarez: “Antes roto, que torsio“.

Mientras, en la reunión de equipo, mi compañera Mertxe, comenta que Armandito también la odia: “Buen trabajo, compañera. Bienvenida al club. Eso es buena señal. Significa que no le permites hacer lo que le dé la gana, y por tanto chocas con él, surgiendo el conflicto y pasando a ser la mala, la de los desaires, otra víctima mas del TE ODIO.

Hace unos años, en una cena de Navidades, de esas que siempre hacemos en las empresas o Asociaciones, un compañero educador, (algo altivo para que engañarnos) concluyó la conversación con algo así: “El buen Educador es el que provoca el conflicto. Se anticipa a él, y así lo ve venir. No lo espera“. Años mas tarde, le contesto a aquel compañero, que no. Que eso no se llama educador, eso se llama PROVOCADOR. Ahora bien, el conflicto va a seguir existiendo, y va a seguir surgiendo a diario, por lo que, aprovecho para tomarme mis psicofármacos diarios de: empatía, comunicación, autoridad, asertividad, firmeza, recordando que soy su educador, no su amigo, para irme a trabajar.

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Asier

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  1. Te odio, eres una puta, ojala tengas un accidente y te mates perra… leyendo esta entrada he recordado los primeros insultos recibidos cuando empecé a trabajar con adolescentes en situación de riesgo. Recuerdo mi preocupación, ¿habré sido muy dura con el? ¿volverá mañana y querrá hablar? Me iba a mi casa en el metro toda agobiada, dándole vueltas y vueltas y pensando en como podría haber hecho para no llegar a esa situación. Sabia que tenia que retomar con el, que el conflicto no es algo negativo pero con esas descargas de agresividad es difícil creerlo je, je.
    Bueno el caso es que lo que pude comprobar entonces y sigo haciéndolo ahora es que siempre vuelven. Si has vinculado con el menor y has establecido una buena relación educativa no carente por ello de afectividad y cercanía ( nada que ver con ir de coleguita), acaban volviendo. Esto es así porque en muchos de los casos para lo bueno y para lo malo tu eres el único con quien pueden descargar, dar rienda suelta y liberar esa rabia porque no vas ha desaparecer y vas aceptar explicaciones y no utilizaras la violencia. Con el paso del tiempo algunos de ellos te llegan ha agradecer esas tardes que pasaste aguantándole o incluso conteniéndole en el suelo en un ataque de agresividad. Algo siempre les queda y siempre aprenden. Las palabras (o insultos en este caso) se las lleva el viento, el abrazo del día después o las lagrimas de desahogo me las quedo porque me ayuda a evaluar positivamente mi trabajo aunque haya habido baches por en medio.

  2. Gracias por compartir con nosotros Mer. Hay mucho de verdad en lo que dices, aunque yo te dire tambien una verdad mia: » Los educadores seguimos siendo personas, con nuestros sentimientos y puntos debiles. Las palabras pueden y hacen mucho daño, incluso a veces mas que el fisico. Se clavan a fuego, y si encima en la otra persona, no ves capacidad ninguna de reparación , pues tú me dirás». Esas palabras, aún dichas por un menor, son INTOLERABLES a todas luces.

    PD: En ocasiones, estas situaciones se pueden evitar: » Dejandole hacer lo que quiere » y eso, amigos mios….no es educativo.

    Un abrazo Mer.

  3. Hola! Cuando trabaje en educación familiar, en la primera familia con la que trabajaba, me indicaron que debía exigirle antes que nada que se pusiera a buscar trabajo a la madre, en la segunda semana o así se lo dije, tal y como me habían indicado, si ya había entrado con mal pie, porque estaban hasta no se donde de educadores (llevaban diez años con educadores familiares) pues eso fue la gota que colmo el vaso, así que me empezó a decir te odio, no te aguanto, no vales patin y patan, así trancurrieron seis meses con la madre del caso, con la menor no, con los hijos era igual que con la madre, así que nada yo tenía que ir todos los días dos horas para aguantar eso, unos días era más y otros menos, pero en fin, una y otra vez, hasta que un buen dia le dije: «sabes que tengo que venir por pelotas, así que podemos seguir así, o si quieres te ayudo, tu veras» y me marche del caso ese día, al día siguiente, las cosas cambiaron, y poco a poco se fue estableciendo muy buena vinculación para trabajar todos los aspectos que había que trabajar pero menudos seis meses tuve de inicio…

    Saludos

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