Autor Asier

junio 20, 2008

José Tomás (Olé Maestra)En ocasiones, nuestra profesión tiene dificultades a la hora de ejercerse en plenitud de condiciones y aunque trabajemos con personas, las personas, como en la vida, nos tauromaquizamos. Menores angelicales con carencias afectivas o dificultades familiares, son ya historia. Las problemáticas conductuales y enfermedades psíquicas, como los trastornos de personalidad, son la nueva realidad socio-educativa que salta al ruedo.

En los EISES, en los Hogares de Acogida, en los Centros de Menores, en los Colegios, en los CIPS, en los Institutos (en todas las Plazas, vamos), cuecen habas. Conocemos cotidianamente, alguna situación conflictiva o problemática, acaecida con nuestros jóvenes unlimited. Esto hace que los profesionales, nos sintamos en ocasiones cansados, irritados y frustrados, ya que el ruedo ibérico sólo muestra más de lo mismo (negativo). Hablar de lo positivo, de los logros, de las metas… ya no da prestigio, ni autoridad, ni ná. Hay que ganárselo en la plaza, tarde a tarde, muletazo a muletazo.

Nadie de los educadores que conozco ansía salir por la puerta grande, ni cortar dos orejas, y mucho menos el rabo. Pero el sentir esa adrenalina en la barrera o el ruedo, banderillear a algunos de estos Miuras, o hacerle un par de pases, puede ser nuestro premio y recompensa final. Tan sólo eso. La muerte súbita es solo para los grandes, los de verdad.

Esta semana, un toro zaino, astifino, culo gacho y bravucón, ha querido empitonar a una de mis compañeras. La cuadrilla lo ha sentido de diferentes maneras: unos saliendo con el estoque en su ayuda, otros han optado por la prudencia de la barrera. Ahí se ven mejor los toros, aunque a alguno le dé por saltarla de vez en cuando.

Ella, grande como los grandes, no se ha achicado. Temple, muleta en ristre, le ha hecho un par de naturales, dejándose ver y sacándole hacia fuera. En los tercios, la educadora ha vuelto a quedarse inmóvil, valiente, viendo venir la embestida. No le teme, sólo teme que gane la batalla, una de tantas que intenta fabular.

En una de estas, sin tiempo de reacción, el morlaco le ha rozado levemente y quería llevársela a su terreno. Ni mucho menos. Ni los destellos de la plaza, ni la presencia de público, ni la respiración entrecortada del Miura, le alteraban el pulso. Siempre queda su orgullo, el orgullo de la pedagogía bien entendida, el no ceder a las voluntades caprichosas del toro, ni al chantaje emocional, ni a la transgresión automática de las normas de la Plaza.

Ha venido a la reunión de equipo, y la maestra nos lo ha contado de tal manera que no le han quedado heridas. Está orgullosa de su faena, aunque sabe que aún quedan muchas plazas por torear, y los hierros y ganaderías, se renuevan cada cierto tiempo. Serán razas diferentes. Como la suya.

“Se tiene que ir el toro o nada. Porque él no se va a ir “. (Galapagar, Junio 08)

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Asier

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  1. ¡Hola! Soy José Tomás y como buen totero… No tengo miedo al toro! Sinceramente este sentimiento lo tengo desde hace poco pero lo he conseguido, ningún miura podra resistir mi estoque. Y me gustaria agradecer publicamente y a toda mi cuadrilla su apoyo. Gracias, gracias. Todos somos por momentos toreros.
    Animo, valor y al toro!!

  2. No es que este yo, precisamente muy instruido en esto de los toros, seguramente por ello no comparta mucho este simil taurino.
    En mi modesta opinión, en el tema de la tauromaquia siempre hay dos posiciones, para los que creen que es un arte (el torero es el maestro y el toro un instrumento, ese animal noble que forma parte del espectaculo), para los que creen que es una crueldad (el torero es un torturador asesino y el toro una victima).
    Sin embargo en educación no existen dos puntos de vista. Solo hay uno, en el que cada uno debe asumir sus derechos y obligaciones, da igual que seas educador o educando. No hay que ser valiente para trabajar, ni tampoco un loco, solo hay que ser profesional y a buen seguro que «José Tomas» lo es.
    No me gusta comparar a los menores con animales, ya que por muy asilvestrados que sean, no lo son.
    Todos somos educables (aunque algunos no se dejan), los animales en cambio son domesticables.

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