Autor Asier

agosto 19, 2008

FavoritismosTrabajar a diario con niños/as, jóvenes y adolescentes es muy gratificante, si te gusta tu trabajo, y enormemente cruel y doloroso si lo fuerzas como una opción profesional, más que personal. El paso del placer a la obligación, sin un mínimo de gusto o vocación, acaba siendo un camino demasiado tortuoso y oscuro. Podrás aguantar una temporada (leed aquel celebérrimo artículo sobre Fecha de Caducidad) pero, a la larga, como dice un compañero mío: “volverás a meter la llave en la cerradura, y encontrarte con los mismos miedos del día anterior“.

¿Y si en vez de hacer en tu trabajo, unas u otras cosas, por gusto, hablamos de preferencias o gustos por los nuestros/as ? ¿Nos gusta trabajar mejor y mas cómodamente con unos u otros usuarios, o por el contrario son todos iguales, y por tanto los tratamos por igual? Sobra decir que a la pregunta de a quienes preferimos, nuestros padres, responderían que a todos sus hijos por igual… pero, ¿es eso cierto en las distintas relaciones profesionales de la Educación Social?

Hace ocho años, cuando entré a trabajar en un hogar de acogida y protección de menores, una de las educadoras veteranas me dijo algo así: “Buafff. Bienvenido a este mundo. Te va a tocar foguearte rápido, porque ya se ve que no has hecho la mili. Además, tengo ahora a un niño de 11 años, que no me gustaría encontrármelo cuando tenga 13. Va a ser la locura“. Yo le contesté que para hacer mi trabajo no hacía falta hacer la mili, y que intentaría hacerlo parecido a ella. El tal fichaje estuvo todo el fin de semana como una vela. La educadora de antaño, sigue manteniendo tesis y comentarios fuera de lugar y muy poco serios. Recientemente ambos se encontraron y saludaron abiertamente. El joven tiene ya 18, ha sido padre, y de momento no ha ido a la cárcel (algo es algo)

Yo a mis niños/as los trato a todos por igual, pero no los quiero por igual. Lo dejo dicho abiertamente, para que no haya conjeturas. A la inmensa mayoría, dentro de los límites sospechados y más desconocidos de la materia humana, los quiero afectivamente, además de dotar contenido pedagógico y educativo a mi trabajo. No me pagan más, ni me resta credibilidad por ello. Lo hago, porque me lo permiten (suele ser una relación recíproca de afectividad) y porque me gusta (contiene grandes dosis de moralina). Hay excepciones: Los respeto y les tengo cercanía e intento dotarles de cosas que puedan necesitar tales como seguridad, respeto, educación, atención… pero desde mi figura autoritaria, a veces esas cosas del querer no se producen.

Primeramente soy su educador: ni su amigo, ni su padre, ni su hermano mayor. Seguidamente soy una figura de representatividad para ellos/as, con las intervenciones y la autoridad (que miedo da esta palabra, eh?) que en muchas ocasiones eso conlleva. Si después de estas premisas, me quieren personalmente, y quieren compartir su afecto y cariño, yo lo devuelvo acrecentado.

Sobre el autor

Asier

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  1. Sobre la experiencia, creo que esta profesión es importante pero la persona es todavía más. Una de las cosas que más me han sorprendido negativamente sobre este aspecto es algunas luchas de egos que existen entre compañeros, con mucha experiencia, que acaban en roces no aclarados y que llegan, inevitablemente, al usuario que se da cuenta de todo.

    Por otra parte, es normal tener preferencias. Somos personas y se vincula más con unos que con otros, sin que a los otros les tengamos que dejar de lado. Creo que es algo humano.

    Y sobre el ejemplo que has puesto, Asier, no hay que dejar a nadie por imposible, como bien sabes. Casos «fáciles» han acabado mal y casos a priori imposibles, han remontado.

    Saludos! (Ya queda menos para acabar este agosto agobiante!)

  2. El etiquetaje es a veces inevitable, todos en un momento u otro hemos etiquetado a alguien, pero solo somos capaces de verlo en los demás, cuesta más reconocerlo en nosotros mismos. Yo intento predicar con ese ejemplo que tu expones, tratar a todos por igual, acompañarlos educativamente y afectivamente como profesional por igual, pero como tambien apuntas, tras el profesional hay una persona y la relacion entre usuario y educador es bidireccional de forma que ambas personas se complementan y se coeducan. Depende de como encajen las piezas, los demás y sobre todo uno mismo veran favoritismos, preferencias, odios, repulsiones, pero no dejan de ser expresiones del trabajo educativo que todavía hay que pulir. Lo mejor és escucharse a uno mismo primero, escuchar a los demás y reflexionar si tu actitud, tus intervenciones, y tu relacion con el usuario són las correctas para cumplir los objectivos propuestos con el usuario.

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