Autor Iñigo

septiembre 22, 2008

Imagen ilustrativa de la entradaTras el comentario de Luisma a mí entrada ¿Hasta dónde le cuento?, me puse a reflexionar sobre lo que decías y he aquí mis devaneos.

Siempre nos da seguridad crear etiquetas de las cosas, organizarlas en baldas, en ficheros, en cajas, en carpetas, en secciones, por colores, por utilidad o por mayor o menor uso.

Esta tendencia es típica del ser humano, que teniendo un orden más o menos “ordenado”, busca la seguridad de los límites, de las líneas y las fronteras de cara a orientarse y tomar una perspectiva de la realidad.

En este sentido, sentimos la necesidad de dar un nombre a las personas con las que trabajamos. Es ahí donde les nombramos como usuarios, pacientes, chavales, clientes…

Usando estas denominaciones, lo que hacemos, es referirnos a las personas con las que trabajamos y a la vez las hacemos partícipes de un colectivo concreto.

Por ejemplo, si usamos la palabra paciente, estaremos dando un matiz de asistencia médica, o si usamos la palabra chaval le estaremos dando un matiz de cercanía en la intervención.

Visto de este modo, el usar estas palabras nos ayuda a identificar a las personas con las que trabajamos y las características básicas que les unen en relación a nuestra intervención.
Siendo así, nos pueden parecer términos más o menos acertados y podemos compartirlos o no, pero estaremos de acuerdo en que es necesario nombrarlos de alguna forma. Así, quizá sería más correcto hablar de las personas a las que dirijo mi trabajo, pero sinceramente, no sería nada práctico y aunque políticamente correcto no tendría éxito de cara a su aplicación.

En mi opinión, no debe de ser un aspecto en el que centrar nuestra atención, ya que si dichos términos no encierran significados perniciosos, ni mal intencionados, hay que entenderlos como son, simplemente como una forma de entender de que estamos hablando.

Por otro lado, también podríamos discutir sobre la costumbre de hablar con posesivos.

De este modo, solemos decir; mis usuarios, mi pacientes, mis chavales…

Con esto, no queremos decir que nos pertenezcan, sino que trabajamos para ellos. Mal entendido, podría deducirse que desde ese trato ya estamos generando una relación de dependencia, en la que ellos o ellas nos pertenecen, pero en la práctica, es una manera de entendernos que no me queda claro, si en verdad merece la pena cambiar o si no le estaremos dando demasiadas vueltas a algo que no merece la pena.

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Iñigo

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  1. Hace poco a nosotros nos escribió un estudiante haciéndonos una crítica sobre el uso de la palabra «menores» y la verdad es que a mí me dió que pensar…

    ¡En realidad cais siempre se utiliza la palabra «menor» para cosas malas! Si se trata de algo bueno (y no digamos de alguien a quien queremos) diremos más bien chaval, chico, muchacho…

    Creo que sería más apropiado emplear «adolescente», «joven» o»niño» si se desea usar un lenguaje formal.

    Este chico nos decía también que la palabra «menor» tenía para él un significado peyorativo (¿menor comparado con qué? incapacidad para tomar decsiones, etc) Ahí lo dejo porque es un tema que no tengo muy claro…

  2. Creo que depende del contexto que se utilice. No es lo mismo redactar un diario de campo que hablar en una reunión de equipo, con la Administración con ellos.

    Saludos!

  3. Hola! entre colegas reafirma el vinculo que tiene el educador con las personas que atiende. y yo me pregunto, y nosotros?? que significa ser educador o miembro de un equipo técnico o monitor? el titulo define al profesional?? y a la persona? que hay detrás de la categoria profesional?

  4. Muy interesante el tema del lenguaje que utilizamos en servicios sociales. Creo que es un tema con muchísimos matices.
    Por un lado, tiene razón Tote, se hace necesario, cuando se habla de un colectivo, utilizar una terminología propia. En este sentido, la palabra «usuario» , al utilizarse en otros contextos profesionales, no suena tan «rara» ni tan despectiva como otras que utilizamos. No es precisamente de las que más chirrian. Aunque, como bien apunta Luisma, denota cierta pasividad en la persona, como si solo «usara» pero no participara del servicio.
    En fin, el tema del lenguaje de servicios sociales tiene tela. Hemos de reconocer que el nuestro es a veces bastante esperpéntico (entre otras cosas porque lo hemos adaptado de aquí y de allá; del discurso médico, etc.).
    Es un tema muy extenso, pero yo apostaría por la claridad: es decir, iría eliminando de nuestro vocabulario según que términos, cuando se pueden utilizar otros que entienda todo el mundo, o al menos utilizar algunos (tipo «familia desestructurada», palabreja que me da mucha rabia) sólo si sabemos de qué estamos hablando.
    El lenguaje «técnico» tiene que servir, evidentemente, para nombrar conceptos nuevos, exclusivos de la profesión, pero no para hacer críptico y extraño nuestro discurso. Reconocerme que hay informes sociales que no hay quien se los lea. ¿Porqué decir «verbalizar», cuando podemos decir «hablar»?. ¿Si pongo «ciudadano», donde dice «usuario», cambia el sentido del discurso? etc, etc.
    Bueno, me estoy alargando. Hace años escribí un ensayo sobre este tema. Os invito a leerlo y discutirlo. Está en la web del colegio de educadores y se llama «De cómo hablamos «(también poniendo el título en google).

    http://www.ceesc.es/CATALA/partici/edit_mural.asp?id=24

    Un saludo.

    Sera

  5. Para terminar, sólo quería comentar que uno de los problemas de utilizar el término «usuario» es subliminal.
    Es decir, hay ES o TS que cuando hablan de «los usuarios de servicios sociales» se refieren a un tipo de persona (pobre, sin recursos, etc.), y excluyen la posibilidad de otros (que serían, para ellos, «usuarios ocasionales», pero no «verdaderos usuarios»).
    Es un prejuicio que a veces tenemos y que también tienen muchos ciudadanos.
    En fin, no tengo problemas en utilizar el término, siempre y cuando se entienda que «usuario del servicio» puede ser cualquier persona que acuda a él, sea de la clase social que sea, y tenga los recursos personales que tenga.

  6. Lo dicho por todos/as, creo que explica muy bien las situaciones o casusticas varias, y las comparto por completo.

    En cuanto a la carta de nuestro estudiante (espero no meter la pata, y utilizar un termino más aseptico), seguramente tenga mucho valor y explique bien , razones por las cuales no le guste cierta terminologia social; pero obviamente, cuando le llamamos «menor», utilizamos un termino mas juridico o civil, por el cual se explica que es menor de edad (a efectos de proteccion, o deberes , derechos y obligaciones, etc, etc..); sin atisbar ni por un momento de que se trate como persona de » menor » capacidad, valía, etc, etc…

    De igual manera podriamos discernir, si describimos a una persona menor de edad, como joven o niño, ¿ o no utilizaríamos el termino adolescente porque gozan de grados de madurez diferentes ?.

    Bonito tema, pero creo, humildemente, que nuestra profesión no estigmatiza ni utiliza terminologia discriminatoria (excepciones haylas, como todo).

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