Autor Iñigo

octubre 15, 2008

Sigo Pedaleando

Cuando esta mañana me he sentado delante del ordenador, he tenido claro que quería escribir sobre mi experiencia en el Camino de Santiago.

Podría haber empezado por contar distintas anécdotas o historias de personas que te encuentras en las distintas etapas o incluso la naturaleza de la convivencia. Pero no voy a tirar por ahí.

Os voy a hablar de algo más interno, de sensaciones, del camino visto desde uno mismo y desde su interior. Es la segunda vez que me adentro en esta aventura, y desde esa primera vez vengo diciendo que hay dos caminos: el que haces con los demás y el que haces contigo mismo.

Este segundo viaje, ahora en bicicleta, ha sido un tanto especial debido a mi situación personal, ya que en las últimas semanas, mi vida laboral ha tenido grandes puertos que superar. (Esto ya os lo contaré en breve en otra entrada)

En este sentido, afronté con ilusión el reto, ya que era un momento clave para mí y necesitaba tomar distancia de lo ocurrido y oxigenarme un poco. Ya os adelanto que no encontré solución al problema, pero sí conseguí centrarme en una nueva empresa, llegar a Santiago de Compostela.

De esta manera, en tan sólo una semana desconecté totalmente del trabajo, ya que el reto me exigía todas mis fuerzas; la vida se simplificaba en un juego de supervivencia y superación por llegar al final.

Mis sensaciones durante el camino, han sido múltiples y a veces contradictorias. Así, empecé con ilusión, disfrutando, casi sintiéndome libre de cargas. Pero pronto vinieron otras sensaciones más duras, propiciadas por una inminente tendiditis en las rodillas. A partir de ese momento, entre el segundo y tercer día, cada pedalada suponía molestías y me impedía disfrutar de lo que me rodeaba al cien por cien.

Llegó un momento en el que las molestias fueron más fuertes y sólo la fuerza de voluntad, y quizá la cabezonería, me hacían seguir adelante. Incluso hubo un día en el que mis rodillas no dieron para más y tuve que descansar un día, coger un autobús, esperar a mis compañeros más adelante y empezar a usar antiinflamatorios.

Ese día fue duro, ante la impotencia de verse con fuerzas pero no poder dar una sóla pedalada. Incluso, estuve pensando en dejarlo, pero no me rendí y al día siguiente poco a poco y aún con dolores seguí adelante con mis amigos.

Pude acometer las siguientes etapas, aún sin descansar bien por los dolores a las noches, armado por la voluntad y el orgullo. En la última etapa, al confiarnos en seguir unas marcas nos desviamos 20 kilómetros de duras rampas. En ese momento del viaje, también experimenté una sensación intensa. Me enfadé profundamente, lleno de ira y de impotencia, aún siguiendo con las mismas molestias, y después de soltar algún taco que otro, empecé a pedalear más fuerte que en ningún momento hacía arriba, apretando los dientes, estrujando los manetas con todas mis fuerzas, y con combustible de rabia, subí hasta el último repecho que nos llevó a la plaza del Obradoiro, con una mezcla de sentimientos irreconciliables: alegría, tristeza, rabia, descanso, enfado, cansancio, dolor, orgullo, soledad, impotencia…

Estas son algunas de las sensaciones que se dibujaron en el viaje y que aún hoy estoy digiriendo después de una experiencia tan intensa. Sacar conclusiones puede ser interesante, pero para mí vivir estos momentos, estos sentimientos, son más importantes aún, porque me dicen que estoy vivo y que sigo pedaleando…

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Hola Tote, gracias por compartir el viaje. Yo lo hice dos veces en bici. Una con unos amigos, aunque hicimos bastante asfalto, y otra con mi hermano, 100% por el camino (el francés). Había veces en que la tentación de bajarse al asfalto, después de horas sobre un camino que era una batidora, era muy grande. Aunque los dos andabamos como motos y somos cabezones.
    Soy un fan del camino y lo recomiendo a todo el que pillo. Un fan laico.
    Cuando me meto en él sé que tengo quince o veinte días por delante en los que me voy a olvidar de todo. Es un poco como volver a ser niño y meterse en una aventura.
    Pues eso, que gracias por compartirlo.

  2. Guau, Tote… Realmente emotivo este relato de tu semana de peregrinaje en bici.

    Aunque yo siempre recomiende hacer el Camino a Pie (no sé si porque lo hice yo así, porque en bici no llegaría al final de mi calle o porque, realmente, al ir a menos velocidad disfrutas más de lo que rodea y, sobre todo, disfrutas más de la gente), como digo, me ha emocionado lo que aquí has contado.

    Me alegro de que hayas superado las adversidades que te han surgido y que hoy sigas pedaleando por esta bitácora.

    Un abrazo!!

  3. Yo sin duda necesito hacer los dos, para conocer a gente de todos los sitios y sobretodo encontrarme a mi mismo, que andamos un pokito perdidos en esta voragine social

  4. Yo os animo a realizar el reto. Desde luego, si necesitáis un ajuste personal importante. Es mejor hacerlo andando y dedicarle más tiempo, porque en bici todo pasa más deprisa.
    Si lo hacéis andando, aunque no lo hagáis entero (podéis hacerlo desde Leon, unos 300 kilómetros y se puede hacer en menos de 15 días)la experiencia seguro que valdrá la pena y algo os llevaréis en la mochila. Eso sí, no esperéis milagros, ni soluciones mágicas, pero sí un poco de paz.
    Como dijo acertadamente, cohello (aunque no me guste mucho este autor). El final del camino es el inicio de tu camino, o algo así.

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