Autor Iñigo

January 18, 2010

No me Interesa

Este es uno de esos días en los que me ha tocado trabajar con un grupo complicado de chavales.

En un principio, tenía muchas ganas de trabajar con este grupo, ya que conocía a un par de los jóvenes y me apetecía hablar con ellos de distintos temas de tú a tú.

Sin duda, este es uno de los aspectos que más valoro de mi trabajo, el poder bajar hasta el asfalto, el que me dejen asomarme a su mundo y hablar de su manera de ver las cosas, de cómo ven a los adultos o quizá sería más correcto decir, a los más viejos.

Ya os digo que estaba muy positivo, incluso con cierto subidón después de haber terminado con otro grupo, con el que todo había ido sobre ruedas, pero resulta que esta vez no iba a ser tan fácil.

En principio, cuando empecé a explicar mi trabajo como educador de calle, el grupo prestaba atención, apenas tuve alguna interrupción en un buen rato, pero como un espejismo, al igual que la calma que precede a la tempestad, cuando empezamos a hablar sobre distintos temas, el interés se diluyo como un azucarcillo en el café con leche.

Un grupo importante de chavales querían contar sus historias, cuestión que me parecía muy positiva y que tantas veces he podido aprovechar para enlazar temas. Pero esta vez, sólo lo conseguía por tiempo limitado, ya que a cada uno, sólo le importaba soltar su historia, al igual que un monologuista que no acaba de encajar en una obra coral.

Esta vez, no valía aquello de… escuchar al compañero. Esta vez, incluso se daba el caso de que aún habiéndome lanzado una pregunta, no me dejaban contestarles. Por un lado decían que si, que querían que les diera una respuesta, pero luego eran incapaces de mantener la atención.

Un par de veces más, conseguí pequeños momentos mágicos de atención, como oasis en el desierto, lo justo para coger aire. Pero, vistas las dificultades para mantener una comunicación medianamente buena, decidí ponerles a trabajar en grupo.

De esta forma, pude acercarme a ellos de forma más fácil y conversar en grupo pequeño. Así, pudimos hablar de una manera más fluida. Conseguí otra pequeña tregua.

Después, volvimos al grupo grande, en el que ya después de una hora, mantener la atención, ya era misión imposible.

En un momento, llegue a decirles que si no les interesaban los temas que estábamos tratando, que me lo dijesen y que no hacía falta dar la siguiente sesión, que mantendríamos la relación en espacios más informales como por ejemplo, el recreo.

En ese momento, como os podréis imaginar, conseguí la atención de todo el grupo, pero un joven me descoloco un poco por su reacción.
Me dijo, que qué quería, que ya estaban rayados y que como iban a prestar atención, que ellos querían pasárselo bien, “no me interesa” dijo categórico.

Me dio la impresión de que yo ante ellos, era como un testigo de su función. Sólo me dejaban participar puntualmente, y ver como cada cual sobrevivía como podía, sin motivación alguna por estar ahí, no ya conmigo, sino con la formación y quien sabe si con su propia vida.

Esta sensación, en cierta medida de impotencia, sólo la he tenido con dos o tres grupos a lo largo de 7 años y cientos de sesiones.

Y no creáis que me siento enfadado, siento un poco de tristeza y a la vez me gusta estar ahí.

Cuando estoy con grupos así, es cuando valoro más el trabajo que se realiza en centros como este PCPI, a veces tan poco público, y tan poco valorado… ¿Será que me siento identificado?

Pero la historia no termina aquí, al final de la sesión, tras estos tiras y aflojas, parecimos conectar otra vez mientras ojeaban varios materiales que les había traído. Incluso un joven requería mi atención, quería que la historia no quedase ahí, tener la posibilidad de que yo siguiera ahí, poner un punto y seguido…

La próxima semana, volveré a acometer este reto y no puedo saber, nunca se sabe, cómo se dará. Lo que sí se, es que en estos casos el proceso es lo importante, es decir, que el camino educativo no empieza ni acaba en este par de sesiones, porque tengo la suerte de poder seguir con ellos más allá. Ahí es donde debo enfocar el objetivo. Esa es la suerte y esa es la oportunidad.

Sobre el autor

Iñigo

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  1. Hola Tote… bueno pues buena vomitona si,… en mi trabajo a veces también me cargo de impotencia.. por los chavales o por otros aspectos… lo bueno es eso, que sigues estando ahí y que la situación pude girar totalmente, te sientes impotente y con cierta tristeza en esos casos, pero cuando con el tiempo van enlazando y logrando cambios es cuando dices… realmente mi trabajo vale la pena…

    Un saludo

  2. Animo Tote y a seguir “rayando”, que al final del camino algo (o alguien) queda.

    Un saludo

  3. mas claro no os lo pueden decir

    asi que ya sabeis, cualquier cosa que no sea “PASARSELO BIEN”, no les va a interesar en absoluto

    y por supuesto, tienen que ser cosas MAS DIVERTIDAS que el alcohol-drogas-musica a todo volumen-luces psicodelicas

    si lo que les podeis ofrecer NO ES TAN DIVERTIDO como el alcohol-drogas-musica a todo volumen-luces psicodelicas, OLVIDAROS de que os hagan ningun caso

    ¿que cosas les ofreceis?

  4. Gracias por las respuestas, desde luego que no me rindo fácilmente, de hecho esta semana, en un contexto más informal, su acogida fue muy buena, invitándome incluso a compartir espacios con ellos.
    Mañana, por cierto, me toca la segunda sesión, y la encaro con ilusión. Ya os contare.
    La cuestión, no la veo como plantea El Pelanas, yo creo que en el proceso que sigues con los jóvenes, lo que requieren como cualquier ser humano, es cariño y atención. Otra cosa son sus habilidades para comunicarlo.
    Al final, para mí el tema tratado es secundario, no digo que no sea importante. Pero en el proceso educativo, estas sesiones son un peldaño más.

  5. Ayer volví a la acción con el mismo grupo de chavales.
    La verdad es que todo fue mucho más rodado.
    Antes de estar en el aula con ellos, estuve conversando con ellos en el recreo. Su acogida fue inmejorable, incluso alguno estuvo consultándome sobre temas legales.
    Después, ya en clase, estuvieron mucho mejor que la semana anterior y colaboraron mucho más, interesados en el tema y a la vez en contar sus experiencias.

    Y ahora… toca seguir, ya que después de estar dos años trabajando en este municipio, te das cuenta que ya no hay punto 0, ni un punto y final.
    De hecho, el trabajo realizado anteriormente con amigos de estos chavales, se nota, ya que todo va más rodado, ya saben de ti.

  6. Cierto, se va rodando poco a poco con ellos, yo tengo procesos parecidos en la Comunidad, pero con gente más adulta, que en un inicio se niega a cualquier tipo de ayuda, pero trabajando poco a poco con ellos, trabajando primero por una buena relación, etc. cada vez es más “fácil” trabajar con ellos.

    Saludos

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